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jueves, 13 de febrero de 2014

         Poco se habla de esta antigua república soviética en el Cáucaso, pero en realidad se trata de un precioso y apasionante país que vale muchísimo la pena visitar. En la entrada de hoy, le echamos un vistazo a su capital, Tiflis, o como los locales la llaman: Tbilisi.



1 – Historia

La primera razón para visitar Georgia es su historia. Muchos opinan que fue en esta tierra donde el hombre remató su propia evolución. Numerosos historiadores adjudican a los georgianos de la antigüedad el privilegio de ser uno de los grandes motores culturales de la antigüedad extendiéndose por el Caucaso, la Anatolia, descendiendo por Mesopotamia y hasta el Egipto septentrional. Otros establecen vínculos entre los georgianos y los primeros habitantes de la Península Ibérica, sobre todo, la zona de Euskadi. No en vano el antiguo reino de Georgia era en su origen conocido como Iberia. Hay quienes ven este nombre, no una simple coincidencia, sino una reminiscencia de aquella antigua conexión. Otra prueba de esa ancestral conexión es asombroso parecido entre algunas palabras georgianas y vascas.

Al final, como sucedió con muchas otras naciones, su influencia y tamaño fueron menguando, dividiéndose en pequeños reinos que podemos agrupar en Georgia Occidental y Oriental, en continua disputa entre persas y otomanos hasta que el Imperio Ruso y más tarde la URSS la hizo suya desde 1800 hasta 1991.




Mientras muchos piensan que el nombre de Georgia viene de “San Jorge”, lo cierto es que tiene origen griego y significa “lugar de la agricultura”. Y es que se cree que fue en el Cáucaso donde el ser humano desarrolló y perfeccionó sus aptitudes agrícolas… Esto nos lleva a la segunda razón…



2 - El Vino:

Georgia es reconocida como la cuna del vino. Una tradición milenaria en su contexto agricultor, desarrollando y perfeccionando las técnicas de cultivo. El vino es una parte integrante de la cultura georgiana que poco a poco fue conquistando las mesas de los griegos y romanos hasta llegar a nuestros días.



3- Paisajes:

Tiflis es una ciudad de más de un millón de habitantes que regala un paisaje donde la montaña, el río y la zona urbana se funden. El cauce del Kurá divide a la capital en dos márgenes, izquierdo y derecho, éste último acogiendo el centro de la ciudad y su casco antiguo.


Flanqueada por montañas y colinas, un funicular y un telecabina permiten llegar a la cima y disfrutar de las magníficas vistas. De un lado, el viejo monasterio ortodoxo. Más arriba, en la cima, restaurantes y un privilegiado mirador. El telecabina nos transporta hasta el castillo que corona el monte y hasta aquella gran escultura, alegoría de la ciudad, que representa a una mujer que ofrece vino al visitante amistoso con una mano y muestra su espada con la otra para el invasor.

Vieja imagen de la ciudad en la que se puede apreciar el funicular, el monasterio y el mirador en la cima de la colina

4 – Arquitectura:

En Tiflis podemos toparnos con la arquitectura civil, la religiosa con solera además de la más vanguardista.

Desde que San Nino de Capadocia (actual Turquía) convirtiera al cristianismo en el 330 a Mirian, rey persa que gobernaba sobre Georgia, este país ha sido un fortísimo defensor del cristianismo ortodoxo. En la antigua catedral se puede ver la cruz original de San Nino y fuera de la ciudad antigua se puede visitar la segunda catedral ortodoxa más grande del mundo.



La noche da un protagonismo especial al castillo que domina la montaña.



La vanguardia llegó a Tiflis en forma de puente y sala de conciertos:




5 – Museos

Tiflis está bien nutrida de museos que custodian los tesoros, la historia y el arte pictórico de la nación:

Museo Nacional: una guía de excepción, la Sra. Lamara que habla perfectamente inglés y francés compartirá su extensísimo conocimiento sobre la historia de su patria a través de elementos de 10 mil años de antigüedad (una piedra tallada), pasando por la edad de bronce hasta llegar al exquisito y refinado tratamiento del oro, joyas y tesoros de la cultura georgiana.



El animal nacional de Georgia es el ciervo que ya en la antigüedad gozaba de un halo de divinidad

Museo de Bellas Artes: custodia los grandes tesoros de Georgia. Con piezas de épocas posteriores a las que encontraremos en el Museo Nacional, estas obras del arte sacro ortodoxo demuestran el poderío artístico de esta pequeña nación.



Museo de Arte: En el campo pictórico, Georgia roza el cénit del posimpresionismo de la mano de 3 grandes artistas del siglo XIX y principios del XX:

Firosmani:



Gudiashvili:



Gabashvili:




6 – Comida

La gastronomía Georgiana es excelente, deliciosa. Los vinos antes mencionados acompañan a platos típicos como:

khinkali



khachapuri



acharuli



7 – Baños de agua sulfurosa:

La última noche en Tiflis exige descanso y relajación en sus baños de aguas sulfurosas. No en vano, el rey que fundó la villa, Vakhtang I Gorgasali, lo hizo tras ver cómo su halcón de caza caía directo sobre ciénagas de aguas sulfurosas y calientes. Es por esto que Tbilisi significa originalmente, “aguas calientes”.

Siempre se escucha citar los baños turcos, los árabes y las saunas finlandesas… no obstante, también existe un lugar adicional a estos refugios de relajación: los baños de aguas sulfurosas georgianos.


Existen varios baños tradicionales y muchos se disputan haber acogido en sus visitas a la región al célebre poeta ruso, Alexander Pushkin. Si bien algunos ofrecen extraordinarias fachadas como la de la foto, podemos recomendar los Royal Baths. Aquí se alquilan salas de baño privadas por 40 laris más masaje y enjabonado por 20 laris más por persona. Un vestuario y finalmente una sala con una pequeña piscina, o gran bañera, según se vea. El agua sulfurosa está caliente y resulta sorprendentemente relajante. A la media hora el masajista exfoliará la piel del usuario, lo enjabonará y dará un masaje. Tras una ducha se puede uno volver a sumergir en las aguas sulfurosas. Una experiencia imprescindible.



8- Cultura:

Una de las experiencias más apasionantes de un viaje a Georgia es el choque cultural, o mejor dicho, el descubrimiento de su extensísima idiosincrasia.

Cabe destacar su idioma que no pertenece a ninguna otra familia lingüística, ni a la indoeuropea, ni a las del Altái.

Además cuentan con un alfabeto propio sólo utilizado en georgiano.



Si bien es un país de escasas dimensiones cada región ha desarrollado su propia vestimenta tradicional. Este es un ejemplo del sombrero típico georgiano.



Finalmente cabría mencionar sus llamativas danzas folclóricas:



9- Alrededores:

Tiflis es el más cómodo punto de acceso al país. Desde allí se pueden explorar ciudades costeras como Batumi, los espectaculares pico y valles del Cáucaso o pequeñas aldeas cerca de la capital como Gori, pueblo natal de Stalin… que sí, era georgiano.



Es también el puerto de entrada más recomendable para iniciar un viaje por todo el Cáucaso: Armenia y Azerbaiyán.

10- Es baratísimo

La divisa nacional, el Lari Georgiano, está a 2,34 en relación al euro. Trasladarse por la ciudad de Tiflis, comer y visitar los museos resulta increíblemente económico.



Un trayecto en taxi por el centro no debería superar los 5 Lari.
Entrada en los museos: 6 Lari.
Comer en un restaurante tradicional: 10 Lari.

Volar allí también puede ser muy barato desde Estambul, por ejemplo. Allí opera la aerolínea Pegasus que por entre 70 a 90 euros nos llevará al corazón del Cáucaso.

Los ciudadanos de países miembros de la Unión Europea no precisan visado.

¡Así que no lo dudéis y preparad vuestro viaje a Georgia!


No os perdáis otros consejos de viajes como:

Escapada a Pangani, el Paraíso en Tanzania




jueves, 12 de septiembre de 2013


El dominio de varias lenguas es de los requisitos más evidentes a la hora de trabajar en el ámbito internacional, todavía más si se trata de un contexto multicultural como de las organizaciones y ONGs internacionales.

Suele revelarse como la primera barrera de selección, o mejor dicho, el momento en que corresponde cierta reflexión personal para concluir si podemos optar a una pasantía o no. Los requisitos de dominio lingüísticos dependen en cada organización, pero especialmente según el país de destino. Sólo parece haber un denominador común: el inglés. Se exige un nivel muy alto de este idioma. Esto ha sido motivo de angustia para casi todo pasante no nativo anglófono que muy probablemente habrá mirado a sus colegas de trabajo anglosajones pensando… “que fácil lo tienen ellos… si yo hubiera nacido hablando inglés…” Y es que en ocasiones mantener el ritmo de comprensión y expresión oral y escrita al nivel y elegancia de un nativo puede ser una fuente de frustración. El contrapeso a este sentimiento tan humano podría ser:

Esto es una organización internacional; nadie me puede exigir que me haya criado en inglés; yo también tengo algo que aportar y allí donde no llegue de manera natural por no ser nativo, lo alcanzaré con tiempo y esfuerzo.

          Sí, hay que dominar el idioma. Sin embargo, no hay que agobiarse si alguna vez se comete algún error, si se es un poco menos elegante o si no conseguimos deshacernos del acento (¿por qué habría que hacerlo?).


          Si ya se domina el inglés hay que mirar qué otros idiomas se solicitan. En casi todos las ofertas de empleo de la ONU aparece una formalidad, incluida casi automáticamente: “los idiomas de trabajo son el inglés y el francés (…) se valorará el conocimiento de otros idiomas oficiales de la organización”.
Lo cierto es que en una grandísima cantidad de los casos el francés no se ve o se habla ni de refilón. Muchísimos funcionarios de la ONU sobreviven sin hablar este idioma. Si bien muchos lo aprende al pasar parte de su carrera en Ginebra o tomando las clases que las NNUU a veces ofrece de manera gratuita en sus sedes.

         Por último, el valor obligatorio de un tercer idioma viene dado por la importancia de la lengua en términos generales y según el contexto propio del trabajo. Hay idiomas que por su gran difusión, la organización puede tomarse el lujo de considerarlos exigibles. Así pues, alguien que desee trabajar en Guatemala habrá de saber por fuerza español, pues son tantos los hispanohablantes cualificados para tal puesto que los que no lo dominan quedan en cierto modo descartados. No obstante, si el puesto se desarrolla en Myanmar, el conocimiento del birmano no sería jamás un requisito, y si lo fuera, se trataría de una posición reservada a nacionales del país.


         Mi recomendación es aprender bien inglés y francés para luego plantearse un cuarto idioma oficial de la ONU: árabe clásico, ruso o chino mandarín. Problemas y ventajas:

       El árabe que se habla y se escribe en la ONU es el clásico o el que se suele denominar moderno estándar (si acaso existe tal cosa). Es muy útil si se desea trabajar en el norte de África u Oriente Medio en el mundo de los derechos humanos, el estado de derecho, refugiados, etc. El inconveniente es que se trata de un árabe culto, el de la universidad, el de las noticias y del Corán. Los árabes de Marruecos hasta Irak pasando por Yemen lo entienden relativamente bien con mayor o menor éxito, pero conformen comiencen a hablar en su dialecto y coloquialismos, el extranjero quedará completamente confundido.

         El ruso puede ser útil en países de la antigua Unión Soviética y muy especialmente en Asia Central.

         Finalmente, el chino mandarín probablemente ofrezca muchas más oportunidades en el ámbito empresarial que en el de las organizaciones internacionales y de los derechos humanos.

        Una vez se conoce más de una lengua, las siguientes entran con mucha más facilidad. Por otro lado, si no tenemos suerte en el mundo de la organizaciones interncaionales, hablar varios idiomas nos allanará el camino para conseguir empleo en otro ámbito.


No te pierdas otras entradas que tratan el mismo tema:

Trabajar en la ONU: una Primera Radiografía del Sistema

sábado, 11 de mayo de 2013

            Algo tan anodino y que suele pasar tan desapercibido como una señal o escrito en un muro se puede convertir en un motivo de fotografía. A veces cuando se viaja, las señales que nos avisan de lo que podemos o no podemos hacer dicen tanto del contexto y la cultura que nos exige disparar con nuestra cámara. Algunos son divertidos, otros impactantes y también los hay estremecedores. He aquí algunos ejemplos:

Phnom Penh, Camboya: Prohibido Sonreír



Si bien el Reino de Camboya es conocido por la sonrisa de sus habitantes, en este caso concreto, queda terminantemente prohibido. Se trata de una señal hallada en el antiguo centro de tortura Tuol Sleng, más conocido como Security Prison 21, o simplemente S-21. El antiguo colegio de secundario de la capital jemer Tuol Sleng se convirtió en un centro de torturas durante el régimen comunista de Pol Pot y sus Jemeres Rojos entre 1975 y 1979. Hoy en día es un museo que da testimonio de las brutalidades que se acometieron en lo que en el pasado fueron aulas. La señal nos invita a plantearnos la siguiente pregunta: ¿Quién podría reírse o si quiera sonreír contemplando el dramatismo de ese espantoso lugar donde casi aún se puede oír el sufrimiento de las víctimas de Pol Pot?


Phnom Penh, Camboya: Las Reglas del "Juego"



Justo en frente de la señal anterior encontramos las normas del improvisado centro de torturas donde más de 20.000 personas fueron ejecutadas.



Udong, Camboya: Arte Sacro



Esta imagen de Buda en un templo de la ciudad de Udong no se libró de las burlas y alguien le añado bigote y perilla.


Yakarta, Indonesia: No Ponerse de Cuclillas sobre el Retrete


En algunos países asiáticos la gente prefiere verte aguas de cuclillas a ras del suelo en lugar de hacerlo sentado “a la occidental”. En algunos países como en la India he encontrado una combinación de ambos sistemas con una taza más amplia que permite tanto tomar asiento como pisar sobre ella y ponerse de cuclillas… la señal en cuestión indica que éste no es el caso…


Yakarta, Indonesia: Cómo Indonesia “Se Vio Obligada” a Anexionarse Timor Oriental


Indonesia consiguió independizarse de Países Bajos en 1945 aunque dicha emancipación no fue plena hasta 1950. Una de las islas de la región, Timor, había sido colonizada por dos potencias dividiéndola en dos (como sucedió entre República Dominicana y Haití por parte de España y Francia), una de Países Bajos y la otra, de Portugal. Este último concedió la independencia a Timor Oriental en 1975. Casi inmediatamente después, Indonesia se lanzó a su anexión, lo que desencadenó una lucha por la independencia por la cual los timorenses sufrieron masacres a manos de las autoridades indonesias. El reconocimiento de su soberanía tuvo que esperar hasta el 2002.
Lo interesante de este cartel que se encuentra bajo el monumento nacional de Indonesia (Monas) es como reescriben la historia desde el punto de vista indonesio.


Borobudur, Indonesia: No sentarse a los Pies de la Estupa


El majestuoso complejo arquitectónico budista de Borobudur fue un centro de enseñanza para los seguidores de Siddhartha Gautama, el vigesimoctavo Buda. Lo ameno de esta señal es como se adapta al contexto pidiendo a los visitantes que no tomen asiento en la base de ninguna de las numerosas estupas.


Chicago, Estados Unidos: No Tirarse al Lago Michigan

Este desgastado aunque explícito dibujo advierte al viandante de la prohibición de arrojarse al Lago Michigan que sirve de frontera natural entre los estados de Illinois, Indiana, Wisconsin y Michigan… por la temperatura, el color y el tamaño no parecía nada apetecible en cualquier caso.


Kampala, Uganda: Nunca Olvidaré a mi Marido que fue Ejecutado por los Hombres de Obote


Uganda es un país interesante. La colonización inglesa explica que exista como tal y que bajo un mismo estado queden aglutinadas varias regiones que en algunos casos son repúblicas y en otros, monarquías. El estado de Uganda es oficialmente un república que a su vez hospeda a reinos históricos en los que sus monarcas conservan mayor o menor poder. Estos reinos son Ankole, Buñol, Toro, Busoga y el más importante, Buganda (de donde viene el nombre del país). El reino de Buganda acoge a la capital de Uganda, Kampala, a las instituciones del Estado y también a las del Reino. Durante varias décadas, las monarquías tradicionales fueron abolidas a manos del sanguinario Milton Obote. Este dictador gobernó en Uganda entre 1966 y 1971 primero, y 1980 y 1985 más tarde; antes y después del más célebre y extravagante Idi Amin (caracterizado en la película “El Último Rey de Escocia”). En los sótanos del palacio real de Buganda se cometieron terribles torturas y crímenes contra los opositores de los que da fe la pintada de la esposa de una víctima en una de sus paredes: “I never forget my husband (who) was killed (by the) people of Obote”…


Doha, Catar: La Marca España



Inditex y su estandarte Zara llegan a todas partes del mundo, también a Doha. Es necesario; no obstante, adaptar el nombre a la escritura árabe. Así es como se escribe “Zara” en la lengua del Corán.

Nyamata, Ruanda: Camino al Genocidio


Ruanda está plagado de monumentos y memoriales del genocidio que tuvo lugar durante 100 días en 1994 y por el que más de 800.000 personas perdieron la vida. Los tutsis y también los hutus moderados trataron de huir del baño de sangre que desencadenaron los hutus más radicales en el País de las Mil Colinas. Para ello, muchos se refugiaron en iglesias católicas donde terminaron encontrando la muerte… en ocasiones gracias a la ayuda del propio sacerdote. El desgastado cartel indica cómo llegar a una de esas parroquias. En Nyamata murieron alrededor de 2.500 personas. Los idiomas en los que está escrito son el kinyarwanda, francés e inglés, lenguas oficiales de Ruanda, hoy un país próspero y seguro.


Singapur, Singapur: No Guarrear


Singapur es conocido por sus prohibiciones a veces salvajes y estrictas como la de no mascar chicle en todo el país. Si bien es justo que se penalice a aquéllos que acosen o abusen sexualmente de alguien, es también interesante ver como lo expresa este cartel además de las penas que conlleva. En la señal un hombre que sostiene una cerveza y gotea saliva con ojos de corazón le toca el trasero a una señorita calva que sostiene su cocktail mientras pone cara de sorpresa. La pena se materializa en 2 años de prisión, una multa o azotes con caña de bambú, o una combinación de todas las anteriores.

Stone Town, Zanzíbar, Tanzania: Cámara de Esclavos


Zanzíbar fue un exponente de una esclavitud de la que poco se habla, la del mundo árabe, liderada por el Sultanato de Omán. En esta isla, cuna de la cultura suajili se llevaron a término miles de transacciones de esclavos como si de ganado se tratara. En la imagen vemos la entrada a la celda donde se afinaban a los esclavos antes de su posterior venta… cuidado con la cabeza.


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jueves, 21 de marzo de 2013


               Hay siempre una canción para cada época en la vida. Notas que nos evocan a un campamento de verano, a unas vacaciones en la playa, a un viaje por Europa. Es muy común que nuestras mentes vinculen ciertas experiencias con melodías. Yo tengo claro cuales fueron las canciones que me acompañaron en cada país. Son temas que no llegan a nuestros países o que con frecuencia se quedan en sus regiones. Algunas son buenas, otras pegadizas y de otras nos avergüenzan pero a fuerza de oírlas a diario en tiendas, restaurantes, discotecas y en la radio, se terminan convirtiendo en compañeras de viaje.

En Estados Unidos era genial levantar los brazos con orgullo cuando sonaba la versión masterizada de “Empire of Mind” desde que supe que me mudaría de Washington DC a Nueva York. Mientras cursaba el programa de verano INSIDE organizado por ICADE y Georgetown en Washington, mi amigo Ñaco ponía constantemente en su móvil una de reggaeton, “Barquito” de Tito Bambino. Estas dos son tan accesibles y comerciales que obviaré sus links.

No obstante, la canción que se convirtió en la banda sonora de mis recuerdo de la gran Ciudad fue la que oí y grabé en una parada de metro de una estación neoyorkina... ahí la dejo:




En París conocí a Serge Gainsbourg y Juliette Gréco de la mano de una amiga de Orleans que me llevó a un show de una melancólica artista que se hacía llamar la Comtesse (la Condesa) y que cantaba las canciones que ambientaron aquel barrio de Saint-Germain-des-Prés en los años 50 y 60.


Ahora bien, África fue algo distinto. Música y ritmos que jamás había oído antes con su particular forma de bailar. Empezamos por Arusha, Tanzania:

En el #1 se sitúa sin lugar a dudas “Hakunaga” de Suma Lee. La palabra “Hakunaga” es una forma coloquial (influenciada por una lengua tribal que deja caer un “ga” al final de algunas palabras) de “Hakuna” que significa “nada", "nadie", "no hay nada" o "no hay nadie”. Es la misma célebre palabra acuñada en la banda sonora de El Rey Leon, Hakuna Matata. La canción dice así: Hakunaga, zaidi yangu mi' na wewe (el mi´es la versión abreviada de “mimi”, que significa “yo”), que quiere decir “no hay nadie más (mejor) que tú y que yo”.
Algo especial de esta canción es que tenía su propia coreografía que todo el mundo repetía en la mejor discoteca de Arucha... aquellas fantásticas noches de jueves en Via-Via.


En el #2 se coloca “Nwa Baby”, más conocida como “Sawa le”, de Flavour. Su letra en una lengua local nigeriana mezclada con un poco de inglés no permite ser traducida por respeto a la decencia... pero es genial escucharla.

En #3 posición queda “FaceBook” con Dj Cleo, desde Sudáfrica. La mayor parte en inglés.


Hay otras tantas que sonaban con cierta frecuencia como “Paper love”, “Chop my Money” or “One More Night”.



De Ruanda me llevo una gran canción que revolucionó el verano de Kigali. Se trata de “Pala Pala”, de King James. Básicamente, el cantante le dice su pareja que se aclare y que se deje de tonterías; de sí, de no, en fin, que se deje de “pala-pala”.


De la India me llevo los sonidos de Bollywood y por tanto el hit que descubrí allí: "Mast Kalandar", tema de la película Heyy Babyy.


Cambiando de tercio nos teletransportamos hasta el Sudeste Asiático. Este es otro mundo. El ritmo se deja de lado en beneficio de lo melódico, romántico, lo muchas veces cursi y en resumidas cuentas, lo susceptible de ser cantado en un Karoke, el entretenimiento regional/continental asiático.

De Camboya os dejo la canción más cursi, no apta para diabéticos, pero que en un intento de ser rigurosos y de presentar lo que realmente se escucha en el país, hay que incluir. Existen dos versiones; una primera, cantada por un chico, y una segunda, entonada por una mujer, que corresponde con una secuela de la historia relatada en la versión original. Se llama “sangsar leng leng” y síginifica “amante falso”, en jemer, la lengua oficial del Reino de Camboya.


Finalmente, representando a Indonesia, una canción muy pegadiza que me enseñó mi amigo javanés, Ashyafat. Se titula “Pandangan Pertama”, de RAN. Está cantada casi íntegramente en indonesio (bahasa indonesia).

¡Que las disfrutéis!

Escuchad más canciones curiosas de otros países y disfrutad de películas internacionales en otros entradas de este blog:


¿Esta Canción... No Era en Español...? - Curiosas Versiones de Canciones Hispanas





domingo, 17 de marzo de 2013


          Dormía en una habitación compartida con mi amigo Vijay, californiano mitad indio, mitad filipino, en la International Student House en Washington D.C. Cada mañana, durante aquellas dos últimas semanas me despertaba bastante antes de que sonara el despertador y consultaba mi correo electrónico en el móvil. Estaba a la espera de grandes noticias hasta que por fin llegaron desde un lugar donde el día comienza 7 horas antes que en la Costa Este.

Con los ojos entreabiertos agarré mi teléfono que descansaba en la estantería. La luz parpadeaba. Había recibido un e-mail... ¡Sí, sí! Era del departamento de Recurso Humanos del Tribunal Penal Internacional para Ruanda de Naciones Unidas (UNICTR). Me habían aceptado para realizar una pasantía que comenzaría en enero de 2012. Pegué un salto en la cama. Desperté a mi compañero de cuarto y le di un abrazo. Aquel día comenzó mi viaje a África.
Kilimanjaro International Airport

En el avión iba pensando en los preparativos que llevaba tachando de mi lista de quehaceres durante los últimos meses. Tanto por aprender y descubrir. Una escala en El Cairo, otra en Nairobi y finalmente en el Kilimanjaro. Aterricé por la mañana. El cielo despejado y el Sol de justicia me permitieron contemplar el espectáculo que supone sobrevolar el pico más alto de África y pisar tierra a sus pies.

En la aduana mostré mi cartilla de vacunación de la fiebre amarilla. En el mostrador de visados enseñé con orgullo la carta de invitación con el sello de la ONU. Con mis maletas en las manos salí ufano del aeropuerto donde, según me había dicho, un coche del Tribunal estaría esperando... allí no había nadie. En cierto modo, me lo esperaba o al menos, contaba con esa posibilidad. Durante una fiesta en diciembre en la delegación de Cuba ante la ONU en Nueva York, había conocido a una antigua pasante belga del Tribunal. Ella me había informado de ciertas irregularidades logísticas tildándolas con un “esto es África”.

No permanecí indeciso ni un minuto. Me acerqué a los taxistas e inicié el trayecto de 45 minutos que separa al Aeropuerto Internacional del Kilimanjaro de Arusha, mi nuevo hogar. No estaba en posición de regatear demasiado, pues no sabía cual era el precio justo. Sé que me cobraron más de lo debido. Pero en aquel momento estaba dispuesto a pagar el peaje de los novatos. Algo que he podido constatar es que la semana en un lugar nuevo es siempre el doble o triple de cara que lo que debería ser. Aceptando la mayor, era mejor tomárselo con calma.

En mi retina queda aquel camino de tierra antes de tomar la carretera principal. Esa tierra de un marrón encendido y rojizo. Esa vegetación. Y sobre todo... aquella gente. Sus sonrisas, su ropa, sus miradas. Esas primeras palabras en suajili (o swahili), aquella música religiosa en la radio...

El conductor me animaba a aprender suajili. Decía que era muy fácil. Y es cierto. No es en absoluto una legua complicada. Simplemente sigue una lógica distinta que la nuestra basada en la creación de palabras con prefijos y sufijos superpuestos de una manera algo más compleja que en las lenguas latinas. Cinco sonidos vocálicos como en español. Sin conjugación. Una escritura fonética, o como se suele decir “se lee como se escribe”. Además es útil y bastante extendida por todo el África Oriental. Desde su cuna en Zanzibar, bien cimentada en Tanzania continental y hasta Kenya, el norte de Mozambique, el este de República Democrática del Congo y el sur de Somalia. Aprendí algo, y me desenvolvía lo suficiente para sobrevivir. Pero el trabajo y un profesor no demasiado aplicado, me desanimaron para tomármelo con más seriedad.

Fire Road
Entramos en la ciudad. Ya se divisaba algún que otro edificio de más de 5 pisos... pero muy pocos. La mayoría, casa matas, comercios y restaurantes a pie de calle. Volvía a sentir ese caos controlado que tanto me gusta y que parece ser denominador común en países en vías de desarrollo. Pasamos por delante del Tribunal, bajamos la calle hasta la rotonda del reloj (lo que tristemente parece ser el centro de la ciudad), todo recto hasta la fire road. Esta calle mantenía su nombre aun flanqueando de derecha a izquierda toda una urbanización hasta quedar interrumpida por unas vías de un tren de mercancías. Se llamaba así por la estación de bomberos, allí localizada.

Tienda de Mr. Mbiise
Una hilera de humildes negocios que iban desde una peluquería hasta una tienda de comestibles era el lugar de encuentro con Mr. Mbiise. Este caballero, dueño de uno de los negocios y padre de familia era el encargado de guardar una bonita casa en aquella calle: la llamada White House. Un amigo indonesio que había conocido un año antes en Singapur y yo habíamos informado al dueño de nuestra llegada e interés por ocupar la casa. Por lo visto, Mbiise desconocía dichas comunicaciones con el propietario y cedió la casa en alquiler a 5 chicas que también empezaban sus prácticas en el Tribunal. Ellas habían llegado un día antes. Una pequeña discusión con ellas revelaron que no merecía la pena empezar con mal pie nuestra estancia en Arusha. Mi amigo, también recién llegado, y yo decidimos ceder y buscar otro sitio. Al final del día ya teníamos una lugar donde vivir. Un apartamento al final de aquella fire road. Sus dueños, el señor y la señora Guta daban nombre al edificio “Guta Apartments” y eran un matrimonio interreligioso. Él musulmán; ella, católica. Guardo gran cariño y buenos recuerdos de aquella pareja.

Nuestra casa: las dos ventanas superiores de la derecha
Vistas de la calle de enfrente desde mi ventana

En aquel edificio vivían otros dos pasantes: uno de Egipto y otro buen amigo de China. Una italiana y una neoyorkina ocupaban un apartamento en la segunda planta. Así los cuatro interns iniciábamos cada día nuestro camino al trabajo, desde aquella calle a los pies del monte Meru, segundo pico de Tanzania. Fue el comienzo de una experiencia de cinco meses donde conocí a gente extraordinaria, probé nuevos platos que hoy echo de menos, vi maravillosos paisajes y viví alguna que otra aventurilla que bien merecerán algún post.
Nuestra calle y el monte Meru al fondo

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