El dominio de varias lenguas es de los requisitos más evidentes a la hora de trabajar en el ámbito internacional, todavía más si se trata de un contexto multicultural como de las organizaciones y ONGs internacionales.
Suele revelarse como la primera barrera de selección, o mejor dicho, el momento en que
corresponde cierta reflexión personal para concluir si podemos optar a una
pasantía o no. Los requisitos de dominio lingüísticos dependen en cada
organización, pero especialmente según el país de destino. Sólo parece haber un
denominador común: el inglés. Se exige un nivel muy alto de este idioma. Esto
ha sido motivo de angustia para casi todo pasante no nativo anglófono que muy
probablemente habrá mirado a sus colegas de trabajo anglosajones pensando… “que
fácil lo tienen ellos… si yo hubiera nacido hablando inglés…” Y es que en
ocasiones mantener el ritmo de comprensión y expresión oral y escrita al nivel
y elegancia de un nativo puede ser una fuente de frustración. El contrapeso a
este sentimiento tan humano podría ser:
Esto es una organización internacional; nadie me
puede exigir que me haya criado en inglés; yo también tengo algo que aportar y
allí donde no llegue de manera natural por no ser nativo, lo alcanzaré con
tiempo y esfuerzo.
Sí,
hay que dominar el idioma. Sin embargo, no hay que agobiarse si alguna vez se
comete algún error, si se es un poco menos elegante o si no conseguimos
deshacernos del acento (¿por qué habría que hacerlo?).
Si
ya se domina el inglés hay que mirar qué otros idiomas se solicitan. En casi
todos las ofertas de empleo de la ONU aparece una formalidad, incluida casi
automáticamente: “los idiomas de trabajo son el inglés y el francés (…) se valorará
el conocimiento de otros idiomas oficiales de la organización”.
Lo
cierto es que en una grandísima cantidad de los casos el francés no se ve o se
habla ni de refilón. Muchísimos funcionarios de la ONU sobreviven sin hablar
este idioma. Si bien muchos lo aprende al pasar parte de su carrera en Ginebra
o tomando las clases que las NNUU a veces ofrece de manera gratuita en sus
sedes.
Por
último, el valor obligatorio de un tercer idioma viene dado por la importancia
de la lengua en términos generales y según el contexto propio del trabajo. Hay
idiomas que por su gran difusión, la organización puede tomarse el lujo de
considerarlos exigibles. Así pues, alguien que desee trabajar en Guatemala
habrá de saber por fuerza español, pues son tantos los hispanohablantes
cualificados para tal puesto que los que no lo dominan quedan en cierto modo
descartados. No obstante, si el puesto se desarrolla en Myanmar, el
conocimiento del birmano no sería jamás un requisito, y si lo fuera, se
trataría de una posición reservada a nacionales del país.

El
árabe que se habla y se escribe en la ONU es el clásico o el que se suele
denominar moderno estándar (si acaso existe tal cosa). Es muy útil si se desea
trabajar en el norte de África u Oriente Medio en el mundo de los derechos
humanos, el estado de derecho, refugiados, etc. El inconveniente es que se
trata de un árabe culto, el de la universidad, el de las noticias y del Corán.
Los árabes de Marruecos hasta Irak pasando por Yemen lo entienden relativamente
bien con mayor o menor éxito, pero conformen comiencen a hablar en su dialecto
y coloquialismos, el extranjero quedará completamente confundido.
El
ruso puede ser útil en países de la antigua Unión Soviética y muy especialmente
en Asia Central.
Finalmente, el chino mandarín probablemente ofrezca muchas más oportunidades en el ámbito empresarial que en el de las organizaciones internacionales y de los derechos humanos.
Una vez se conoce más de una lengua, las siguientes entran con mucha más facilidad. Por otro lado, si no tenemos suerte en el mundo de la organizaciones interncaionales, hablar varios idiomas nos allanará el camino para conseguir empleo en otro ámbito.
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