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domingo, 12 de enero de 2014

Leyendas de África

1 comentario:
 
       Ya he escrito en algún post anterior que uno de los elementos distintivos de unas y otras tribus africanas son sus características culturales. Al hablar de cultura nos referimos a una inmensidad de expresiones y particularidades sociales que pueden ir desde la espiritualidad hasta el acento. Una de ellas son sus leyendas.

Una muy buena amiga keniana me enseñó algunas de estas historias. Ella pertenecía a dos tribus: los “lúo” por parte de su madre y los “kamba” por su lado paterno. Los “lúo” pertenecen a la familia de pueblos nilóticos mientras que los “kamba” son bantúes. El enfrentamiento tribal ya estaba servido. Sin embargo, esta historia de amor demostró ser más fuerte que las desaprobaciones familiares. Fue más poderosa que los mismos prejuicios que un europeo podría tener desgraciadamente hoy en día si uno de sus vástagos se empareja con un gitano, un judío o un negro. Parece todavía más sorprendente cuando estas pugnas se manifiestan en personas del mismo país, raza y religión… Pero es así.



De esta osadía nació mi amiga que, no sólo podía hablar las lenguas oficiales del país: inglés y suajili, sino que también chapurreaba algo de los idiomas lúo y kamba. Este bagaje cultural mixto le hizo conocer leyendas preciosas de sirenas y genios de la cultura suajili que salían desnudas del mar en plena noche y enamoraban a lugareños de los pueblos costeros que al día siguiente despertaban solos en sitios insospechados, sin saber cómo llegaron allí.

Pero entre mis historias favoritas están precisamente una de tradición lúo y otra kamba:

El héroe guerrero de los lúo se llama Luanda Magere. Vivía con su pueblo en la zona oriental del lago Victoria. Se trataba de un luchador grande y fuerte. Conocido por su invencibilidad. No había arma que le hiriese y en cualquier batalla salía ganador, especialmente contra sus enemigos históricos; el pueblo nandi.



Los nandi decidieron entregarle la joven más hermosa de su tribu para así descubrir su punto débil y poder derrotarlo por fin. Luanda Magere la tomó como esposa entendiendo que se trataba de un acuerdo de paz. El cuerpo de Luanda Magere era en efecto invencible, pero no así su sombra. La equivocación del gran guerrero lúo fue revelar su más valioso secreto a su mujer que pronto escapó para contárselo a su clan. Pronto los nandi iniciaron una ofensiva. La batalla había comenzado y los agresores volvían a perder como siempre… hasta que uno de sus soldados decidió seguir las exóticas instrucciones de la joven traidora y arrojó su lanza contra la sombra de Luanda Magere. El gran guerrero lúo murió inevitablemente y su cuerpo se convirtió en una roca que hoy es todavía destino de visitantes y ritos tribales.



Es llamativo ver cómo este esquema legendario se repite injustamente una y otra vez: la mujer seductora y traidora. Recuerda a Dalila infame que despojó de su fuerza a Sansón al cortarle su cabello. O a Adán y Eva con la manzana del Árbol de la Ciencia. No se nos escapa tampoco el mito del talón de Aquiles y la guerra desencadenada por Penélope.

Otra bonita leyenda procede, según me contó, de la tradición kamba. Según ella, un cazador se adentró en el bosque en busca de un elefante que cazar. Iba solo y después de varias horas de camino halló tras un árbol una espléndida piel de elefante. Pensó que sería suficiente trofeo por su día de cacería y que no requería buscar una pieza que matar. En su camino de vuelta se topó con una preciosa mujer que caminaba por el bosque totalmente desnuda. Atónito se acercó a ella y le ofreció refugio. Así la llevó consigo a casa. Se enamoraron y crearon una familia. Tuvieron varios hijos y todos ellos eran enormes y fuertes. Cerca de su cabaña había una especie de cobertizo en el que aquel cazador guardaba todo tipo de artilugios. También guardó allí la piel de elefante que había encontrado el día que conoció a su esposa. Un día pidió a su mujer que se acercara a aquella cabaña para que le trajera algo. La mujer, que jamás había entrado allí se encontró aquella preciosa piel de elefante…



El marido, harto de esperar salió de su morada y vio perplejo como un gran elefante se alejaba del poblado… su mujer volvía a casa.


No os perdáis:

África… Esa Gran Desconocida: Una Introducción a los Pueblos de África

1 comentario:

  1. Genial el blog Manuel!
    No dejes de llenarlo de aventuras, recuerdos e historias.

    Un fuerte abrazo!

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