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Mostrando entradas con la etiqueta cocina. Mostrar todas las entradas
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jueves, 13 de febrero de 2014

         Poco se habla de esta antigua república soviética en el Cáucaso, pero en realidad se trata de un precioso y apasionante país que vale muchísimo la pena visitar. En la entrada de hoy, le echamos un vistazo a su capital, Tiflis, o como los locales la llaman: Tbilisi.



1 – Historia

La primera razón para visitar Georgia es su historia. Muchos opinan que fue en esta tierra donde el hombre remató su propia evolución. Numerosos historiadores adjudican a los georgianos de la antigüedad el privilegio de ser uno de los grandes motores culturales de la antigüedad extendiéndose por el Caucaso, la Anatolia, descendiendo por Mesopotamia y hasta el Egipto septentrional. Otros establecen vínculos entre los georgianos y los primeros habitantes de la Península Ibérica, sobre todo, la zona de Euskadi. No en vano el antiguo reino de Georgia era en su origen conocido como Iberia. Hay quienes ven este nombre, no una simple coincidencia, sino una reminiscencia de aquella antigua conexión. Otra prueba de esa ancestral conexión es asombroso parecido entre algunas palabras georgianas y vascas.

Al final, como sucedió con muchas otras naciones, su influencia y tamaño fueron menguando, dividiéndose en pequeños reinos que podemos agrupar en Georgia Occidental y Oriental, en continua disputa entre persas y otomanos hasta que el Imperio Ruso y más tarde la URSS la hizo suya desde 1800 hasta 1991.




Mientras muchos piensan que el nombre de Georgia viene de “San Jorge”, lo cierto es que tiene origen griego y significa “lugar de la agricultura”. Y es que se cree que fue en el Cáucaso donde el ser humano desarrolló y perfeccionó sus aptitudes agrícolas… Esto nos lleva a la segunda razón…



2 - El Vino:

Georgia es reconocida como la cuna del vino. Una tradición milenaria en su contexto agricultor, desarrollando y perfeccionando las técnicas de cultivo. El vino es una parte integrante de la cultura georgiana que poco a poco fue conquistando las mesas de los griegos y romanos hasta llegar a nuestros días.



3- Paisajes:

Tiflis es una ciudad de más de un millón de habitantes que regala un paisaje donde la montaña, el río y la zona urbana se funden. El cauce del Kurá divide a la capital en dos márgenes, izquierdo y derecho, éste último acogiendo el centro de la ciudad y su casco antiguo.


Flanqueada por montañas y colinas, un funicular y un telecabina permiten llegar a la cima y disfrutar de las magníficas vistas. De un lado, el viejo monasterio ortodoxo. Más arriba, en la cima, restaurantes y un privilegiado mirador. El telecabina nos transporta hasta el castillo que corona el monte y hasta aquella gran escultura, alegoría de la ciudad, que representa a una mujer que ofrece vino al visitante amistoso con una mano y muestra su espada con la otra para el invasor.

Vieja imagen de la ciudad en la que se puede apreciar el funicular, el monasterio y el mirador en la cima de la colina

4 – Arquitectura:

En Tiflis podemos toparnos con la arquitectura civil, la religiosa con solera además de la más vanguardista.

Desde que San Nino de Capadocia (actual Turquía) convirtiera al cristianismo en el 330 a Mirian, rey persa que gobernaba sobre Georgia, este país ha sido un fortísimo defensor del cristianismo ortodoxo. En la antigua catedral se puede ver la cruz original de San Nino y fuera de la ciudad antigua se puede visitar la segunda catedral ortodoxa más grande del mundo.



La noche da un protagonismo especial al castillo que domina la montaña.



La vanguardia llegó a Tiflis en forma de puente y sala de conciertos:




5 – Museos

Tiflis está bien nutrida de museos que custodian los tesoros, la historia y el arte pictórico de la nación:

Museo Nacional: una guía de excepción, la Sra. Lamara que habla perfectamente inglés y francés compartirá su extensísimo conocimiento sobre la historia de su patria a través de elementos de 10 mil años de antigüedad (una piedra tallada), pasando por la edad de bronce hasta llegar al exquisito y refinado tratamiento del oro, joyas y tesoros de la cultura georgiana.



El animal nacional de Georgia es el ciervo que ya en la antigüedad gozaba de un halo de divinidad

Museo de Bellas Artes: custodia los grandes tesoros de Georgia. Con piezas de épocas posteriores a las que encontraremos en el Museo Nacional, estas obras del arte sacro ortodoxo demuestran el poderío artístico de esta pequeña nación.



Museo de Arte: En el campo pictórico, Georgia roza el cénit del posimpresionismo de la mano de 3 grandes artistas del siglo XIX y principios del XX:

Firosmani:



Gudiashvili:



Gabashvili:




6 – Comida

La gastronomía Georgiana es excelente, deliciosa. Los vinos antes mencionados acompañan a platos típicos como:

khinkali



khachapuri



acharuli



7 – Baños de agua sulfurosa:

La última noche en Tiflis exige descanso y relajación en sus baños de aguas sulfurosas. No en vano, el rey que fundó la villa, Vakhtang I Gorgasali, lo hizo tras ver cómo su halcón de caza caía directo sobre ciénagas de aguas sulfurosas y calientes. Es por esto que Tbilisi significa originalmente, “aguas calientes”.

Siempre se escucha citar los baños turcos, los árabes y las saunas finlandesas… no obstante, también existe un lugar adicional a estos refugios de relajación: los baños de aguas sulfurosas georgianos.


Existen varios baños tradicionales y muchos se disputan haber acogido en sus visitas a la región al célebre poeta ruso, Alexander Pushkin. Si bien algunos ofrecen extraordinarias fachadas como la de la foto, podemos recomendar los Royal Baths. Aquí se alquilan salas de baño privadas por 40 laris más masaje y enjabonado por 20 laris más por persona. Un vestuario y finalmente una sala con una pequeña piscina, o gran bañera, según se vea. El agua sulfurosa está caliente y resulta sorprendentemente relajante. A la media hora el masajista exfoliará la piel del usuario, lo enjabonará y dará un masaje. Tras una ducha se puede uno volver a sumergir en las aguas sulfurosas. Una experiencia imprescindible.



8- Cultura:

Una de las experiencias más apasionantes de un viaje a Georgia es el choque cultural, o mejor dicho, el descubrimiento de su extensísima idiosincrasia.

Cabe destacar su idioma que no pertenece a ninguna otra familia lingüística, ni a la indoeuropea, ni a las del Altái.

Además cuentan con un alfabeto propio sólo utilizado en georgiano.



Si bien es un país de escasas dimensiones cada región ha desarrollado su propia vestimenta tradicional. Este es un ejemplo del sombrero típico georgiano.



Finalmente cabría mencionar sus llamativas danzas folclóricas:



9- Alrededores:

Tiflis es el más cómodo punto de acceso al país. Desde allí se pueden explorar ciudades costeras como Batumi, los espectaculares pico y valles del Cáucaso o pequeñas aldeas cerca de la capital como Gori, pueblo natal de Stalin… que sí, era georgiano.



Es también el puerto de entrada más recomendable para iniciar un viaje por todo el Cáucaso: Armenia y Azerbaiyán.

10- Es baratísimo

La divisa nacional, el Lari Georgiano, está a 2,34 en relación al euro. Trasladarse por la ciudad de Tiflis, comer y visitar los museos resulta increíblemente económico.



Un trayecto en taxi por el centro no debería superar los 5 Lari.
Entrada en los museos: 6 Lari.
Comer en un restaurante tradicional: 10 Lari.

Volar allí también puede ser muy barato desde Estambul, por ejemplo. Allí opera la aerolínea Pegasus que por entre 70 a 90 euros nos llevará al corazón del Cáucaso.

Los ciudadanos de países miembros de la Unión Europea no precisan visado.

¡Así que no lo dudéis y preparad vuestro viaje a Georgia!


No os perdáis otros consejos de viajes como:

Escapada a Pangani, el Paraíso en Tanzania




viernes, 31 de mayo de 2013

       Cambiamos de continente y nos vamos al Sudeste Asiático. Por ser Tailandia uno de los exponentes culturales de la región, la mayoría piensa que sus países vecinos disfrutan tanto del picante como los siameses… no es el caso de Camboya. La cocina jemer es rica, deliciosa y también guarda un hueco para probar algo exótico.

A parte de los numerosos vendedores ambulantes (especialmente en las zonas rurales) que ofrecen todo tipo de insectos fritos, también hay restaurantes de categoría que se dedican a las mismas lides.
Se trata del restaurante Romdeng, en Phnom Penh. Aquí aprendices de chef hacen de las suyas y ponen sobre el mantel manjares como tarántulas fritas o filetes con salsa de hormigas. En el primer caso se trata de tres tarántulas. El sabor es algo salado y la sensación es crujiente y propia de la comida frita. Lo mejor son las patas y el tórax; la cola puede ser algo viscosa…

Tarántulas fritas

Con respecto a las hormigas, es interesante, pero ofrece muy poco al plato, no se perciben demasiado. Vale la pena probarlas, no obstante.

Carne con salsa de hormigas

En la jungla de Mondulkiri, nuestros guías se dedicaron a cazar ranas por la noche que cocinarían por la mañana para el desayuno. Empaladas entre dos ramas se harían al fuego resultando en una carne tiernísima y muy sabrosa. En el Reino de Camboya las comía muy a menudo… casi todas las semanas.
También en Camboya fui a uno de los dos únicos restaurantes norcoreanos del país. Repito, Corea del Norte. Se pueden considerar como las únicas embajadas culturales del aislado estado asiático. Allí las camareras, que no tienen permiso para abandonar el restaurante y la zona que lo rodea y según dicen tienen requisados sus pasaportes, llevan el vestido tradicional coreano y bailan una de las danzas autóctonas. El plato estrella es el famoso perro coreano… que justo el día que yo fui se había acabado. Me conformé con lengua de buey y corazón de vaca, si no recuerdo mal.

Ranas recién cazadas en la jungla de Mondulkiri

En Vietnam por fin encontré lo que andaba buscando… carne de perro. Se trata de una raza destinada al consumo, no a la compañía. Es un plato muy común en algunos países de Asia; en especial, Corea, Vietnam y algunas comunidades no musulmanas de Indonesia (el Islam prohíbe el consumo de carne canina además de la porcina). Tomé una moto que me llevó al restaurante local donde entre fogones preparaban carne de perro de todas las maneras imaginables. Se trata de una carne tierna y extremadamente sabrosa… Repito.

En Singapur, un buen amigo me llevó a probar la otra parte de la que se considera una de las mejores cocinas de Asia. Degusté las patas de gallo y los célebres huevos centenarios. Se trata de huevos que después de largas temporadas mantenidos en conservas toman un color oscuro, casi negro… admito que no me gustaron demasiado. Al menos lo acompañé con delicioso zumo de caña de azúcar.
Patas de gallo

Huevos centenarios

La línea roja de la cocina exótica la sobrepasé en Indonesia. En Yakarta hay varios restaurantes que se dedican a servir comida quizás demasiado extravagante… Éste es el menú y esto lo que tomé:

Sangre de cobra:
Si vas a la cocina podrás ver todas las jaulas con distintos tipos de serpientes. Allí podrás elegir tu cobra. En frente de ti la sacarán, la decapitarán y la estrujarán derramando su sangre hasta rebosar el vaso. Acto seguido la desollarán y le extraerán el hígado que será mezclado con la sangre y licor de arroz. La creencia popular es que la sangre de cobra da al que la consume fuerza y resistencia… yo cogí una gastroenteritis que me tuvo en el hospital 4 días… No repito. Eso sí, fui el único de todos los que conozco que se puso malo… ¿mala suerte?

Elige tu cobra

Antes de ser decapitada

Extrayendo su sangre

Preparación final con su hígado 

Carne de pitón. Deliciosa. Mi favorita de aquel día. Tierna, con más espina de las que esperaba, sabrosa y jugosa. Repetiría.
Rodajas de pitón cortadas por la mitad


Carne de lagarto. Sin más. No veo por qué repetir.

Carne de mono. Ésta presentaba una cierta encrucijada ética… al final la probamos y resultó ser bastante tierna y rica.  

Carne de murciélago… la peor… A veces pienso que fue ésta la que me produjo la gastroenteritis.


Moraleja: hay mucho que probar, pero también hay que tener cuidado. Sólo he enfermado una vez y eso sí que no se lo recomiendo a nadie.

Echadle un ojo a la entrada que precede a ésta si queréis leer más sobre comida exótica de otros países: Cocina Exótica: Mucho Cuidado Con Lo Que Comes. Tanzania, Kenia, Egipto Y México.
           Comer es para muchos uno de los grandes placeres de la vida, para otros menos comilones, poco más que una agradable necesidad. En cualquier caso, es indudable que a través de la cocina se puede explorar un componente importantísimo de la cultura de un país extranjero. En ocasiones buscamos nuevos sabores, ingredientes o combinaciones de los anteriores para ser partícipes de nuevas experiencias culinarias. Otros buscan lo exótico, lo extravagante y lo extraño… la aventura en la cocina. Esta entrada está dedicada a esos manjares que a algunos causan repulsión y a otros les sube la adrenalina.

Empezando por el nivel amateur: la cocina safari. En Kenia y Tanzania se puede encontrar comida de animales salvajes que rara vez se verán en los ultramarinos occidentales. En Nairobi, Kenia, hay un famoso restaurante llamado Carnivore. Allí se ocupan de preparar y servir toda la carne que se pueda imaginar… pero también depende de la temporada y el control de las autoridades. Es un restaurante notorio de modo que no se puede permitir el lujo de vender piezas prohibidas. En otra época servían camello, cebra y gacela. Hoy por hoy lo más exótico que se puede pedir del menú es cocodrilo y avestruz. El cocodrilo tiene un sabor curioso, un punto medio entre pollo y merluza quizás. La avestruz es carne tierna y realmente sabrosa… se ha convertido en mi favorita.

A la izquierda, albóndigas de avestruz y justo encima, de color amarillento, cocodrilo


 Cocinero de Carnivore preparando la última pieza de la noche


También fui a una granja de avestruces con ganas de degustar dicha carne una vez más. Compramos un huevo y por la noche preparamos una buena tortilla: ¡más rica que las de huevo de gallina!

 Carne de avestruz

 Tortilla de huevo de avestruz

Según me han contado, en Arusha, Tanzania, existe una carnicería donde si dices la palabra exacta y de la manera correcta, estarán encantados por venderte algún kilo de sabrosa gacela. En Kenia conozco quien probó la carne de elefante… y habla muy bien de ella.

Recuerdo que en medio de esta caza carnívora pregunté si era posible comer carne de león… ¡Todos mis amigos tanzanos y kenianos me miraban con cara de asco!

¿Cómo vamos a comer carne de león? Nunca lo haríamos

Lo cierto es que comer carne de animales carnívoros es, por lo visto, tabú. Engullir un herbívoro es una cosa… hacer lo propio con una bestia que devora otros animales es otra. Sin embargo, una amiga me confesó que a su padre le sirvieron en una ocasión carne de león a los pies del Kilimanjaro y la describía como una carne dura, fibrosa, difícil de masticar.

Un poco más al norte, en Egipto, probé un plato típico: cerebro de vaca frito. Bastante bueno.

Saltando al otro lado del Atlántico, en el precioso Méjico fui en busca de los famosos chapulines; es decir, saltamontes fritos. Esta búsqueda me llevó hasta el peligroso y poco acogedor Mercado de la Merced en D.F. Después de una travesía (digna de otra entrada en el blog) para encontrarlos… me los dejé olvidados en el coche…

En un buen restaurante de Polanco no me resistí a pedir escamoles; es decir, larvas de hormigas que preparan salteadas al lado de la mesa para servirlas al instante. Un sabor peculiar e interesante; reconocido manjar. 

Para el siguiente nivel, sigue leyendo la siguiente entrada: Más cocina exótica: ten aún más cuidado con lo que comes: Camboya, Vietnam, Singapur e Indonesia. Serpientes, tarántulas, monos, perros y mucho más...

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