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jueves, 12 de septiembre de 2013

   "Simultaneidad con un programa universitario"

          He aquí el más típico problema al que se enfrenta un aspirante a pasante. Se trata de una extendida regla de Naciones Unidas que reserva los puestos en prácticas para aquéllos que estén enrolados simultáneamente en un programa universitario. Se trata probablemente de la regla con menos perpectiva y sensibilidad universal de todas las que pueden ordenar el mundo de los recurso humanos. Me explico:

     Sección 2 de Instrucción Administrativa de la Secretaría de Naciones Unidas,  ST/AI/2000/9 (en inglés):

Eligibility requirements

The Secretary -General may accept interns provided the following conditions are met:

(a) Applicants are enrolled in a degree programme in a graduate school (second university degree or higher) at the time of application and during the internship; or (…)

            Se trata de una regulación que favorece claramente al sistema universitario estadounidense y del resto de países que se inspiran en él. En aquéllos estados, el estudiante universitario divide su preparación académica superior en dos fases: graduate y undergraduate. Así pues, un estudiante que cursa la carrera de derecho ha tenido que concluir la primera fase en un college (undergraduate), para luego empezar un nuevo ciclo en un law school (graduate). Este segundo ciclo suele tener una duración de 3 años en los que caben la participación en programas de Erasmus, un reparto y organización relativamente flexible de sus clases y, cómo no, un grifo de convenios entre universidades y organismos internacionales que ofrecen pasantías (en muchas ocasiones valoradas en créditos por la facultad) en medio de un sistema diseñado a su medida.


            La instrucción administrativa no acaba ahí, y con un más bien ridículo intento de subsanar el problema emergente para los estudiantes cuyos países no se adscriben a este sistema dice en el párrafo b de la misma sección:

(b) Applicants pursuing their studies in countries where higher education is not divided into undergraduate and graduate stages have completed at least four years of full-time studies at a university or equivalent institution towards the completion of a degree.

          Es decir, para el resto de los estudiantes cuyos países no dividan la preparación universitaria del modo antes expuesto, habrán de completar al menos 4 años de su carrera con vistas a finalizar sus estudios. ¿Cuántos pueden decir que se podrían beneficiar de unas prácticas en este sistema? Las carreras universitarias suelen estar programadas para durar 4 o 5 años. Es decir, la mayoría de los estudiantes serán y dejarán de ser elegibles para una pasantía en la ONU al mismo tiempo: a la terminación del cuarto año (por fin eres elegible) que coincide con el fin de la carrera (es decir, ya no eres elegible).

              La única oportunidad parece tenerla aquél cuya carrera dure 5 años y pueda entonces marcharse en vacaciones de verano entre cuarto y quinto año. Pero sobreviene otro obstáculo: la pasantía tiene una duración de entre 3 y 6 meses en la mayoría de los casos. ¿Cuántos tienen exactamente 3 meses íntegros de vacaciones que les permita trabajar en el extranjero?

             Este sistema parece animar a que los estudiantes interrumpan sus estudios en su penúltimo año, para irse a trabajar gratis para la ONU entre 3 y 6 meses y retomar, un año más tarde su carrera. Esta filosofía cabe en la mentalidad académica de pocas culturas.

         Finalmente, hay que reconocer que quien no se ha parado a pensar en todos estos obstáculos, y tengan delante el CV de un estudiante de law school estadounidense con 26 años y otro de un europeo de 22 que estudia lo que para muchos parece un programa undergraduate, se decantará claramente por el primero.

        No hay una solución a este problema, pero sí hay una trampa. Conozco casos de gente que ha terminado la carrera y se matriculan en algún curso universitario de nivel inferior o incluso se “dejan” una asignatura de libre configuración para el año siguiente, con intención de realizar las dichosas y deseadas prácticas. También hay que probar suerte y tomar prestada esta explicación que presento aquí cuando se envíe una candidatura a una pasantía.


           En el caso de la ONU; por último, hay que decir que este sistema suele estar muy generalizado entre las agencias dependientes de la Secretaría. No obstante los órganos creados y dependientes del Consejo de Seguridad suelen saltarse estos requisitos. Por ejemplo, no se exigen en los tribunales penales internacionales (ICTR, ICTY, etc…). Éstas son, sin lugar a dudas, las mejores opciones para empezar un camino profesional en la ONU.



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El dominio de varias lenguas es de los requisitos más evidentes a la hora de trabajar en el ámbito internacional, todavía más si se trata de un contexto multicultural como de las organizaciones y ONGs internacionales.

Suele revelarse como la primera barrera de selección, o mejor dicho, el momento en que corresponde cierta reflexión personal para concluir si podemos optar a una pasantía o no. Los requisitos de dominio lingüísticos dependen en cada organización, pero especialmente según el país de destino. Sólo parece haber un denominador común: el inglés. Se exige un nivel muy alto de este idioma. Esto ha sido motivo de angustia para casi todo pasante no nativo anglófono que muy probablemente habrá mirado a sus colegas de trabajo anglosajones pensando… “que fácil lo tienen ellos… si yo hubiera nacido hablando inglés…” Y es que en ocasiones mantener el ritmo de comprensión y expresión oral y escrita al nivel y elegancia de un nativo puede ser una fuente de frustración. El contrapeso a este sentimiento tan humano podría ser:

Esto es una organización internacional; nadie me puede exigir que me haya criado en inglés; yo también tengo algo que aportar y allí donde no llegue de manera natural por no ser nativo, lo alcanzaré con tiempo y esfuerzo.

          Sí, hay que dominar el idioma. Sin embargo, no hay que agobiarse si alguna vez se comete algún error, si se es un poco menos elegante o si no conseguimos deshacernos del acento (¿por qué habría que hacerlo?).


          Si ya se domina el inglés hay que mirar qué otros idiomas se solicitan. En casi todos las ofertas de empleo de la ONU aparece una formalidad, incluida casi automáticamente: “los idiomas de trabajo son el inglés y el francés (…) se valorará el conocimiento de otros idiomas oficiales de la organización”.
Lo cierto es que en una grandísima cantidad de los casos el francés no se ve o se habla ni de refilón. Muchísimos funcionarios de la ONU sobreviven sin hablar este idioma. Si bien muchos lo aprende al pasar parte de su carrera en Ginebra o tomando las clases que las NNUU a veces ofrece de manera gratuita en sus sedes.

         Por último, el valor obligatorio de un tercer idioma viene dado por la importancia de la lengua en términos generales y según el contexto propio del trabajo. Hay idiomas que por su gran difusión, la organización puede tomarse el lujo de considerarlos exigibles. Así pues, alguien que desee trabajar en Guatemala habrá de saber por fuerza español, pues son tantos los hispanohablantes cualificados para tal puesto que los que no lo dominan quedan en cierto modo descartados. No obstante, si el puesto se desarrolla en Myanmar, el conocimiento del birmano no sería jamás un requisito, y si lo fuera, se trataría de una posición reservada a nacionales del país.


         Mi recomendación es aprender bien inglés y francés para luego plantearse un cuarto idioma oficial de la ONU: árabe clásico, ruso o chino mandarín. Problemas y ventajas:

       El árabe que se habla y se escribe en la ONU es el clásico o el que se suele denominar moderno estándar (si acaso existe tal cosa). Es muy útil si se desea trabajar en el norte de África u Oriente Medio en el mundo de los derechos humanos, el estado de derecho, refugiados, etc. El inconveniente es que se trata de un árabe culto, el de la universidad, el de las noticias y del Corán. Los árabes de Marruecos hasta Irak pasando por Yemen lo entienden relativamente bien con mayor o menor éxito, pero conformen comiencen a hablar en su dialecto y coloquialismos, el extranjero quedará completamente confundido.

         El ruso puede ser útil en países de la antigua Unión Soviética y muy especialmente en Asia Central.

         Finalmente, el chino mandarín probablemente ofrezca muchas más oportunidades en el ámbito empresarial que en el de las organizaciones internacionales y de los derechos humanos.

        Una vez se conoce más de una lengua, las siguientes entran con mucha más facilidad. Por otro lado, si no tenemos suerte en el mundo de la organizaciones interncaionales, hablar varios idiomas nos allanará el camino para conseguir empleo en otro ámbito.


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miércoles, 11 de septiembre de 2013

Si nuestro deseo es realizar unas prácticas en organizaciones internacionales u ONGs, la primera cuestión que hay que tener clara es ¿Qué prácticas quiero conseguir? ¿Por qué? ¿Cómo me pueden beneficiar unas y no otras? Para responder a estas preguntas hay que tener claras algunas nociones.

¿Cómo elegir las prácticas que quiero hacer?

Hay que tener en cuenta una serie de indicadores: la institución, el contenido de las prácticas y el lugar de destino. Lo ideal sería una pasantía en una institución de prestigio, realizando una labor que encaje con nuestra preparación académica, que concuerde con el puesto que esperamos conseguir en el futuro y que sea en un país económico, cómodo y seguro.


  • ¿Qué institución?

    Hay básicamente tres posibilidades: el servicio diplomático del país del pasante, organizaciones internacionales u ONGs.


El Servicio Diplomático encaja bien con aquellos interesados en las relaciones internacionales, la política y la cultura.

Pros: Puede servir como trampolín para conseguir otras prácticas en el futuro a través de los contactos que la multitud de reuniones y conferencias pongan en el camino del pasante.

Contras: Lo malo es que no ofrecen posibilidades laborales para el futuro. La carrera diplomática está sellada por un sistema cerrado de oposiciones por lo que esas prácticas no sumarán puntos, pero sí se valorarán en CV.

Consejos: Al elegir el país de destino, hay que sopesar la importancia de la embajada o misión, desechar consulados (ya que no dan acceso a asuntos de relaciones internacionales… con muy concretas salvedades) y buscar la mejor oportunidad según la coyuntura internacional que asegure un contexto interesante para el pasante.

Por ejemplo, no es lo mismo trabajar en el Consulado de España en Astana, Kazajistán, en diciembre,  que en la Misión de España ante la ONU en septiembre, durante la inauguración de las sesiones de la Asamblea General de Naciones Unidas.


Organizaciones Internacionales: en la actualidad hay más de 300 organizaciones internacionales. El primer paso es analizar para cuáles contamos como posibles pasantes. Para ello hay que investigar si el país del que se es nacional es un Estado Miembro, Estado Observador o si existe algún tipo de colaboración especial que permita trabajar para ella. Por ejemplo, España, sin ser estado miembro de pleno derecho, sí puede enviar pasantes a la OEA (Organización de Estados Americanos) o al BAsD (Banco Asiático de Desarrollo) en tanto que estado observador. La mayoría de la gente sueña con la ONU o con la Unión Europea, pero hay muchas más posibilidades.

Pros: Suelen ofrecer una experiencia laboral inolvidable y muy enriquecedora. No obstante, esto depende como siempre del caso concreto, el país, el trasiego de trabajo de la unidad pertinente en la época concreta, el grado de responsabilidad que estén dispuestos en depositar nuestros supervisores, etc…

Contras: Hay que ser cauteloso e investigar qué valoración tendrá la propia organización sobre las prácticas que con ellos concluyamos. Para esto hay que recurrir a su reglamento interno. En ocasiones establecen numerosos obstáculos, limitaciones temporales, incompatibilidades o puede que ni cuenten como experiencia laboral.


Organizaciones No Gubernamentales: hay que escogerla muy bien, conocer la calidad de su trabajo, los contenidos de la pasantía que ofrezcan, la integridad de la misma, su ámbito de acción, etc…

Pros: Lo bueno es que son las más abiertas a ofrecer un trabajo al pasante si su colaboración ha sido fructífera y si la organización está en posición de dar empleo.

Contras: Las perspectivas y ventajas laborales no suelen ser tan buenas como en las organizaciones internacionales.




  •  El contenido y las prácticas en sí:

o   Si queremos trabajar en una institución concreta ¿debe dirigirse uno a ésa como sea, para poder ir adquiriendo experiencia y ascender dentro de la misma, o bien se puede utilizar cualquier otra organización internacional como "plataforma" hasta la que sea de interés, puesto que ya se considera que se tiene "experiencia profesional"?

            Lo ideal es comenzar en aquella institución en la que se quiere trabajar por varias razones: ya se conoce el contenido del trabajo, se ha podido demostrar a los superiores la valía del pasante y se hacen contactos en ese círculo.

            Problemas: la ONU establece una limitación:

Los pasantes no pueden ser considerados aptos para un puesto profesional durante los 6 meses siguientes a la finalización de las prácticas (ST/AI/2005/11). Esto pretende evitar que los lazos personales que se puedan establecer durante las prácticas con los compañeros de trabajo nublen la objetividad de futuros procesos de selección. No obstante, esta limitación parece aplicarse con los puestos profesionales (P1, P2, P3…) y no para los contratos de consultor (en cualquier caso, hay que remitirse al reglamento concreto de cada agencia o programa).

Esta regla sólo ha experimentado una excepción con la Resolución del Consejo de Seguridad de Diciembre de 2011 que permitía a los pasantes del Tribunal Penal Internacional para Ruanda ser contratados justo después de acabar sus prácticas.

            Al final, no es tan grave no conseguir una pasantía en el lugar donde se pretenda trabajar por dos razones: nadie sabe si la alternativa resultara ser mejor que la original y por otro lado, la experiencia también será valorada.

o   Hay que asegurarse de que el trabajo que vamos a desarrollar es afín a nuestra preparación y objetivos:

Esto ha de ser entendido desde un punto de vista amplio. No supone que si alguien hace dos o tres pasantías, se empeñen en dedicarse a una sola tarea extremadamente específica. Ello permite cierta flexibilidad.

Lo importante es que si nos dedicamos a los derecho humanos del niño, no nos pasemos a políticas intergubernamentales sobre medio ambiente o nos vayamos al Comité de Sanciones del Consejo de Seguridad para hablar del bloqueo a Irán…

o   Valoración profesional de las prácticas:

Éste es un elemento trascendental del que poco se habla y es que pertenece a un de los entresijos menos transparentes de las NNUU, sus políticas de recursos humanos. Las prácticas en la ONU pueden tener, a los ojos de la propia organización, una validez completa, media o nula según el reglamento de cada agencia, programa u órgano. De este modo, las prácticas en las agencias y programas dependientes de la Secretaría General no suelen contar oficialmente como experiencia laboral.

Esto puede ser distinto con los órganos creados por el Consejo de Seguridad. En este supuesto depende del caso concreto. En principio, si las prácticas se llevan a cabo antes de finalizar los estudios universitarios, dichas prácticas se valorarán al 50%. (Ej. 6 meses en el ICTY = 3 meses de experiencia laboral). Las reglas se complican cada vez más atendiendo a la institución concreta; así, las prácticas en el Tribunal Penal Internacional para la ex-Yugoslavia se consideran, adicionalmente, como una experiencia laboral media al 50%. No obstante, esas mismas prácticas en el Tribunal Penal Internacional para Ruanda son reconocidas al 100%. Esta información no es ni mucho menos sencilla de obtener pero hay que luchar por conseguirla.


  • ¿Lugar de destino?

Al hilo de lo antes mencionado, la valoración de las prácticas encuentran en el lugar donde se ejecutan una significativa repercusión. Así pues, lo que se llama el terreno (in the field, on the ground) se valora generalmente mucho más que en las sedes en grandes capitales occidentales.

Por el terreno entendemos todos aquellos países alejados de las comodidades de Occidente que, en vez de ser el punto de encuentro en el cual se deciden programas y acciones, es el lugar en que aplican efectivamente. Cuando alguien presenta un CV afirmando que ha sido capaz de vivir en condiciones poco cómodas o incluso de peligrosas, transmite a quien le entrevista su capacidad de enfrentarse a casi cualquier situación. De este modo, no es lo mismo trabajar 6 meses en Afganistán (aunque no hay que irse a ese extremo) que pasar un verano en las sedes de Ginebra o Nueva York.

No obstante, es también cierto que el trabajo en las grandes sedes abre las puertas a hacer muy buenos contactos y relacionarse con aquéllos que en efecto toman las decisiones.

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domingo, 17 de marzo de 2013


         Recuerdo bien cuánto le costó a mi abuelo entender que para llegar a donde quiero llegar era necesario trabajar sin cobrar. ¿Cómo va a ser eso? ¿Con una carrera ya terminada... cómo vas a trabajar sin ganar ni un euro? Admito que a mí también me resultó difícil comprenderlo al principio.

Empecemos por lo básico. Cuando alguien finaliza su carrera en empresariales, derecho, publicidad, medicina... espera que, tarde o temprano, consiga un trabajo remunerado. Quizás esté dispuesto a realizar prácticas unos primeros meses para poner una línea en su CV. No obstante, esa pasantía se entiende, al menos, modestamente pagada.

El mundo de la ONU, otras organizaciones internacionales y grandes ONG's es muy diferente. Tomemos el paradigma de Naciones Unidas como ejemplo básico.

En la ONU los puestos de trabajo se dividen básicamente (sin contar los de las misiones de paz) en puestos como personal de la ONU, consultores y pasantes. Esto es una manera muy simplificada de enfocarlo; la cosa se complica con expertos, puestos políticos, jueces internacionales, voluntarios de NNUU, etc...

Dentro de los puestos como personal de la organización encontramos diferentes tipos y rangos.

Primero, los “G”: se tratan de puestos administrativos en general. Van desde conductores hasta secretarios. No obstante, también incluyen a profesionales con carrera universitaria que trabajan en su propio país. También están numerados hasta G-7, siendo éste el rango superior. De modo que; por ejemplo, un abogado local trabajando para la unidad de Estado de Derecho del Alto Comisionado de Derechos Humanos en Camboya, puede ostentar un puesto G-6 o G-7, por ejemplo.

Las posiciones “P” deben su nombre a “Profesional”. Se tratan de profesionales con carrera universitaria y experiencia laboral, en su mayoría internacionales; es decir, trabajando en países distintos del suyo (pueden existir excepciones a esta regla). Están jerarquizados y ordenados numéricamente del 1 al 6. Siendo P-1 el de rango inferior y P-6 el superior. Estos son los puestos que más nos interesan y por eso le dedicaremos más tiempo.

Para empezar, hay que decir que los puestos P-1 prácticamente no existen. Se tratan de posiciones que no requieren experiencia laboral, sólo académica. Este tipo de vacantes, que parecían convocarse muy de vez en cuando, quizás en las sedes de Nueva York o Ginebra, están hoy en peligro de extinción. Tanto es así, que ya no son anunciados en el portal https://careers.un.org/.

Nos centramos entonces en los puestos P-2... el sueño de todo profesional con vocación internacional para cimentar su carrera en la ONU. Son vacantes de carácter profesional que requieren estudios universitarios, a veces un master, y al menos dos años de experiencia laboral. Este último detalle es del que derivan todos nuestros dolores de cabeza...

Si los puestos que no requieren experiencia laboral son inexistentes, y los que sí quedan vacantes solicitan experiencia previa... ¿¿¿Cómo puedo conseguir ese bagaje??? La respuesta puede ser doble: si quieres ser jurista para un tribunal internacional, tal vez trabajando varios años como abogado penalista en tu país te llegue a servir. Ahora bien, ¿cómo conseguir esa misma experiencia si lo tuyo son los derechos humanos o el fortalecimiento del estado de derecho? No conozco muchas firmas de abogados que se dediquen a ello...

En fin, en la mayoría de los casos, la respuesta a la gran pregunta se responde con "PRÁTICAS".

Una vez dentro del sistema, caben los ascenso a P-3, P-4, etc... A medida que avanzan se van alejando de la substancia y se van centrando en elementos más organizativos y directivos de las unidades en las que trabajan. Se suele decir que los puestos P-5 y P-6 son algo más políticos; esto es, pueden requerir los auspicios y apoyo del estado al que pertenezcas. En cualquier caso, los años mínimos de experiencia laboral exigidos a este punto se alejan del perfil al que trato de dirigirme: los jóvenes profesionales.

Para completar esta primera radiografía del esquema laboral de la ONU, nos topamos con los puestos “D”, D-1, D-2. La "D" nos evocan dirección. Son en este caso, puestos para expertos con alta connotación política.

Existen otros tipos de contratos de los que hablaré más detenidamente en próximas entradas como los Voluntarios de Naciones Unidas o “UNV”, el programa de Jóvenes Profesionales o “JPO”, o consultores.

Brevemente diré que los UNV, son trabajadores pagados (aquí la palabra “voluntario” no casa del todo con nuestro concepto de cooperante). Reciben sueldos inferiores de aquellos con posición “P”, pero desde luego suficiente para vivir (cerca o alrededor de los 2.000 USD), especialmente si están destinado en el terreno. Exigen 2 años de experiencia laboral previa. Es una buena vía para entrar en el sistema.

Los JPO, o Junior Professional Officers, son puestos para jóvenes subvencionados por sus países de origen. Esto quiere decir que la ONU les da trabajo, pero su estado les paga. El problema con este mecanismo es que dependes de si las cuentas de tu país están los suficientemente saneadas para permitirse el lujo de pagar el sueldo de individuos que no trabajan directamente para su propia administración. En el caso de España, acabamos de presenciar como se ha cerrado el grifo de un aluvión de JPO españoles. La bonanza económica dio muchos, la crisis económica eliminó a todos.


El YPP, o Young Professional Programme, es la puerta grande para entrar en la ONU. En términos estrictos, no requiere experiencia previa. Se trata de un examen a los que nacionales de ciertos países son convocados cada cierto número de años. Se parece a unas oposiciones. Tiene varias fases, es extremadamente competitivo y se puede considerar la lotería laboral de la ONU. Si lo consigues, te ha tocado el gordo; aunque en este caso lo que realmente se valora es el mérito del solicitante. El premio es un contrato de larguísima duración dentro de la organización.

Los consultores o consultants son expertos en una materia concreta que una agencia, programa u oficina de una organización internacional u ONG contrata para un proyecto específico. Concluido el proyecto, se extingue el contrato. Los hay junior y senior. Requieren cierta experiencia profesional previa, pero son mucho más flexibles. Hay muchos que viven encadenando contratos de este tipo, uno tras otro. Pueden llegar a estar muy bien pagados.

Finalmente quedan los pasantes o becarios. Hay mucho que decir sobre ellos ya que son la puerta más habitual para conseguir la ansiada experiencia laboral requerida. No suelen ser pagados, aunque hay algunas excepciones (en la Organización Internacional del Trabajo, por ejemplo). No se consideran personal laboral de la oficina y por tanto no disfrutan de análogos privilegios. Cómo conseguirlos, cuáles solicitar y en qué países son preguntas prácticas fundamentales para sacarles el máximo provecho. De todo esto hablaré en entradas futuras.

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