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martes, 19 de marzo de 2013

Barberías por el Mundo

2 comentarios:
 
            Siempre digo que una manera estupenda de aprender más sobre la cultura de un país en el que se está viviendo es cortándose el pelo. Puede sonar extraño, simplista o superficial, pero en cada ciudad en la que he vivido durante estos últimos dos años, cada vez que las greñas lo exigían, me he negado a acudir una lujosa peluquería a la “occidental” donde los expatriados van por miedo a que les estropicien su amado cabello... Yo no. El pelo crece y la oportunidad de meterte en un sitio donde eres el único extranjero y luchar por hacerte entender con el barbero es siempre divertida y única... por no decir económica.


Durante mi periodo en Nueva York, vivía en Harlem; en la 139 con Broadway. Encontré un apartamento compartido de prisa y corriendo. Me comunicaron que me trasladaba a la Ciudad para hacer prácticas en la Misión Permanente de España ante la ONU poco antes de empezarlas. Tenemos una imagen distorsionada de Harlem por las películas y series. Lógicamente no es un barrio lujoso, pero me resultó bastante seguro. Además existen zonas y zonas. Para mi corta estancia en NYC estuvo muy bien.

Cada vez que salía del metro y caminaba 4 o 5 manzanas hasta llegar a casa, pasaba por enfrente de una auténtica barbería regentada por hispanoamericanos. Estaba atestada de luminosos que cegaban la vista desde lejos y en su interior la radio como de costumbre sonaba fuerte. La clientela siempre fiel, compuesta en su totalidad por iberoamericanos. Me recordaba a aquellos clichés cinematográficos y se me quedó entre ceja y ceja que cuando necesitara pelarme, allí iría.

Llegó el día y entré algo tímido, como el típico forastero en el bar-salón en una del Oeste. Su conversación en español se interrumpe para dirigirse a mí en inglés. En aquel barrio siempre sucedía lo mismo. Me hablaban en inglés y se extrañaban al responderles en castellano. Tomé asiento, expliqué lo que buscaba y me convertí en un espectador escuchando la tertulia de clientes, barberos y amigos que allí echaban las horas. La mayoría revelaban por su acento provenir de Puerto Rico, Cuba o República Dominicana. Hablaban de temas tan dispares como el calentamiento global o la ubicación geográfica de Mongolia.


¿Ustedes saben donde está Mongolia? ¿Ustedes que van a sabel, si ustedes no saben de nada? Yo les voy a contal pol que yo acabé mi bachillerato, aquí quien les habla.
- Y yo que el otro día oía hablal en la televisión algo del calentamiento global, ¿Qué les parece?

Yo permanecía en silencio hasta que intervine para dar la razón a uno de los contertulios que era contradicho por el resto.


¿Y usted es argentino o de dónde?
- No, yo soy español.
- ¡Ah! Español.

El corte era apropiado. Pagué y me marché habiendo pasado un buen rato.

Muy distinta era la realidad en Arusha, Tanzania. Allí es mucho más complicado cortase el pelo, especialmente si eres blanco. El tipo de pelo caucásico no tiene nada que ver con el africano y por tanto su corte, peinado y cuidado es absolutamente diverso. Recuerdo cuando tres amigos míos, un indonesio, un chino y un surcoreano volvieron de su visita al barbero tanzano... un desastre. Por lo visto, cuando los vio entrar, encendió la maquinilla eléctrica y empezó a rapar casi sin preguntar. Es por eso por lo que la mayoría de los no africanos allí, íbamos en busca de un peluquero de origen indio. Los indios y los europeos compartimos un pelo más parecido y por esta razón se suele recurrir a ellos en África.
Típica barbería de Arusha donde yo NO me pelaría

La barbería daba a la calle. No era más que un pequeño cubículo en el que cabían la silla del cliente, un espejo, una repisa para depositar los instrumentos para pelar y un banquillo para que el siguiente cliente esperara sentado. No podía ser más sencillo. Aquel barbero me comentó que era la tercera o cuarta generación de indios en Tanzania. Hay una comunidad considerable en Arusha. Y es que, allá donde los británicos gobernaron, hay una nutrida población india a las que se le prometió prosperidad lejos de la tierra flanqueada por el Indo y el Ganges.

Me habló también de sus dos visitas a la India y me preguntó por la situación económica en España. Esta última cuestión me persigue allá donde vaya y no es para sentirse orgulloso, precisamente. Nuevamente satisfecho, pagué y me fui contento.

No obstante, los barberos no siempre traen felices anécdotas consigo. Recuerdo nuestro segundo día en la India, concretamente en Bombay. Después de atravesar los slums o barrios de chabolas, nuestro amigo David pidió fotografiar a un barbero que repasaba a un cliente en mitad de la acera. Tras comprobar la fotografía, nuestro amigo se acercó a mostrársela. Él exigió algo de dinero a cambio, agarró a David del brazo y mostró en forma de amenaza la cuchilla con la que trabajaba. No le soltaba y la situación se volvió tensa. Finalmente, el cliente a medio terminar y cansado de esperar, se levantó y tiró de él para que concluyera su corte. De aquel momento nos queda el mal rato y la foto, origen del conflicto.
Foto tomada al peluquero antes de que la situación se volviera tensa
Camboya fue un paso adelante. Allí encuentras barberos que literalmente trabajan en la calle, sobre la acera. Colocan su silla, cuelgan un espejo del muro y comienzan a trabajar. Esa tenía que ser mi próxima experiencia. Llegó el día en que el flequillo me tapaba la vista y por fin me iba a cortar el pelo como otro camboyano. Lástima que eligiera la hora de comer... Todos estaban terminando con sus últimos clientes antes del almuerzo y no se ocuparían de mí. De este modo me tocó meterme en un establecimiento, igualmente auténtico y por el mismo precio: 1 dólar estadounidense... sí, sí. Cortarse el pelo en Camboya cuesta entre un dólar y máximo tres. La gente te mira extrañada al verte entrar. No es muy común. Alguno que otro te hace fotos con el móvil como si no te dieses cuenta. El cliente; sin embargo, disfruta de su corte a un módico precio.

Camboya: 1 $
Lo mejor llegó hoy: en Yakarta, Indonesia. Un amigo mío se dejó una fortuna en una peluquería a la “occidental” con un resultado que no quisiera para mí. Atravesando un barrio puramente indonesio, pasé por delante de una barbería auténticamente local. Esto a veces va en detrimento del diseño, comodidad y tal vez un poco de limpieza... Pero por menos de 1 € (10.000 rupias indonesias) me dieron unos de los mejores cortes hasta ahora. Masaje facial, cuello y hombros. Te crujen y afeitan un poco la nuca y ¡tarán!. Otra nueva experiencia conociendo un poco más en qué consiste la vida diaria en Yakarta.

Mi barbería en Yakarta
Así que si estáis lejos del peluquero Paco de vuestro barrio de toda la vida, no esperéis a volver a casa con las greñas... meteos en un barbershop ¡y disfrutad de la experiencia cultural y del precio!

PD: Puede que os dejen algún trasquilón.
Entrada a la barbería de Yakarta

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2 comentarios:

  1. Qué gran post. Lástima que algunos estemos para pocos barberos ;-)
    Apunto el consejo para cortarme 'las puntas' en algún recóndito lugar.

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    Respuestas
    1. Olvidé firmar el comentario, soy tu primo Miguel C.R.
      Cuídate, Manu.

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