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Mostrando entradas con la etiqueta Camboya. Mostrar todas las entradas
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sábado, 26 de octubre de 2013

           A veces, cuando estamos de viaje escuchamos en la radio, por la calle o a algún grupo de música local canciones españolas o a las que siempre hemos estado acostumbrado a oír en español. La sorpresa viene al darnos cuenta de que aquellas canciones tan nuestras han traspasado fronteras y han sido versionadas en lenguas extranjeras. Suelen ser divertidas aunque en ocasiones chirrían más de la cuenta...

Aquí os dejo algunas curiosas versiones de canciones muy nuestras, de la comunidad hispanohablante: 

Y Viva España, del difunto Manolo Escobar. Tenía que ser la primera en aparecer en esta entrada. Sí, sí.... versión en inglés: 




Paquito el Chocolatero. El famoso pasodoble traspasó los Pirineos y fue traducida al francés:



Borriquito como Tú: La célebre tonada de Peret también se cantó en francés. A nuestros vecinos les gusta lo nuestro.




Amor, Amor,Amor de Lolita. Esta famosa canción española de la hija de Lola Flores ganó gran fama y reconocimiento entre nuestros vecinos del Mediterráneo: los turcos.




La Bamba. Iba medio dormido en un autobús de Myanmar (Birmania) cuando escuché una melodía que me resultaba muy familiar: La Bamba... ¡pero en birmano!




Angelitos Negros de Machín fue una gran canción de protesta antirracista. En los tiempos de la reclamación de derechos civiles en Estados Unidos también tuvo cabida su adaptación al inglés.



Una Rosa es una Rosa fue una de las grandes piezas de Mecano. Ellos mismos la interpretaron en italiano. Lo que no es tan conocido es que la cantante griega Konstantina decidió hacerse con la versión helena para su propio repertorio.


Guantamera. Hito de la música hispana cosechó éxitos y popularidad en Camboya con su versión en lengua jemer.


Sevillanas en japonés. Para acabar hay que reconocer el esfuerzo de este grupo de flamenquito que se abren al mercado nipón arrancándose a cantar sevillanas en japonés:



No os perdáis otros post relacionados como:

Canciones de cada Hemisferio


sábado, 28 de septiembre de 2013

           Cuando mi madre me enseñó a bailar sevillanas en aquel verano, pocas semanas antes de la Feria de Málaga, no me podía imaginar que habría un día en que me servirían para ganarme la vida.

Estaba haciendo prácticas en Camboya, para la Oficina del Alto Comisionado de Derechos Humanos de la ONU. Se trataba de mi enésima pasantía y último contrato no remunerado. El dinero ya se acababa, todas las becas estaban liquidadas y pedir más dinero a la familia rozaba la desfachatez. De modo que decidí exportar algo de la tierra y que no se me daba del todo mal: las sevillanas.

Pocos días antes de marcharme vi en un foro de expatriados residentes en Camboya que una organizadora de cursos y talleres buscaba gente capaz de enseñar algo. Enseguida respondí al anuncio ofreciéndome a dar clases de sevillanas o de español… Las de español no llamaron mucho la atención,  sin embargo nuestro pintoresco baile resultaba más llamativo para esta empresa. Así que acordamos una cita para cuando llegara a Phnom Penh.

Ya en el colegio mayor en Madrid había enseñado a varios amigos que se preparaban para la “Feria de Abril” de Ciudad Universitaria. Lo mismo hice en la Embajada de España en Washington D.C. con algunos funcionarios y repetí con un grupo de amigos de las más diversas nacionalidades en Arusha, Tanzania.

Y llegó el día la reunión en aquella academia… La recuerdo como una de las anécdotas más divertidas y, sin mentir en ningún momento, fue todo un despliegue de cara y sinvergonzonería.

-     

     — Hola, soy Manuel. Vengo por las clases de flamenco (Aunque los más puristas no consideran las sevillanas como un palo del Flamenco, esto sigue en permanente discusión, y en el extranjero se patrocina como tal sin entrar en mayores discusiones).
-   — ¡Sí! Encantado. Muchas gracias por venir. Voy a mostrate la sala para ver si efectivamente es apropiada para las clases. (pasamos la habitación contigua: suelo de baldosas, cuarto muy espacioso, con mesas, sillas y un proyector).
-  — Mmmm, sí, sí… Es bastante amplia (comienzo a inspeccionar cada rincón con pronunciada profesionalidad)… ¿Qué tal la acústica…? ¿Entra bastante ruido por las ventanas, no?
-   — Oh, no te preocupes, una vez cerradas no se oye nada (efectivamente, la sala quedó en absoluto silencio).
-    — Siguiendo con la acústica que antes mencionaba… voy a dar unas palmas a ver cómo resuena… (en ese momento improviso unas palmitas a compás de bulerías)… bien, bien. Con respecto al suelo… es una lástima que no sea de madera… permítame si… (de repente me marco un breve taconeo)… bien, bien, no va mal.
-     — Me alegro de que todo esté en orden. ¿Algo más sobre la sala?
-     — Bueno… es una lástima que no haya un espejo que permita a los alumnos verse mientras bailan…
-  — … Bueno, comprar un espejo supondría gastos y si es necesario, eso podría complicar la programación de la clase…
-      — ¡No hay problema, no hay problema! No hace falta espejo. Nos apañamos.
-      — Y bueno, háblame de tu experiencia… ¿cómo aprendiste? ¿has enseñado en el pasado?
-     —  … Bueno, las sevillanas es un baile popular, del pueblo… y por tanto yo lo aprendí en familia, de mi madre… Y sí, en Madrid, Washington y Tanzania he enseñado a más gente; todos pertenecientes a culturas musicales muy diversas.
-      —   ¿Cómo las enseñarías? ¿Cuánto tiempo sería necesario?
-     — Empezaría por la teoría (en ese momento me hago dueño de la pizarra y esbozo un esquema donde aparecían reflejadas la primera, la segunda, la tercera…) y enseguida les pondría a bailar en parejas afianzando cada paso. Sobre cuánto tiempo sería necesario… todo depende de qué grado de dominio se desee.
        — ¿Qué tal un día? Porque dudo que los alumnos deseen comprometerse a un curso de más de un día…
     — ¿… Un día…? mmm... Claro… claro… pero habrá que trabajar duro…
-      — ¡Estupendo! Organizaremos un curso intensivo de sevillanas, nos haremos cargo de la publicidad, del desayuno y merienda, ponemos la sala, electricidad, aire acondicionado… y nos quedaremos con un 50%...
-        — (En fin, qué remedio…) De acuerdo. Trato hecho.



Y llegó el día. Un curso intensivo de 10 de la mañana a 8 de la tarde. Enseñar todas las sevillanas en un sábado a alumnos de todas las edades y nacionalidades: Camboya, Francia, Italia, Bélgica, Australia, Suiza, etc… Fue un éxito. Una jornada agotadora, pero muy divertida y puedo decir orgulloso que aprendieron el baile andaluz por excelencia.


Pero bueno, el sistema de reparto de beneficios no me parecía equitativo. Por otro lado la mayoría de los alumnos querían seguir con las clases. Así nació la idea de comenzar a dar dos lecciones semanales de hora y media: los lunes y martes a 10 dólares por persona y por sesión. ¿Dónde podría continuar las lecciones? Pues sólo había un sitio que lo mereciera y era mi querido Latin Quarter, célebre restaurantes de comida hispana en pleno centro de Phnom Penh. Lo regentaba un uruguallo llamado Diego; un buen amigo que ha vivido y trabajado por todo el mundo y que decidió ofrecerme su local para dar las clase. A él le doy las gracias pues no sólo me permitió sustentarme económicamente sino que en su local pasé momentos muy divertidos. Allí perfeccionamos el baile y lo completamos con modalidades en círculo, de tres y hasta en una silla…








Al marcharme del Reino de Camboya dejaba grandes amistades detrás, colegas de la oficina fabulosos, pero también un puñado de alumnos con los que compartí grandes momentos además de mi cultura. 

Evaluación final: un sobresaliente a todos ellos.

Sigue leyendo otras anécdotas que tuvieron lugar en Camboya o en otros países:


viernes, 31 de mayo de 2013

       Cambiamos de continente y nos vamos al Sudeste Asiático. Por ser Tailandia uno de los exponentes culturales de la región, la mayoría piensa que sus países vecinos disfrutan tanto del picante como los siameses… no es el caso de Camboya. La cocina jemer es rica, deliciosa y también guarda un hueco para probar algo exótico.

A parte de los numerosos vendedores ambulantes (especialmente en las zonas rurales) que ofrecen todo tipo de insectos fritos, también hay restaurantes de categoría que se dedican a las mismas lides.
Se trata del restaurante Romdeng, en Phnom Penh. Aquí aprendices de chef hacen de las suyas y ponen sobre el mantel manjares como tarántulas fritas o filetes con salsa de hormigas. En el primer caso se trata de tres tarántulas. El sabor es algo salado y la sensación es crujiente y propia de la comida frita. Lo mejor son las patas y el tórax; la cola puede ser algo viscosa…

Tarántulas fritas

Con respecto a las hormigas, es interesante, pero ofrece muy poco al plato, no se perciben demasiado. Vale la pena probarlas, no obstante.

Carne con salsa de hormigas

En la jungla de Mondulkiri, nuestros guías se dedicaron a cazar ranas por la noche que cocinarían por la mañana para el desayuno. Empaladas entre dos ramas se harían al fuego resultando en una carne tiernísima y muy sabrosa. En el Reino de Camboya las comía muy a menudo… casi todas las semanas.
También en Camboya fui a uno de los dos únicos restaurantes norcoreanos del país. Repito, Corea del Norte. Se pueden considerar como las únicas embajadas culturales del aislado estado asiático. Allí las camareras, que no tienen permiso para abandonar el restaurante y la zona que lo rodea y según dicen tienen requisados sus pasaportes, llevan el vestido tradicional coreano y bailan una de las danzas autóctonas. El plato estrella es el famoso perro coreano… que justo el día que yo fui se había acabado. Me conformé con lengua de buey y corazón de vaca, si no recuerdo mal.

Ranas recién cazadas en la jungla de Mondulkiri

En Vietnam por fin encontré lo que andaba buscando… carne de perro. Se trata de una raza destinada al consumo, no a la compañía. Es un plato muy común en algunos países de Asia; en especial, Corea, Vietnam y algunas comunidades no musulmanas de Indonesia (el Islam prohíbe el consumo de carne canina además de la porcina). Tomé una moto que me llevó al restaurante local donde entre fogones preparaban carne de perro de todas las maneras imaginables. Se trata de una carne tierna y extremadamente sabrosa… Repito.

En Singapur, un buen amigo me llevó a probar la otra parte de la que se considera una de las mejores cocinas de Asia. Degusté las patas de gallo y los célebres huevos centenarios. Se trata de huevos que después de largas temporadas mantenidos en conservas toman un color oscuro, casi negro… admito que no me gustaron demasiado. Al menos lo acompañé con delicioso zumo de caña de azúcar.
Patas de gallo

Huevos centenarios

La línea roja de la cocina exótica la sobrepasé en Indonesia. En Yakarta hay varios restaurantes que se dedican a servir comida quizás demasiado extravagante… Éste es el menú y esto lo que tomé:

Sangre de cobra:
Si vas a la cocina podrás ver todas las jaulas con distintos tipos de serpientes. Allí podrás elegir tu cobra. En frente de ti la sacarán, la decapitarán y la estrujarán derramando su sangre hasta rebosar el vaso. Acto seguido la desollarán y le extraerán el hígado que será mezclado con la sangre y licor de arroz. La creencia popular es que la sangre de cobra da al que la consume fuerza y resistencia… yo cogí una gastroenteritis que me tuvo en el hospital 4 días… No repito. Eso sí, fui el único de todos los que conozco que se puso malo… ¿mala suerte?

Elige tu cobra

Antes de ser decapitada

Extrayendo su sangre

Preparación final con su hígado 

Carne de pitón. Deliciosa. Mi favorita de aquel día. Tierna, con más espina de las que esperaba, sabrosa y jugosa. Repetiría.
Rodajas de pitón cortadas por la mitad


Carne de lagarto. Sin más. No veo por qué repetir.

Carne de mono. Ésta presentaba una cierta encrucijada ética… al final la probamos y resultó ser bastante tierna y rica.  

Carne de murciélago… la peor… A veces pienso que fue ésta la que me produjo la gastroenteritis.


Moraleja: hay mucho que probar, pero también hay que tener cuidado. Sólo he enfermado una vez y eso sí que no se lo recomiendo a nadie.

Echadle un ojo a la entrada que precede a ésta si queréis leer más sobre comida exótica de otros países: Cocina Exótica: Mucho Cuidado Con Lo Que Comes. Tanzania, Kenia, Egipto Y México.
           Comer es para muchos uno de los grandes placeres de la vida, para otros menos comilones, poco más que una agradable necesidad. En cualquier caso, es indudable que a través de la cocina se puede explorar un componente importantísimo de la cultura de un país extranjero. En ocasiones buscamos nuevos sabores, ingredientes o combinaciones de los anteriores para ser partícipes de nuevas experiencias culinarias. Otros buscan lo exótico, lo extravagante y lo extraño… la aventura en la cocina. Esta entrada está dedicada a esos manjares que a algunos causan repulsión y a otros les sube la adrenalina.

Empezando por el nivel amateur: la cocina safari. En Kenia y Tanzania se puede encontrar comida de animales salvajes que rara vez se verán en los ultramarinos occidentales. En Nairobi, Kenia, hay un famoso restaurante llamado Carnivore. Allí se ocupan de preparar y servir toda la carne que se pueda imaginar… pero también depende de la temporada y el control de las autoridades. Es un restaurante notorio de modo que no se puede permitir el lujo de vender piezas prohibidas. En otra época servían camello, cebra y gacela. Hoy por hoy lo más exótico que se puede pedir del menú es cocodrilo y avestruz. El cocodrilo tiene un sabor curioso, un punto medio entre pollo y merluza quizás. La avestruz es carne tierna y realmente sabrosa… se ha convertido en mi favorita.

A la izquierda, albóndigas de avestruz y justo encima, de color amarillento, cocodrilo


 Cocinero de Carnivore preparando la última pieza de la noche


También fui a una granja de avestruces con ganas de degustar dicha carne una vez más. Compramos un huevo y por la noche preparamos una buena tortilla: ¡más rica que las de huevo de gallina!

 Carne de avestruz

 Tortilla de huevo de avestruz

Según me han contado, en Arusha, Tanzania, existe una carnicería donde si dices la palabra exacta y de la manera correcta, estarán encantados por venderte algún kilo de sabrosa gacela. En Kenia conozco quien probó la carne de elefante… y habla muy bien de ella.

Recuerdo que en medio de esta caza carnívora pregunté si era posible comer carne de león… ¡Todos mis amigos tanzanos y kenianos me miraban con cara de asco!

¿Cómo vamos a comer carne de león? Nunca lo haríamos

Lo cierto es que comer carne de animales carnívoros es, por lo visto, tabú. Engullir un herbívoro es una cosa… hacer lo propio con una bestia que devora otros animales es otra. Sin embargo, una amiga me confesó que a su padre le sirvieron en una ocasión carne de león a los pies del Kilimanjaro y la describía como una carne dura, fibrosa, difícil de masticar.

Un poco más al norte, en Egipto, probé un plato típico: cerebro de vaca frito. Bastante bueno.

Saltando al otro lado del Atlántico, en el precioso Méjico fui en busca de los famosos chapulines; es decir, saltamontes fritos. Esta búsqueda me llevó hasta el peligroso y poco acogedor Mercado de la Merced en D.F. Después de una travesía (digna de otra entrada en el blog) para encontrarlos… me los dejé olvidados en el coche…

En un buen restaurante de Polanco no me resistí a pedir escamoles; es decir, larvas de hormigas que preparan salteadas al lado de la mesa para servirlas al instante. Un sabor peculiar e interesante; reconocido manjar. 

Para el siguiente nivel, sigue leyendo la siguiente entrada: Más cocina exótica: ten aún más cuidado con lo que comes: Camboya, Vietnam, Singapur e Indonesia. Serpientes, tarántulas, monos, perros y mucho más...

sábado, 11 de mayo de 2013

            Algo tan anodino y que suele pasar tan desapercibido como una señal o escrito en un muro se puede convertir en un motivo de fotografía. A veces cuando se viaja, las señales que nos avisan de lo que podemos o no podemos hacer dicen tanto del contexto y la cultura que nos exige disparar con nuestra cámara. Algunos son divertidos, otros impactantes y también los hay estremecedores. He aquí algunos ejemplos:

Phnom Penh, Camboya: Prohibido Sonreír



Si bien el Reino de Camboya es conocido por la sonrisa de sus habitantes, en este caso concreto, queda terminantemente prohibido. Se trata de una señal hallada en el antiguo centro de tortura Tuol Sleng, más conocido como Security Prison 21, o simplemente S-21. El antiguo colegio de secundario de la capital jemer Tuol Sleng se convirtió en un centro de torturas durante el régimen comunista de Pol Pot y sus Jemeres Rojos entre 1975 y 1979. Hoy en día es un museo que da testimonio de las brutalidades que se acometieron en lo que en el pasado fueron aulas. La señal nos invita a plantearnos la siguiente pregunta: ¿Quién podría reírse o si quiera sonreír contemplando el dramatismo de ese espantoso lugar donde casi aún se puede oír el sufrimiento de las víctimas de Pol Pot?


Phnom Penh, Camboya: Las Reglas del "Juego"



Justo en frente de la señal anterior encontramos las normas del improvisado centro de torturas donde más de 20.000 personas fueron ejecutadas.



Udong, Camboya: Arte Sacro



Esta imagen de Buda en un templo de la ciudad de Udong no se libró de las burlas y alguien le añado bigote y perilla.


Yakarta, Indonesia: No Ponerse de Cuclillas sobre el Retrete


En algunos países asiáticos la gente prefiere verte aguas de cuclillas a ras del suelo en lugar de hacerlo sentado “a la occidental”. En algunos países como en la India he encontrado una combinación de ambos sistemas con una taza más amplia que permite tanto tomar asiento como pisar sobre ella y ponerse de cuclillas… la señal en cuestión indica que éste no es el caso…


Yakarta, Indonesia: Cómo Indonesia “Se Vio Obligada” a Anexionarse Timor Oriental


Indonesia consiguió independizarse de Países Bajos en 1945 aunque dicha emancipación no fue plena hasta 1950. Una de las islas de la región, Timor, había sido colonizada por dos potencias dividiéndola en dos (como sucedió entre República Dominicana y Haití por parte de España y Francia), una de Países Bajos y la otra, de Portugal. Este último concedió la independencia a Timor Oriental en 1975. Casi inmediatamente después, Indonesia se lanzó a su anexión, lo que desencadenó una lucha por la independencia por la cual los timorenses sufrieron masacres a manos de las autoridades indonesias. El reconocimiento de su soberanía tuvo que esperar hasta el 2002.
Lo interesante de este cartel que se encuentra bajo el monumento nacional de Indonesia (Monas) es como reescriben la historia desde el punto de vista indonesio.


Borobudur, Indonesia: No sentarse a los Pies de la Estupa


El majestuoso complejo arquitectónico budista de Borobudur fue un centro de enseñanza para los seguidores de Siddhartha Gautama, el vigesimoctavo Buda. Lo ameno de esta señal es como se adapta al contexto pidiendo a los visitantes que no tomen asiento en la base de ninguna de las numerosas estupas.


Chicago, Estados Unidos: No Tirarse al Lago Michigan

Este desgastado aunque explícito dibujo advierte al viandante de la prohibición de arrojarse al Lago Michigan que sirve de frontera natural entre los estados de Illinois, Indiana, Wisconsin y Michigan… por la temperatura, el color y el tamaño no parecía nada apetecible en cualquier caso.


Kampala, Uganda: Nunca Olvidaré a mi Marido que fue Ejecutado por los Hombres de Obote


Uganda es un país interesante. La colonización inglesa explica que exista como tal y que bajo un mismo estado queden aglutinadas varias regiones que en algunos casos son repúblicas y en otros, monarquías. El estado de Uganda es oficialmente un república que a su vez hospeda a reinos históricos en los que sus monarcas conservan mayor o menor poder. Estos reinos son Ankole, Buñol, Toro, Busoga y el más importante, Buganda (de donde viene el nombre del país). El reino de Buganda acoge a la capital de Uganda, Kampala, a las instituciones del Estado y también a las del Reino. Durante varias décadas, las monarquías tradicionales fueron abolidas a manos del sanguinario Milton Obote. Este dictador gobernó en Uganda entre 1966 y 1971 primero, y 1980 y 1985 más tarde; antes y después del más célebre y extravagante Idi Amin (caracterizado en la película “El Último Rey de Escocia”). En los sótanos del palacio real de Buganda se cometieron terribles torturas y crímenes contra los opositores de los que da fe la pintada de la esposa de una víctima en una de sus paredes: “I never forget my husband (who) was killed (by the) people of Obote”…


Doha, Catar: La Marca España



Inditex y su estandarte Zara llegan a todas partes del mundo, también a Doha. Es necesario; no obstante, adaptar el nombre a la escritura árabe. Así es como se escribe “Zara” en la lengua del Corán.

Nyamata, Ruanda: Camino al Genocidio


Ruanda está plagado de monumentos y memoriales del genocidio que tuvo lugar durante 100 días en 1994 y por el que más de 800.000 personas perdieron la vida. Los tutsis y también los hutus moderados trataron de huir del baño de sangre que desencadenaron los hutus más radicales en el País de las Mil Colinas. Para ello, muchos se refugiaron en iglesias católicas donde terminaron encontrando la muerte… en ocasiones gracias a la ayuda del propio sacerdote. El desgastado cartel indica cómo llegar a una de esas parroquias. En Nyamata murieron alrededor de 2.500 personas. Los idiomas en los que está escrito son el kinyarwanda, francés e inglés, lenguas oficiales de Ruanda, hoy un país próspero y seguro.


Singapur, Singapur: No Guarrear


Singapur es conocido por sus prohibiciones a veces salvajes y estrictas como la de no mascar chicle en todo el país. Si bien es justo que se penalice a aquéllos que acosen o abusen sexualmente de alguien, es también interesante ver como lo expresa este cartel además de las penas que conlleva. En la señal un hombre que sostiene una cerveza y gotea saliva con ojos de corazón le toca el trasero a una señorita calva que sostiene su cocktail mientras pone cara de sorpresa. La pena se materializa en 2 años de prisión, una multa o azotes con caña de bambú, o una combinación de todas las anteriores.

Stone Town, Zanzíbar, Tanzania: Cámara de Esclavos


Zanzíbar fue un exponente de una esclavitud de la que poco se habla, la del mundo árabe, liderada por el Sultanato de Omán. En esta isla, cuna de la cultura suajili se llevaron a término miles de transacciones de esclavos como si de ganado se tratara. En la imagen vemos la entrada a la celda donde se afinaban a los esclavos antes de su posterior venta… cuidado con la cabeza.


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