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Mostrando entradas con la etiqueta prácticas. Mostrar todas las entradas
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viernes, 24 de enero de 2014

Recientemente he comenzado mi colaboración con una web muy interesante: www.queaprendemoshoy.com/

Se trata de una página en la que estudiantes y profesionales de diferentes sectores escriben de manera voluntaria artículos de opinión con vocación didáctica.

Hace un año uno de los miembros del equipo se puso en contacto conmigo para ofrecerme colaborar. Sin embargo, no ha sido hasta ahora que he podido involucrarme como se merecían.

En este artículo hago una reflexión sobre el legado del Tribunal Penal Internacional para Ruanda. ¡Espero que os guste!


El Legado del Tribunal Penal Internacional para Ruanda



http://queaprendemoshoy.com/el-legado-del-tribunal-penal-internacional-para-ruanda/

sábado, 16 de noviembre de 2013

           Suele decirse que hay dos tipos de personas: los de playa y los de montaña. Si hay que elegir una, yo me quedo con el mar y si toca que ser aún más concreto, con las costas tanzanas. Durante mi estancia en Arusha, al norte de Tanzania, hice una excursión a Pangani con 4 amigos: una estadounidense, un indonesio, una singapurense y un chino. Teníamos preparado un safari. Por fin visitaríamos el Serengueti y el Ngoro-Ngoro; pero el viaje se truncó. Habíamos regateado tanto que al organizador ya no le salían las cuentas y la noche anterior nos dejó colgados. Nos despertamos sin saber qué hacer, cómo aprovechar el puente que nos eximía de trabajar en el Tribunal Penal Internacional para Ruanda. Le dimos varias vueltas hasta que en el monitor de nuestro ordenador seleccionamos el mapa del país… Había una ciudad en la costa; su nombre, Pangani. No lo sabía en aquel momento, pero aquel pueblo acogía uno de los escenarios más bonitos que jamás he visto y al que deseo volver pronto.


Improvisamos una mochila: fuera el camping de safari y dentro la toalla y el bañador. Llamamos a un taxi y nos plantamos en la estación de autobuses. Como en todos los intercambiadores de África, el caos es protagonista. Eran las 11 de la mañana. El autobús estaba a punto de salir. No sabíamos cuánto duraría el trayecto ni cuanto costaba el billete. Nos metimos en el autocar en dirección a Tanga desde donde continuaríamos en taxi hasta Pangani. Pagamos lo que nos pidieron y empezamos un viaje de algo más de 6 horas… El paisaje que se contemplaba desde la ventana no dejaba dormir a nadie: estepas y explanadas, más tarde desierto para después empezar a brotar la vegetación las palmeras y finalmente el olor del Océano Índico.





Al llegar a Tanga cogimos uno de los numerosos taxis que allí esperaban a los recién llegados visitantes. Regateamos como de costumbre e iniciamos el último tramo de nuestro viaje: hacia Pangani, al hotel PEPONI. Ya había caído la noche y por esa precaria carretera caminaban y montaban en bici los locales… en la completa oscuridad. Al pasar el coche por su lado, nuestros faroles daban un respiro a aquellos ciclistas; no obstante, al alejarse nuevamente volvían a quedar envueltos en la sombra.

Habíamos llegado. Un restaurante, un grupo de amigos franceses de avanzada edad y nosotros. Estaba regentado por un tanzano inglés (hijo de antiguos colonos) y su hija. El señor nos dio la bienvenida, nos ofreció algo de cenar y nos indicó, para nuestro agrado, que el mar estaba justo ahí.

Tres de mis amigos tomaron una habitación. Otro y yo preferimos la opción más económica e instalar nuestra tienda de campaña en la zona que el complejo habilitaba para ello, al lado de la playa, con cubierta y tomas de electricidad en varios postes por allá repartidos. Tras cenar, cogimos la toallas, un candil, una botella de ginebra y nos sentamos en aquella oscura playa. No fue hasta el amanecer que nos percatamos de la belleza de aquel océano.



Nos despertamos temprano. Queríamos ver salir el Sol. Poco a poco el negro del noche se iba transformando en un místico celeste. En la costa continental tanzana la marea se retira cientos y cientos de metros de la orilla dejando una infinita lámina de agua casi encharcada que no cubre por encima de los tobillos. A lo lejos se divisaban pequeñas barcas pesqueras. Me eché a caminar hasta ellos sin que el agua me cubriera. Al alcanzar al pescador que achicaba agua de la embarcación con un bidón por la mitad cortado, decidí estrenar mi recién aprendido y aún muy pobre suajili: “ninapanda” “¿Subo?”. Aquel señor sonrió y me invitó a su barco. Comencé a ayudarle a achicar agua y después de un tiempo le dejé continuar con su trabajo.







Desayunamos y nos preparamos para nuestra excursión. Un barquito velero nos llevaría a hacer snorkeling para terminar visitando una isla, “Sand Island”, donde almorzaríamos… Todo aquello por 12 dólares. Nos dieron el material para bucear y empezamos a caminar mar adentro hasta que la orilla parecía una línea lejana en el horizonte, si bien el agua seguía sin cubrirnos.

Los marineros tanzanos capitaneaban el barco. Disfrutamos de los arrecifes de corales en 3 lugares distintos. Este lado de la costa africana es rico en su fondo marino ofreciendo una magnífica experiencia para el amante del snorkeling.









Seguimos navegando. De repente una línea blanca y distante apareció en medio del océano. Dicha franja fue engordando poco a poco hasta que fue evidente reconocerla: era una isla. En realidad, al contratar la excursión no sabíamos nada de aquel sitio. Fue una sorpresa. El agua que rodeaba a esa diminuta isla en medio de la nada era transparente y de un pálido celeste. Ni un árbol, ni un alma. Tan sólo ese banco de arena que el océano nos había obsequiado. Se trataba de un escenario idílico, paradisíaco. Una micro isla para ti y tus amigos, con comida y buceo… por 12 dólares.



Como niños corrimos de un lado a otro, jugamos en el mar, con la arena y finalmente nos relajamos. Llegada la hora de comer, la tribulación improvisó un toldo en medio de la isla con cuatro palos. Sándwich y un refresco. No se podía pedir nada más. No suelo volver a sitios en los que ya estuve… Hay demasiado  por conocer en el mundo. Pero Pangani, Peponi (que además significa paraíso) y la Sand Island son una excepción.









Casi sin darnos cuenta la isla fue menguando. Poco a poco el océano la fue aniquilando, absorbiendo. Era hora de marcharse. La marea subía y para cuando empezamos a alejarnos al ritmo del soplo del viento, aquella inmensa masa de agua había fagocitado ese paraíso... hasta la mañana siguiente, como todos los días.



El final del día fue cubierto con un agradable paseo por la costa, por los manglares, un baño en la piscina y una incipiente insolación. Caímos rendidos y tras un festín de marisco (extremadamente barato), nos fuimos a dormir.




Queríamos asegurarnos de que podríamos coger el autobús que por allí pasaba. Que no perderíamos nuestro autocar en Tanga. La furgoneta que nos tenía que recoger pasó de largo. Empezamos a preocuparnos. Fue entonces cuando extendimos nuestro brazo y paramos a la primera camioneta que pasó. Un transportista de sacos de pescado seco aceptó a llevarnos. Durante más de una hora y sentados sobre aquellos sacos pudimos disfrutar del atestado automóvil que además compartíamos con otros viajeros. En un momento determinado nos paró la policía. Aquel tanzano uniformado se sorprendió al ver a 5 extranjeros sentados sobre la carga de la furgoneta. Podía chapurrear el inglés. Nos hizo un par de preguntas y nos deseó un buen viaje. Seguramente nos inquietamos al pensar que quizás tendríamos algún problemas, pero no sucedió nada.

Llegamos a Tanga y nos lanzamos a nuestro autobús de las 11. Por el camino y en cada estación los vendedores desesperados golpeaban las ventanas para llamar nuestra atención y así comprar fruta, galletas, zumos. Todos repetían la palabra “muzungu” que significa “blanco”. Cada viaje en autobús seguía siempre el mismo patrón. Era siempre una aventura. Por fin llegamos a Arusha, a nuestra casa, cansados después de un largo viaje, tras una corta visita al paraíso al que tanto deseo regresar.

Ya ha pasado más de un año de aquella escapada y sigo en contacto con aquellos amigos. Una trabaja para el gobierno en Singapur, otro para una compañía de comunicación en Indonesia y mi amigo chino cofundó una ONG para promocionar el Derecho Penal Internacional en China (CIICJ).


No dejéis de visitar otras entradas como:


Cuando pisé Tanzania, cuando pisé África


sábado, 28 de septiembre de 2013

           Cuando mi madre me enseñó a bailar sevillanas en aquel verano, pocas semanas antes de la Feria de Málaga, no me podía imaginar que habría un día en que me servirían para ganarme la vida.

Estaba haciendo prácticas en Camboya, para la Oficina del Alto Comisionado de Derechos Humanos de la ONU. Se trataba de mi enésima pasantía y último contrato no remunerado. El dinero ya se acababa, todas las becas estaban liquidadas y pedir más dinero a la familia rozaba la desfachatez. De modo que decidí exportar algo de la tierra y que no se me daba del todo mal: las sevillanas.

Pocos días antes de marcharme vi en un foro de expatriados residentes en Camboya que una organizadora de cursos y talleres buscaba gente capaz de enseñar algo. Enseguida respondí al anuncio ofreciéndome a dar clases de sevillanas o de español… Las de español no llamaron mucho la atención,  sin embargo nuestro pintoresco baile resultaba más llamativo para esta empresa. Así que acordamos una cita para cuando llegara a Phnom Penh.

Ya en el colegio mayor en Madrid había enseñado a varios amigos que se preparaban para la “Feria de Abril” de Ciudad Universitaria. Lo mismo hice en la Embajada de España en Washington D.C. con algunos funcionarios y repetí con un grupo de amigos de las más diversas nacionalidades en Arusha, Tanzania.

Y llegó el día la reunión en aquella academia… La recuerdo como una de las anécdotas más divertidas y, sin mentir en ningún momento, fue todo un despliegue de cara y sinvergonzonería.

-     

     — Hola, soy Manuel. Vengo por las clases de flamenco (Aunque los más puristas no consideran las sevillanas como un palo del Flamenco, esto sigue en permanente discusión, y en el extranjero se patrocina como tal sin entrar en mayores discusiones).
-   — ¡Sí! Encantado. Muchas gracias por venir. Voy a mostrate la sala para ver si efectivamente es apropiada para las clases. (pasamos la habitación contigua: suelo de baldosas, cuarto muy espacioso, con mesas, sillas y un proyector).
-  — Mmmm, sí, sí… Es bastante amplia (comienzo a inspeccionar cada rincón con pronunciada profesionalidad)… ¿Qué tal la acústica…? ¿Entra bastante ruido por las ventanas, no?
-   — Oh, no te preocupes, una vez cerradas no se oye nada (efectivamente, la sala quedó en absoluto silencio).
-    — Siguiendo con la acústica que antes mencionaba… voy a dar unas palmas a ver cómo resuena… (en ese momento improviso unas palmitas a compás de bulerías)… bien, bien. Con respecto al suelo… es una lástima que no sea de madera… permítame si… (de repente me marco un breve taconeo)… bien, bien, no va mal.
-     — Me alegro de que todo esté en orden. ¿Algo más sobre la sala?
-     — Bueno… es una lástima que no haya un espejo que permita a los alumnos verse mientras bailan…
-  — … Bueno, comprar un espejo supondría gastos y si es necesario, eso podría complicar la programación de la clase…
-      — ¡No hay problema, no hay problema! No hace falta espejo. Nos apañamos.
-      — Y bueno, háblame de tu experiencia… ¿cómo aprendiste? ¿has enseñado en el pasado?
-     —  … Bueno, las sevillanas es un baile popular, del pueblo… y por tanto yo lo aprendí en familia, de mi madre… Y sí, en Madrid, Washington y Tanzania he enseñado a más gente; todos pertenecientes a culturas musicales muy diversas.
-      —   ¿Cómo las enseñarías? ¿Cuánto tiempo sería necesario?
-     — Empezaría por la teoría (en ese momento me hago dueño de la pizarra y esbozo un esquema donde aparecían reflejadas la primera, la segunda, la tercera…) y enseguida les pondría a bailar en parejas afianzando cada paso. Sobre cuánto tiempo sería necesario… todo depende de qué grado de dominio se desee.
        — ¿Qué tal un día? Porque dudo que los alumnos deseen comprometerse a un curso de más de un día…
     — ¿… Un día…? mmm... Claro… claro… pero habrá que trabajar duro…
-      — ¡Estupendo! Organizaremos un curso intensivo de sevillanas, nos haremos cargo de la publicidad, del desayuno y merienda, ponemos la sala, electricidad, aire acondicionado… y nos quedaremos con un 50%...
-        — (En fin, qué remedio…) De acuerdo. Trato hecho.



Y llegó el día. Un curso intensivo de 10 de la mañana a 8 de la tarde. Enseñar todas las sevillanas en un sábado a alumnos de todas las edades y nacionalidades: Camboya, Francia, Italia, Bélgica, Australia, Suiza, etc… Fue un éxito. Una jornada agotadora, pero muy divertida y puedo decir orgulloso que aprendieron el baile andaluz por excelencia.


Pero bueno, el sistema de reparto de beneficios no me parecía equitativo. Por otro lado la mayoría de los alumnos querían seguir con las clases. Así nació la idea de comenzar a dar dos lecciones semanales de hora y media: los lunes y martes a 10 dólares por persona y por sesión. ¿Dónde podría continuar las lecciones? Pues sólo había un sitio que lo mereciera y era mi querido Latin Quarter, célebre restaurantes de comida hispana en pleno centro de Phnom Penh. Lo regentaba un uruguallo llamado Diego; un buen amigo que ha vivido y trabajado por todo el mundo y que decidió ofrecerme su local para dar las clase. A él le doy las gracias pues no sólo me permitió sustentarme económicamente sino que en su local pasé momentos muy divertidos. Allí perfeccionamos el baile y lo completamos con modalidades en círculo, de tres y hasta en una silla…








Al marcharme del Reino de Camboya dejaba grandes amistades detrás, colegas de la oficina fabulosos, pero también un puñado de alumnos con los que compartí grandes momentos además de mi cultura. 

Evaluación final: un sobresaliente a todos ellos.

Sigue leyendo otras anécdotas que tuvieron lugar en Camboya o en otros países:


domingo, 22 de septiembre de 2013

          Una vez conocemos el sistema, sabemos qué tipo de pasantía nos gustaría realizar, hemos medido nuestro curriculum y superado los principales obstáculos, nos plantamos ante el paso más tangible e importante: la búsqueda de unas prácticas concretas.

Las formas más comunes de encontrar unas prácticas son:

  • A través de un proceso público y abierto anunciado en un soporte determinado,
  • Por medio de la realización de cursos o programas que nos abran las puertas a una bolsa de empleo en prácticas,
  • Dirigiéndonos directamente a los departamentos de recursos humanos ofreciendo nuestro trabajo a cambio de aprendizaje y experiencia laboral, 
  • Por contactos y el llamado networking.



El proceso público 

        Para muchos no es ni transparente ni imparcial… pero decir eso es mucho. El proceso será más o menos accesible y transparente dependiendo de la organización y sobre todo su tamaño. No es lo mismo mandar el CV para hacer una pasantía de verano en la sede de la Secretaría de la ONU en Nueva York que con una mediana ONG en Ghana.

Para enterarse de las ofertas hay multitud de páginas web que pueden resultar muy útiles si sabemos utilizarlas. Existen páginas de empleo de Naciones Unidas en la que se ofertan los puestos profesionales en todas las sedes y también las web generales en las que toda organización u ONG puede anunciarse. Finalmente, hay sitios generales con respecto campos de trabajo y fuentes de empleo, pero específicos para cada país.

Empleo en Naciones Unidas:

Dos portales principales y generales para toda la organización:


Una página bastante poco ordenada, con puestos inalcanzables para la mayoría de los mortales. La considero bastante poco útil para alguien que está empezando en este mundo… pero ahí está.



Una web ordenada, bastante sistemática, pero que se materializa en la puerta a eternos procesos de selección que rara vez llevan a ninguna parte…

En la parte inferior se puede ver el motor de búsqueda. En "categoría" y "nivel" encontraremos el sistema descrito en el post anterior de este mismo blog: una primera radiografía del sistema. Como se puede leer, la posición “P-1” ha sido directamente eliminada de las posibilidades en la categoría profesional.




Incluye; no obstante, la posibilidad de buscar prácticas (internships) en la que no existen niveles (sólo “I-1”).




El resto de las pestañas no es demasiado útil dado que, en la mayoría de los casos, la oferta no será tan extensa como para que hacer un filtro sea necesario.




Páginas generales de empleo en el campo del desarrollo y los derechos humanos:


Sin duda, la mejor página para encontrar empleo en este terreno que conozco. En la fila de la cabecera de la página se encuentra una pestaña titulada “Jobs”. Ésa es la sección que incluye, no sólo trabajos,
sino también prácticas y voluntariados.




Existe una variedad de filtros. Los más importantes para alguien que se inicie en este mundo o lleve pocos años son dos:

Filter by job type: oferta contratos de consultor, pasantías, voluntariados o contratos de trabajo profesional y remunerado.

Filter by job years of experience: conviene indicar entre 0-3 años.

Con estos dos filtros se despliega un interesante listado de ofertas de trabajo en todo el mundo. En ocasiones veremos como el requisito de 0-3 años puede incluir tanto puestos de voluntariado (no pagados o pagados con un estipendio), prácticas (no remuneradas o provistas de estipendio) y algunos puestos de trabajo profesionales que bien no exigen experiencia laboral previa o dicha experiencia es mínima, o se cuelan ofertas en las que efectivamente se exige 1, 2 o 3 años de experiencia concreta en un puesto muy concreto (por ejemplo director de proyecto, recaudación de fondos, etc…).

Se recomienda al candidato que no se cierre a ningún formato de job type, ya que en ocasiones unos y otros se confunden y se cuelan.




La descripción del puesto puede aparecer completa o vinculada al link de la página de la organización. Para ahorrar tiempo se aconseja leer por encima la descripción buscando 3 datos: años de experiencia requeridos, idiomas exigidos y si es o no remunerado.

La página web se va actualizando a diario así que es bueno visitarla con mucha frecuencia.

Es una fuente de información que sí funciona. Yo personalmente conseguí unas prácticas remuneradas a través de Reliefweb.

UN Jobs: http://unjobs.org/




Páginas generales especializadas en cada país:

En este caso hay que investigar el soporte ofrecido en cada nación. Si tenemos claro que queremos vivir y trabajar en un país concreto, puede ser la fórmula más interesante. Es también cierto que estas webs no se suelen limitar a trabajos de desarrollo y derechos humanos sino que abarcan todos los campos y terrenos.

Pongamos un ejemplo; trabajos en Afghanistan:









Trabajos en Camboya:










La realización de cursos o programas que nos abran las puertas a una bolsa de empleo en prácticas.

            Existen diversos programas que establecen acuerdos con organismos internacionales para que sus participantes culminen el mismo con una experiencia laboral de calidad. Pueden tratarse de estudios superiores como masters, pero también hay cursos de verano. Este blog recomienda el programa INSIDE en cualquiera de sus variantes (Washington DC, Nueva York, Pekín o Kenia). Es un programa útil, interesante y muy formativo que se merecerá un post dedicado exclusivamente a él.



Dirigiéndonos directamente a cada organismo:

En muchas ocasiones la manera más eficaz de conseguir unas prácticas sobre el terreno es dirigiéndose de manera directa por e-mail a los contactos que aparecen en las web oficiales de dichos organismos o indaguemos en la vacantes específicas para tal oficina.

La idea es que el jefe de un proyecto concreto en una agencia específica desbordada de trabajo recibe el e-mail de alguien cualificado, motivado y dispuesto a trabajar gratis… el procedimiento de selección puede ser entonces inmediato. Se trata de organismos que no establecen un programa oficial o periódico de pasantías (a diferencia que en las sedes principales en NYC y Ginebra), pero que sin embargo están capacitadas para emplear a becarios.

Aquí vemos algunos ejemplos (podéis pulsar sobre las imágenes para verlas más grandes):

Se trata de fotos tomadas de las páginas web de agencias que trabajan sobre el terreno y que muestran diferentes maneras de ofertar empleo o prácticas:

"Jobs" en la cabecera:




"Employment" al final de la página:



Distintos programas:



"About us". Es la pestaña más repetida y en la que casi siempre incluyen la sección de empleo:


Vacantes:



Contactar:




Con respecto al servicio diplomático hago referencia a otro consejo para estos casos concretos. En Nueva York tiene sede, no sólo las Naciones Unidas, sino todas las misiones diplomáticas de todos sus estados miembros. Estas misiones pueden ser ricas y muy nutridas de personal como en el caso de la de Alemania, la Unión Europea, Canadá… Pero hay muchos países que por tener unas condiciones económicas más precarias presentan una delgadísima plantilla laboral. La paradoja es que son aquellos países en problemas los que más protagonismo, beneficio y actividad tienen en el seno de la ONU. Por eso necesitan pasantes. Algunos tiene  una regulación restrictiva por la que sólo admiten a pasantes de su propio país… pero en otras ocasiones, no:

Conozco casos de italianos que trabajaron para Navuatu, mejicanos y marroquíes en la Misión de Chile y una alemana colaborando con Afganistán. Esta situación otorga una excelente oportunidad para un recién licenciado de codearse con asuntos de categoría, sintiéndose realmente útil y de ser invitado a las conferencias y reuniones más significativas. Una experiencia laboral de lo más interesante. Para ello conviene ponerse en contacto a través de los e-mails facilitados en la página web oficial de cada Misión.



Por contactos y networking:

         Finalmente cabe hablar del que siempre se dice es la fuente inagotable y más fructífera: para muchos el “enchufe”. En muchos países hispanohablantes aún no estamos concienciados del valor que los anglosajones dan al networking, hacer contactos. Se trata de poner cara, motivación e interés a tu currículo. Aprovecha una de esas oportunidades que te brinda la vida al final de una conferencia o en una recepción para acercarte al que podría ser tu jefe y ofrecer tu trabajo demostrando tus ganas y valía.

Finalmente hay que decir que si bien las primeras prácticas son las más complicadas de conseguir, el siguiente paso, encadenarlas con otras, puede ser realmente sencillo gracias al contacto humano, las referencias, recomendaciones y el buen recuerdo que se deje del trabajo efectuado.



Atención: procuraré actualizar esta entrada siempre que tenga constancia de nuevos links para encontrar trabajo o haya más consejos útiles para los interesados en este mundillo. Si alguien conoce más enlaces y quiere compartirlos, por favor dejadlos en un comentario y los incluiré tan pronto como pueda.




No te pierdas otras entradas que tratan el mismo tema:


Trabajar en la ONU: una Primera Radiografía del Sistema



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