Se trata de una página en la que estudiantes y profesionales de diferentes sectores escriben de manera voluntaria artículos de opinión con vocación didáctica.
Hace un año uno de los miembros del equipo se puso en contacto conmigo para ofrecerme colaborar. Sin embargo, no ha sido hasta ahora que he podido involucrarme como se merecían.
En este artículo hago una reflexión sobre el legado del Tribunal Penal Internacional para Ruanda. ¡Espero que os guste!
Quien
esté libre de pecado que tire la primera piedra… yo me guardo la mía detrás de
la espalda y es que, en términos generales, sabemos muy poco de África. Ese
gran y majestuoso continente lleno de cultura, color, paisajes imposibles,
fauna y flora pasa por delante de nosotros revestido de un inmenso manto de
estereotipos y clichés que nos impide comprender y entender qué es África.
No
seré yo quien pretenda, en una humilde página de un blog, poner fin a esta asignatura
pendiente de Occidente, pero sí quizás picar un poco la curiosidad de quien lo
lea. Y es que cuando escuchamos aquel vocablo nos vienen casi siempre las misma
ideas a la cabeza: guerra, miseria, sufrimiento, corrupción, inestabilidad,
violaciones de derechos humanos… y para aquellos más optimistas, animales, el
Rey León, tribus de Masáis pegando brincos, cascadas, la sabana, junglas…
Intentemos
poner algunas ideas básicas sobre la mesa: África no es un todo homogéneo… de
hecho es terriblemente heterogéneo. No hay dos países iguales ni en cultura,
historia o política. Empezando por lo más básico: El continente puede ser
dividido en dos primeros grandes grupos:
Árabes
en el norte y de inminente mayoría mahometana,
Y
África subsahariana, o África Negra para el resto del continente.
Dentro de este
último, una siguiente división puede ser trazada basada en movimientos de
población, grupos étnicos pero principalmente lingüísticos. De la misma manera
que en Europa nos referimos a diversos grupos con características comunes lingüístico-étnicas
como los pueblos mediterráneos o latinos, los eslavos, los escandinavos,
germanos, celtas, anglosajones, bálticos… en África podemos toparnos con los
siguientes:
Bantú:
originarios de la zona del Congo y Gabón, se extendieron y poblaron gran parte
del África Subsahariana desde Gabón hasta Tanzania alcanzando el sur África.
Los idiomas bantúes tienen raíces y sistema gramatical comunes, pero que se han
ido desarrollando de manera diversa (tal y como las lenguas romances en el
Viejo Continente). Se suelen tratar de idiomas donde la inclusión de prefijos,
infijos y sufijos se revela como elemento más característico.
Uno
de los ejemplos más famosos de este grupo es la cultura y mundo Swahili
(suajili). El idioma, de gramática bantú con una inmensa influencia árabe en el
vocabulario, se extiende por Tanzania, Kenia, este del Congo (RDC), norte de Mozambique
y sur de Somalia. Es el producto de los intercambios culturales y comerciales,
la esclavitud y la hegemonía política del Sultanato de Omán en la costa
oriental africana durante siglos.
Congo-nigerianos:
se trata de otra gran familia lingüística que ocupa el África Occidental y
Central.
Nilítico:
en Kenia, Sudán del Sur y Chad son un grupo de gran relevancia. Comparten
raíces lingüísticas comunes donde la gramática se presenta como una mucho más
compleja que la Bantú. En muchos casos se pueden trazar rasgos étnicos y
culturales similares.
Joisán:
Un cúmulo de pueblos asentado en tierras con escasas salidas al mar se encuentra
en la zona suroccidental del continente. Su característica más significativa es
la inclusión en sus lenguas de los llamados “clics”, sonidos guturales
producidos por chasquidos que les permiten comunicarse.
Austronesio:
es el caso del África insular suroriental, principalmente Madagascar. Curiosamente, y tal y como se aprecia en el mapa, su origen está en el sudeste asiático.
Sigue leyendo más entradas con una introducción a África: su historia, sus estructuras sociales y su política.
Al
hablar de historia de África nos encontramos con dos problemas: uno de fondo y
otro de forma. El más obvio es el de cómo conocer la historia de África si no
hay apenas datos, archivos o una tradición escrita amplia, fiable y que se
remonte siglos atrás como en Europa o Asia. El segundo es cómo enfocar la
historia de un territorio: cuando lo más espontáneo y obvio para un occidental
sería analizarla a través de sus estados y países, resulta que la mayoría estados africanos no tienen más de 50 años… Para hablar de la historia de África conviene fijarse
en regiones más o menos amplias y hacer un seguimiento de sus pueblos, en
muchas ocasiones nómadas. Después hacer hincapié en aquellas civilizaciones que
parecieron ser más estables.
En
muchas ocasiones nos preguntamos por qué no hay fuentes escritas o una
expresión artística arquitectónica amplia y duradera que dé testimonio de un
asentamiento organizado, estable y civilizado. La respuesta está en la
naturaleza nómada de una gran cantidad de pueblos africanos. Las fronteras
delineadas por occidente encerraron en estados modernos y artificiales a muchas
tribus que se desplazaban por la región cuando el hombre blanco llegó. Existen,
sin embargo, algunas excepciones: reinos acomodados en ciertas zonas con una
estructura más compleja y estable que fueron conquistados casi como países y
que por tanto, tras la independencia, retomaron sus fronteras ancestrales
siendo la excepción a la línea recta, escuadra y cartabón del mapa político
africano. Algunos de estos son; por ejemplo, Ruanda, Burundi, Lesoto, Suazilandia,
Etiopía o los reinos tradicionales dentro de Uganda. Eran monarquías más
consolidadas y sedentarias, acomodadas en algunas zonas que ofrecían ciertas
facilidades (como la región de los Grandes Lagos con acceso a agua, cultivo,
pesca, etc… en Ruanda, Burundi o Uganda).
Con
la excepción de Etiopía, no existe una nutrida tradición escrita en África
Subsahariana. Esto obliga a recurrir a la tradición oral, arqueología, trazado
de conexiones lingüísticas y culturales o a los testimonios de potencias
colindantes: árabes, portugueses, etíopes en una primera fase, resto de
europeos en un segundo periodo.
Parece
entonces que la historia de África ha de ser dividida en tres grandes periodos:
antes de la colonización, durante el mandato colonial y tras la independencia.
Antes
de la colonización podemos observar como los distintos grupos lingüísticos han
ido poblando todo el territorio subsahariano. En el caso de las poblaciones
bantú y níger-congoleña desde la Cuenca del Congo hacia el este y sur en un
caso, y hacia el oeste en otro.
Observamos además la aparición de ciertas
civilizaciones asentadas que dejaron restos arqueológicos de gran valor: el
Imperio de Ghana (sin contacto con el territorio del país que hoy lleva su
nombre), el Imperio de Mali, los reinos del Congo, Lunda y Luba, Zimbabue y por
supuesto, Etiopía.
Hay
que observar también sus intercambios culturales, comerciales y religiosos con
los árabes del Magreb y de Egipto en el norte o con los omaníes en el este
creando la cultura swahili.
Vamos
encontrando, de este modo, una región en la que sus pueblos están profundamente
marcados por los agentes climatológico y geográficos (pueblos pastores y
nómadas de las grande llanuras, comerciantes en la costa, y más sedentarios en
los lagos) y por sus vecinos, abrazando el islam o permaneciendo animistas.
El
contacto con los europeos vendrán en dos oleadas: una primera con los
navegantes portugueses que bordean las costas y holandeses asentados en Sudáfrica
y otra posterior en el siglo XIX con los nuevos exploradores y colonizadores.
Además conviene mencionar un fenómeno que dio la vuelta a la demografía
africana: la esclavitud.
La
esclavitud contaba con dos grandes puertos o centros neurálgicos: Ciudad del
Cabo de la mano de los portugueses y para el resto de Europa, y Zanzíbar por
cuenta del Sultanato de Omán y que suministraba al mundo árabe. Miles y miles
de autóctonos fueron trasladados de manera infrahumana durante siglos para
convertirse en meros instrumentos, posesión de dueños negreros. Este pasado
pesa en la memoria y responsabilidad de Occidente y del mundo árabe.
Cuando
los exploradores auspiciados por Europa se lanzaron a la conquista de África y
sus recursos en el siglo XIX provocaron el inciso más dramático de la historia
del continente: la colonización. Líderes de Gran Bretaña, Francia, Alemania, Bélgica y Portugal
principalmente se repartieron el continente como si de un pastel se tratara
trazando líneas rectas sobre territorios que jamás habían pisado. Cada país
estableció su propio sistema de gobierno:
En
el caso de Bélgica, atestiguamos un cambio de sentido que va de la cruenta
administración como patrimonio personal del Leopoldo II, Rey de los Belgas, a
la administración colonial de Bélgica con vocación de convertirse en modélica.
A
los franceses los juzgó la historia como uno de los peores colonizadores con
una radical franconización de la población e intentada eliminación de las
estructuras sociales autóctonas imponiendo una pronunciada centralización.
Los
británicos establecieron modelos diversos con mayor o menor autonomía en cada
zona. Así no fue lo mismo el control sobre Sudáfrica que el mandato sobre Botsuana,
el domino sobre Kenia o la administración de Tanzania adjudicada por la
Sociedad de Naciones tras la Primera Guerra Mundial. En cualquier caso, la
mayoría de las veces, se apoyó en la estructura social y jerárquica existente
en cada región para imponer su autoridad.
Por
aquel entonces sólo quedaban dos países independientes y que se mantuvieron
como tal en el continente: Liberia y Etiopía. El primero se trata del curioso
caso de un país creado bajo el patrocinio de Estados Unidos como billete de
vuelta para los antiguos esclavos afroamericanos que quisieran regresar a su
tierra de origen… en el más amplio sentido de la palabra. La historia se
muestra irónica y pesada al demostrar que aquellos antiguos esclavos ahora ataviados
de vestido y trajes de aquellos blancos sureños se impondrán arrogante y
autoritariamente a la población local liberia. El Imperio de Etiopía, por otro
lado, se mantiene como civilización milenaria que tan sólo perdió brevemente el
control sobre su soberanía en los años de guerra contra Italia.
Después
de la Segunda Guerra Mundial el hombre negro comenzó a entender que el hombre
blanco no era sólo un pueblo, sino que existía rivalidad entre países europeos
y que, aún más importante, no era invencible. Esto avivó un naciente
sentimiento de independencia en los países africanos a distintos ritmos y con
diversa fuerza. Algunos de los más significativos fueron los de Ghana y Kenia con sus rebeldes Mau Mau. Esta sensación de fin a la opresión se fue extendiendo
como la pólvora y explotó en la década de los 60. Las potencias europeas fueron siendo cada más conscientes de que el sistema de antaño era ya insostenible y
que había que ir delegando poco a poco competencias con vistas a preparar a una
clase de dirigentes y funcionarios capaces de hacerse cargo de su propio destino.
Algunos analistas e historiadores dieron fe de la arrolladora ilusión colectiva
que se percibía en aquellos años de emancipación, pero que también en algunos
casos, la vida diaria del ciudadano de a pie no siempre cambió necesariamente
para mejor. Otros tantos opinan que la independencia era necesaria y correcta,
pero quizás algo temprana y que la transición habría debido ser más paulatina
para esperar a la completa “maduración” de la incipiente clase política.
Cada
estado se adscribió entonces (en plena Guerra Fría) a una orientación política
para lanzarse a un nuevo futuro. Los tres modelos principales fueron el
Socialismo Africano, el Capitalismo y el Socialismo Científico.
El
Socialismo Africano pretendía tomar el espíritu de las enseñanzas de Marx, pero
consciente de que precisaba ser adaptado a las particularidades del continente,
el orden social y la falta de industrialización. El ejemplo más claro de este
sistema fue el impulsado por el primer presidente de Tanzania, Julius Nyerere.
El padre de la patria tanzana, recordado hoy con devoción por sus paisanos,
introdujo un sistema de granjas colectivas, impulsó la educación, la enseñanza
del swahili como lengua nacional para todas las tribus, el desarrollo de una
verdadera identidad nacional, el desplazamiento de autoridades y militares a
otras provincias distintas de las suyas, etc. Económicamente no fue demasiado
exitoso, pero creó un país unido, estable, pacífico y con una fuerte identidad
nacional.
El
Capitalismo, sin embargo, se encarnó en el país vecino de Tanzania, Kenia. En
este caso, de la mano de Jomo Kenyata. Aquí el desarrollo económico fue mucho
mayor, pero el tribalismo se ha mantenido y sigue creciendo. La última
explosión de violencia interétnica tuvo lugar en las elecciones de 2007.
El
Socialismo Científico surge como una reacción al antes mencionado Socialismo Africano.
Para aquéllos no existe más que un socialismo, el original, el verdadero, el
científico y toda adaptación a supuestas particularidades regionales era una forma
de desvirtuar la mayor. El socialismo es el camino y hay que aplicarlo como
tal. Fue el caso de Etiopía bajo el gobierno de Mengistu.
A
estos sistemas se añadían factores comunes de populismo y autoritarismo en
mayor o menos intensidad.
Desde
entonces han pasado unos 50 años y aquel soplo de aire fresco y esperanza en el
continente comenzó a teñirse de escepticismo y pesimismo al explotar una cadena
de conflictos que aún continúa: el Genocidio de Ruanda, la Primera y Segunda
Guerra de África cuyo escenario fue la República Democrática del Congo,
dictaduras sanguinarias, golpes de estado, purgas de opositores, conflictos
interreligiosos, apartheid,
hambrunas, sequías, explotación…
Pero
no todos han fracasado, ni mucho menos. Hay ejemplos de estabilidad,
convivencia pacífica, democracia y desarrollo. Algunos países que se suelen
poner de modelo son Botsuana, Gabón, Benín, Tanzania, la actual Ruanda… Son
casos que dan testimonio del potencial de África.
África
no es una sola realidad. Es un complejo puzle de estructuras sociales
superpuestas que no merece ser simplificada. África no sólo es miseria ni
safaris. Hay mucho más. Espero que estos posts animen a algunos a investigar
más. Continúa leyendo más posts sobre África, sus pueblos y su organización social:
Un concepto básico para entender África es el de tribu. En Europa no hablamos de
tribus desde el Imperio Romano (aquellos pueblos prerromanos) y es que tras él, los pueblos de Europa van
quedando todos poco a poco asimilados en un nuevo concepto más amplio; primero
de sumisión a la autoridad y jurisdicción de un monarca dentro de una
limitación territorial relativamente clara, después en una nación-estado. De este modo, cuando contemplamos los sistemas tribales no podemos evitar hacerlo
con cierta arrogancia considerándolos arcaicos o poco civilizados. Lo cierto es
que partimos de un concepto de estado creado por Europa, que exportamos e
imponemos a otros y cuando dicha estructura no cuaja en todos los extractos
sociales y regiones del mundo, aquéllos nos resultan bárbaros. Ésta es una posición que debería
ser reconsiderada y cabría replantearse un concepto no occidental; el de la
tribu-estado (en contraposición al de nación-estado).
Cuadro en el Museo Etnográfico de Arusha, Tanzania
Desde
el punto de vista internacional, todos los territorios del mundo han aceptado
el juego occidental de fronteras y estados soberanos como mecanismo para
interrelacionarse. Esto quedó consolidado en África cuando los jefes de estado
y de gobierno de los nuevos estados sucesores de la colonización aceptaron las
fronteras dibujadas en la Conferencia de Berlín para empezar de cero como
“estados modernos”. Estas fronteras sólo han cambiado en 3 ocasiones desde la
década de los 60: la independencia de Eritrea, la unión de Tanganika y Zanzíbar
(creando Tanzania) y la secesión de Sudán del Sur.
Kikuyu con ropa y maquillaje tradicional
Desde una perspectiva interna, toda
estructura social está creada para asegurar un mismo fin: la paz social. Si la
tribu o clan provee esta estabilidad social dentro de los límites, foros y
competencias que el Estado moderno ha permitido, no tiene por qué ser, a priori, un sistema defectuoso. El problema
viene cuando las estructuras tribales chocan con las estatales (por ejemplo,
elección de candidatos presidenciales de una u otra tribu/etnia en Kenia:
sucesos de diciembre de 2007).
Museo Masai de Arusha, Tanzania: vestimenta masculina masai según cada etapa de la vida: niñez, circuncisión, madurez, edad adulta, vejez
La tribu es un colectivo que
comparte sangre, lengua, dialecto, cultura, religión o historia común (todos o
sólo algunos de los mencionados elementos) y que se pueden encontrar en una
zona geográfica más o menos delimitada. En ocasiones las tribus han sido grupos
herméticos, bien diferenciados en los que se distinguían rasgos raciales
evidentes. En otros, la línea que los diferenciaba no era tan obvia y fue el
colonialismo europeo el que, con sus ansias de esquematizar y simplificar toda
realidad ajena, creó divisiones en poblaciones donde antes no eran en absoluto
claras. También aparecen tribus emparentadas entre sí o que en un momento
determinado se escinden en dos (quizás por una separación geográfica o lucha
interna). También existen enfrentamientos ancestrales entre tribus que hoy en
día se mantienen resultando en una simple exteriorización más de racismo. La
pertenencia a una tribu puede traer consigo la suscripción a una forma de vida
concreta y separada del resto del mundo moderno o, como en la mayoría de los
casos, una simple sensación de identidad y pertenencia a una comunidad con la
que se comparte una lengua común. Así vemos como ciertas tribus se han
mantenido fuertes y han protegido su identidad cultural mientras otras no han
temido en mezclarse con otros grupos y dejarlas de lado para abrazar la vida
moderna en la ciudad.
Danza tradicional ruandesa en una boda en Kigali
Otra cuestión es el de la
delimitación territorial de la tribu. Muchos de los pueblos de África han sido
nómadas y se han trasladado a lo largo y ancho del territorio en busca de una
vida más cómoda, víveres y escapando de las condiciones extremas. Algunas de
ellas se limitaron a trasladarse a lo largo de una zona más o menos definida
desarrollando el concepto de pertenencia: aquí vivimos, de aquí somos; esto nos
pertenece. Como es obvio, el colonialismo europeo no tuvo esto en cuenta por
falta de interés, arrogancia pero también por la ausencia de una cartografía,
datos, fronteras y conocimiento de la situación real. La independencia y
creación de fronteras artificiales crea una nueva realidad: tribus numerosas se
hallan separadas en dos nuevas entidades jurídicas llamadas “estados”. La
separación de los mismos ha empujado a las tribus de un lado y el otro a
desarrollarse y caminar a veces por sendas distintas (el caso de los Masáis de
Tanzania y de Kenia).
Pueblo Masai dividido por la frontera Kenia-Tanzania
Lo más parecido al concepto de tribu
(bien entendido) que subsistente en Europa podrían ser los casos de los pueblos
gitano o judío… Independientemente de que abracen una identidad más amplia como la del país del que son nacionales, en muchos casos mantienen su idiosincrasia
cultural que no les supone obstáculos para llevar una vida integrada en el resto de
la sociedad.
Continúa leyendo más post sobre África, sus pueblos, su historia y su política:
Una de las experiencias profesionales más
interesantes y enriquecedoras que jamás he vivido fue la que tuve durante mi
estancia en Kigali, capital de Ruanda, como pasante para el Monitoring Team del Tribunal Penal Internacional para Ruanda de las
Naciones Unidas (UNICTR, en sus siglas en inglés).
Después de pasar cinco meses en Arusha, Tanzania,
haciendo prácticas para la sede principal y de Primera Instancia de dicho
tribunal, me ofrecieron la oportunidad de continuar mi pasantía en el país
donde todo tuvo lugar; la escena del crimen del terrible Genocidio de Ruanda de
1994 que se llevó por delante la vida de alrededor de un millón de tutsis y
hutus moderados en tan sólo tres meses.
El Monitoring
Team fue creado en el contexto de la última etapa de un Tribunal que,
después de 17 años enjuiciando a presuntos genocidas, iba a ser disuelto. Una
lista con nombres de unas ocho personas hacía referencia a presuntos genocidas,
aún no juzgados por la corte y que serían transferidos de la jurisdicción
internacional a la jurisdicción nacional de Ruanda. Las razones pueden
resumirse en tres:
·Los
casos no revestían la suficiente entidad como para ser oídos por tan alto tribunal
(Ej. no se trataba ni de ministros ni de altos cargos militares).
·El
Tribunal encaraba su última fase en plena campaña de desprestigio basada en el retraso para la finalización de sus
trabajos o su alto coste.
·El
convencimiento de que Ruanda, después de haber enmendado algunas de sus leyes y
reconocido nuevos derechos procesales, era plenamente apta para encargarse de
estos asuntos.
Centro Penitenciario de Kigali
El Monitoring
Team fue entonces fundado por orden del tribunal para asegurarse de que los
acusados transferidos recibirían un trato basado en los derechos humanos en
línea con los merecidos derechos procesales y los estándares mínimos
internacionales.
El primer sujeto de la lista en ser transferido ya
tenía nombre: Jean Bosco Uwinkindi, un pastor protestante acusado de genocidio.
Uwinkindi con el uniforme de acusado
(los acusados militares visten de verde, el resto, de rosa, y los convictos de naranja)
Con este equipo de supervisores tuve la oportunidad
de analizar la legislación ruandesa, asistir a juicios en el Tribunal Supremo y
Tribunal Superior de Justicia, interesantes reuniones con actores relevantes en
el caso, recopilar y analizar la repercusión del caso en los medios de
comunicación, pero muy especialmente, entrevistarme en el patio de detención de
la prisión de Kigali con el presunto genocida.
La labor de alguien trabajando en el campo de los
derechos humanos es asegurarse de que esos derechos sean aplicados y estén al
alcance de todos… también para los acusados. La presunción de inocencia ha de
prevalecer siempre; también aquí. No estoy en la posición de dar a conocer los
entresijos del procedimiento ya que forman parte de mi experiencia, del secreto
profesional y de la actualidad de un caso que sigue pendiente de sentencia. No
digo más que lo que los documentos publicados prescriben. No obstante, sí que
puedo compartir que jamás olvidaré aquel día en que me fue brindada la
oportunidad de estudiar un caso de derecho internacional y derechos humanos de
la manera más práctica y tangible que pueda haber; estrechar la mano a un
presunto genocida.
Uwinkindi en una de las primeras vistas preliminares
viernes, 31 de mayo de 2013
Comer es para muchos uno de los
grandes placeres de la vida, para otros menos comilones, poco más que una
agradable necesidad. En cualquier caso, es indudable que a través de la cocina
se puede explorar un componente importantísimo de la cultura de un país
extranjero. En ocasiones buscamos nuevos sabores, ingredientes o combinaciones
de los anteriores para ser partícipes de nuevas experiencias culinarias. Otros
buscan lo exótico, lo extravagante y lo extraño… la aventura en la cocina. Esta
entrada está dedicada a esos manjares que a algunos causan repulsión y a otros
les sube la adrenalina.
Empezando por el nivel amateur: la cocina safari. En Kenia y
Tanzania se puede encontrar comida de animales salvajes que rara vez se verán
en los ultramarinos occidentales. En Nairobi, Kenia, hay un
famoso restaurante llamado Carnivore. Allí
se ocupan de preparar y servir toda la carne que se pueda imaginar… pero
también depende de la temporada y el control de las autoridades. Es un
restaurante notorio de modo que no se puede permitir el lujo de vender piezas
prohibidas. En otra época servían camello, cebra y gacela. Hoy por hoy lo más
exótico que se puede pedir del menú es cocodrilo y avestruz. El cocodrilo tiene
un sabor curioso, un punto medio entre pollo y merluza quizás. La avestruz es
carne tierna y realmente sabrosa… se ha convertido en mi favorita.
A la izquierda, albóndigas de avestruz y justo encima, de color amarillento, cocodrilo
Cocinero de Carnivore preparando la última pieza de la noche
También fui a una granja de avestruces con ganas de degustar dicha carne una vez más. Compramos un huevo y por la noche preparamos una buena tortilla: ¡más rica que las de huevo de gallina!
Carne de avestruz
Tortilla de huevo de avestruz
Según me han contado, en Arusha, Tanzania, existe una
carnicería donde si dices la palabra exacta y de la manera correcta, estarán
encantados por venderte algún kilo de sabrosa gacela. En Kenia conozco quien
probó la carne de elefante… y habla muy bien de ella.
Recuerdo que en medio de esta caza carnívora pregunté si era posible comer
carne de león… ¡Todos mis amigos tanzanos y kenianos me miraban con cara de
asco!
¿Cómo vamos a comer carne de león? Nunca
lo haríamos…
Lo cierto es que comer carne de animales carnívoros es, por lo visto, tabú.
Engullir un herbívoro es una cosa… hacer lo propio con una bestia que devora
otros animales es otra. Sin embargo, una amiga me confesó que a su padre le
sirvieron en una ocasión carne de león a los pies del Kilimanjaro y la
describía como una carne dura, fibrosa, difícil de masticar.
Un poco más al norte, en Egipto, probé un plato típico: cerebro
de vaca frito. Bastante bueno.
Saltando al otro lado del Atlántico, en el precioso Méjico fui
en busca de los famosos chapulines; es decir, saltamontes fritos. Esta búsqueda
me llevó hasta el peligroso y poco acogedor Mercado de la Merced en D.F.
Después de una travesía (digna de otra entrada en el blog) para encontrarlos…
me los dejé olvidados en el coche…
En un buen restaurante de Polanco no me resistí a pedir escamoles; es decir, larvas de hormigas
que preparan salteadas al lado de la mesa para servirlas al instante. Un sabor
peculiar e interesante; reconocido manjar.
Algo tan anodino y que suele pasar tan desapercibido como
una señal o escrito en un muro se puede convertir en un motivo de fotografía.
A veces cuando se viaja, las señales que nos avisan de lo que podemos o no
podemos hacer dicen tanto del contexto y la cultura que nos exige disparar con
nuestra cámara. Algunos son divertidos, otros impactantes y también los hay
estremecedores. He aquí algunos ejemplos:
Phnom Penh, Camboya: Prohibido Sonreír
Si bien el
Reino de Camboya es conocido por la sonrisa de sus habitantes, en este caso
concreto, queda terminantemente prohibido. Se trata de una señal hallada en el
antiguo centro de tortura Tuol Sleng, más conocido como Security Prison
21, o simplemente S-21. El antiguo colegio de secundario de la capital jemer
Tuol Sleng se convirtió en un centro de torturas durante el régimen comunista
de Pol Pot y sus Jemeres Rojos entre 1975 y 1979. Hoy en día es un museo que da
testimonio de las brutalidades que se acometieron en lo que en el pasado fueron
aulas. La señal nos invita a plantearnos la siguiente pregunta: ¿Quién podría
reírse o si quiera sonreír contemplando el dramatismo de ese espantoso lugar
donde casi aún se puede oír el sufrimiento de las víctimas de Pol Pot?
Phnom Penh, Camboya: Las Reglas del "Juego"
Justo en frente de la señal anterior encontramos las normas
del improvisado centro de torturas donde más de 20.000 personas fueron
ejecutadas.
Udong, Camboya: Arte Sacro
Esta imagen de Buda en un templo de la ciudad de Udong no se libró de las burlas
y alguien le añado bigote y perilla.
Yakarta, Indonesia: No Ponerse de Cuclillas sobre el Retrete
En algunos países asiáticos la gente prefiere verte aguas de cuclillas a ras
del suelo en lugar de hacerlo sentado “a la occidental”. En algunos países como en la India he encontrado una combinación de ambos sistemas con una taza más amplia
que permite tanto tomar asiento como pisar sobre ella y ponerse de cuclillas… la señal en cuestión indica que éste no es el caso…
Yakarta, Indonesia: Cómo Indonesia “Se Vio Obligada” a Anexionarse
Timor Oriental
Indonesia consiguió independizarse de Países Bajos en 1945 aunque dicha
emancipación no fue plena hasta 1950. Una de las islas de la región, Timor, había sido colonizada por dos potencias dividiéndola en dos (como sucedió entre República
Dominicana y Haití por parte de España y Francia), una de Países Bajos y la otra, de Portugal. Este último concedió la independencia a Timor Oriental en 1975. Casi inmediatamente
después, Indonesia se lanzó a su anexión, lo que desencadenó una lucha por la
independencia por la cual los timorenses sufrieron masacres a manos de las
autoridades indonesias. El reconocimiento de su soberanía tuvo que esperar
hasta el 2002.
Lo interesante de este cartel que
se encuentra bajo el monumento nacional de Indonesia (Monas) es como reescriben la historia desde el punto de vista indonesio.
Borobudur, Indonesia: No sentarse a los Pies de la Estupa
El majestuoso complejo arquitectónico budista de Borobudur
fue un centro de enseñanza para los seguidores de Siddhartha Gautama, el vigesimoctavo Buda. Lo ameno de esta señal es como se adapta al contexto pidiendo a
los visitantes que no tomen asiento en la base de ninguna de las numerosas
estupas.
Chicago, Estados Unidos: No Tirarse al Lago Michigan
Este desgastado aunque explícito
dibujo advierte al viandante de la prohibición de arrojarse al Lago Michigan
que sirve de frontera natural entre los estados de Illinois, Indiana, Wisconsin
y Michigan… por la temperatura, el color y el tamaño no parecía nada apetecible
en cualquier caso.
Kampala, Uganda: Nunca Olvidaré a mi Marido que fue
Ejecutado por los Hombres de Obote
Uganda es un país interesante. La
colonización inglesa explica que exista como tal y que bajo un mismo estado queden aglutinadas varias
regiones que en algunos casos son repúblicas y en otros, monarquías. El estado de Uganda
es oficialmente un república que a su vez hospeda a reinos históricos en los
que sus monarcas conservan mayor o menor poder. Estos reinos son Ankole, Buñol,
Toro, Busoga y el más importante, Buganda (de donde viene el nombre del país). El reino de Buganda acoge a la capital de
Uganda, Kampala, a las instituciones del Estado y también a las del Reino.
Durante varias décadas, las monarquías tradicionales fueron abolidas a manos
del sanguinario Milton Obote. Este dictador gobernó en Uganda entre 1966 y 1971
primero, y 1980 y 1985 más tarde; antes y después del más célebre y extravagante
Idi Amin (caracterizado en la película “El Último Rey de Escocia”). En los
sótanos del palacio real de Buganda se cometieron terribles torturas y crímenes
contra los opositores de los que da fe la pintada de la esposa de una víctima en
una de sus paredes: “I never forget my husband (who) was killed (by the) people of Obote”…
Doha, Catar: La Marca España
Inditex y su estandarte Zara llegan a todas partes del mundo, también a Doha.
Es necesario; no obstante, adaptar el nombre a la escritura árabe. Así es como
se escribe “Zara” en la lengua del Corán. Nyamata, Ruanda: Camino al Genocidio
Ruanda está plagado de monumentos
y memoriales del genocidio que tuvo lugar durante 100 días en 1994 y por el que más de
800.000 personas perdieron la vida. Los tutsis y también los hutus moderados
trataron de huir del baño de sangre que desencadenaron los hutus más radicales
en el País de las Mil Colinas. Para ello, muchos se refugiaron en iglesias
católicas donde terminaron encontrando la muerte… en ocasiones gracias a la
ayuda del propio sacerdote. El desgastado cartel indica cómo llegar a una de
esas parroquias. En Nyamata murieron alrededor de 2.500 personas. Los idiomas en
los que está escrito son el kinyarwanda, francés e inglés, lenguas oficiales de
Ruanda, hoy un país próspero y seguro.
Singapur, Singapur: No Guarrear
Singapur es conocido por sus
prohibiciones a veces salvajes y estrictas como la de no mascar chicle en todo el país. Si bien es justo que se penalice a aquéllos que acosen o abusen sexualmente de alguien, es también interesante ver como lo expresa este cartel además de las penas que conlleva. En la señal un hombre que sostiene una cerveza y gotea saliva con ojos de corazón le toca el trasero a una señorita calva que sostiene su cocktail mientras pone cara de sorpresa. La pena se materializa en 2 años de prisión, una multa o azotes con caña de bambú, o una combinación de todas las anteriores.
Stone Town, Zanzíbar, Tanzania: Cámara de Esclavos
Zanzíbar fue un exponente de una esclavitud de la que poco se habla, la del
mundo árabe, liderada por el Sultanato de Omán. En esta isla, cuna de la
cultura suajili se llevaron a término miles de transacciones de esclavos como
si de ganado se tratara. En la imagen vemos la entrada a la celda donde se
afinaban a los esclavos antes de su posterior venta… cuidado con la cabeza.
Desde hace mucho supe que tenía una vocación internacional. Poco a poco ésta se fue materializando en proyecto profesional que aún estoy madurando: trabajar por el Estado de Derecho y los Derechos Humanos.
Persiguiendo esta meta he viajado bastante, en especial durante los últimos años, en busca de modelar un buen CV internacional. Por el camino he aprendido ciertas cosas y he experimentado alguna que otra anécdota. Este blog esta hecho para compartir esas vivencias y consejos con jóvenes profesionales que quieren trabajar en organizaciones internacionales u ONGs, con viajeros empedernidos y con aquéllos que quieren saber un poco más qué pasa en rincones del mundo de los que no escuchamos hablar demasiado...