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Mostrando entradas con la etiqueta mundo. Mostrar todas las entradas
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domingo, 6 de abril de 2014



             Eran cerca de las seis de la tarde y en Antakya (Antioquía) ya estaba oscuro. Volvía con un par de amigos de una escapada en coche para ver ruinas romanas y cristianas. En el primer caso nos topamos con el antiguo puerto Seleucia de Piera, frente a una extensa, aunque algo sucia playa. Allí se encuentra el túnel de Tito y Vespasiano, ejemplo del poderío de ingeniería romana que conecta los dos extremos de una colina a través de un inquietante pasaje de piedra.

También exploramos los restos cristianos del Monasterio de San Simeón. En la cima de una montaña, esta histórica y no demasiado bien conservada estructura ha sido afeada con la instalación de molinos eólicos alrededor. Más lástima daba ver que sus excelentes mosaicos del s. VI quedaban ninguneados bajo el polvo, la tierra y la suiciedad.


El día había sido bastante completo y como decía, ya regresábamos a Antakya. Nos disponíamos a aparacar cuando escuchamos un estruendo que se repetía con cierto ritmo. Dos tambores y una flauta animaban la calle. La gente los seguía hasta que entraron en una bocacalle donde se asentaron para continuar la fiesta y su singular concierto. Nos dimos cuenta enseguida de que se trataba de una boda turca. Antakya, con todo su gloriosa historia, su importancia en este lado de Turquía y sus casi 250.000 habitantes sigue teniendo mucho de provinciano y las bodas no son sólo un evento para los más allegados sino una motivo de regocijo para todo el barrio que lo celebra con ímpetu.

La boda turca tiene varias fases y se alarga bastante hasta que todos los trámites que unen a dos personas en matrimonio quedan formalmente concluidos. Así contratan a unos músico para dar fe del evento e invitar a la gente a bailar en mitad de la calle, que en este caso era la de la casa de la novia. Los invitados y curiosos como nosotros se agolpaban. Empezaron a tocar una canción que me sonaba familiar; era mi favorita: “Ankarani Baglari”. Los testigos, el padrino y el novio nos sacaron a bailar allí mismo a mis amigos y a mí. Nos caímos bien y nos invitaron a subir a la segunda planta de la vivienda de la recién casada. Era uno de los momentos más emotivos: la novia vestida de blanco, que ya no era una niña, abandonaba la casa de sus padres entre llantos de unos y otros. El rellano estaba a revosar. Bajaron a la calle donde les esperaba el coche que les conduciría al convite. La ceremonia oficial ya había tenido lugar bastante más temprano y ya sólo quedaba celebrarlo. Pensábamos que ya todo había acabado para nosotros, pero fue entonces cuando la hospitalidad turca nos sorprendió una vez más ya que insistieron en que les acompañáramos a la fiesta. No nos lo pensamos dos veces.


Mi canción turca favorita
La novia abandonando su casa y acompañada por un pariente


Llegamos a una sala de fiestas. La entrada estaba toda engalanada con un pasillo flanqueado por los miembros más importantes de la familia para recibir a la pareja. Nos indicaron donde sentarnos y desde entonces no pasamos solos ni un instante. Haciendo alarde de una amabilidad desmedida se nos acercaban unos y otros para conocernos, asegurarse de que estábamos bien, de que no nos faltaba nada. Mesas repletas de gente de todas las edades se disponían alrededor de una pista de baile, un escenario donde se preparaba el cantante y un poco más a la derecha, la mesa de honor para la novia y el novio.


Llegaron por fin y comenzó la jarana. Primero, un baile inaugural al son de una popular canción turca del 2013 mientras que los camareros sostenían bengalas y caminaba en círculos rodeando a la pareja. La novia que lucía un vaporoso vestido llevaba ceñido una especie de fagín con dos iniciales: A & F: Fátima y Ahmet. Después, una pieza lenta para bailar agarrados en la que ya podía participar todos los invitados. Ya finalmente el desmadre: en una celebración musulmana no se sirve alcohol por lo que sorprende aún más la animación y alegría de hombres y mujeres de todas las edades por arrancarse a bailar las danzas típicas del país y la región. Generalmente hombres bailan con hombres y las mujeres con mujeres por su lado aunque también se admitían grupos mixtos. 

Los gestos típicos en el varón: brazos extendidos, dedos chisqueantes y pies al ritmo de cada tonada. La mujer sin embargo no abre sus brazos sino que los que los mantienen cerrados haciendo movimientos circulares como si llamaran a alguien a acercarse a ellas. No nos dejaron descansar ni un segundo, era una boda, estábamos como otros invitados más y había que bailar y divertirse.




Otra danza muy recurrida consistía en cogerse de la manos en fila india hasta hacer un círculo que si viene más nutrido de la cuenta se comienza a cerrarse sobre sí organizando varias filas. El que dirige el baile a un extremo sostiene un pañuelo con una mano derecha y agarra con la izquierda a la de su compañero que hará lo propio con el siguiente. Los pasos sencillos consistentes en cruzar los pies y dar pataditas al aire se revelaron bastante divertidos cuando todos lo seguíamos al unísono.



Los novios vuelven a salir a bailar y los parientes empiezan a arrojar dinero sobre sus cabezas. Los billetes que lanzaban servían para augurar fortuna a los recién casados. Acercándonos detenidamente al dinero, nos dimos cuenta de que se trataban de billetes falsos que se pueden comprar por paquetes en el bazar para este tipo de celebraciones.



Por fin llegó la tarta. Varios pisos de pastel que luego también resultó ser falso. Un aparente ejemplo de repostería que quedaría muy bien en la foto, pero que en absoluto era comestible. El pastel de verdad vendría servido en platos para cada uno de los asistentes posteriormente.

Nuestro avión de vuelta a Estambul salía en apenas una hora y teníamos que abandonar, muy a nuestro pesar, aquella estupenda fiesta. Nos despedimos de mayores, jóvenes y niños que tan hospitalarios y fantásticos fueron con nosotros sin antes dar las gracias a los protagonistas del evento y desearles lo mejor.


Nunca pensé que me cruzaría con una boda en mi viaje a Antioquía. Pero he de admitir que fue tremendamente divertida e interesante desde el punto de vista cultural. Habrá que repetir.


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Una Boda en Indonesia


jueves, 13 de febrero de 2014

         Poco se habla de esta antigua república soviética en el Cáucaso, pero en realidad se trata de un precioso y apasionante país que vale muchísimo la pena visitar. En la entrada de hoy, le echamos un vistazo a su capital, Tiflis, o como los locales la llaman: Tbilisi.



1 – Historia

La primera razón para visitar Georgia es su historia. Muchos opinan que fue en esta tierra donde el hombre remató su propia evolución. Numerosos historiadores adjudican a los georgianos de la antigüedad el privilegio de ser uno de los grandes motores culturales de la antigüedad extendiéndose por el Caucaso, la Anatolia, descendiendo por Mesopotamia y hasta el Egipto septentrional. Otros establecen vínculos entre los georgianos y los primeros habitantes de la Península Ibérica, sobre todo, la zona de Euskadi. No en vano el antiguo reino de Georgia era en su origen conocido como Iberia. Hay quienes ven este nombre, no una simple coincidencia, sino una reminiscencia de aquella antigua conexión. Otra prueba de esa ancestral conexión es asombroso parecido entre algunas palabras georgianas y vascas.

Al final, como sucedió con muchas otras naciones, su influencia y tamaño fueron menguando, dividiéndose en pequeños reinos que podemos agrupar en Georgia Occidental y Oriental, en continua disputa entre persas y otomanos hasta que el Imperio Ruso y más tarde la URSS la hizo suya desde 1800 hasta 1991.




Mientras muchos piensan que el nombre de Georgia viene de “San Jorge”, lo cierto es que tiene origen griego y significa “lugar de la agricultura”. Y es que se cree que fue en el Cáucaso donde el ser humano desarrolló y perfeccionó sus aptitudes agrícolas… Esto nos lleva a la segunda razón…



2 - El Vino:

Georgia es reconocida como la cuna del vino. Una tradición milenaria en su contexto agricultor, desarrollando y perfeccionando las técnicas de cultivo. El vino es una parte integrante de la cultura georgiana que poco a poco fue conquistando las mesas de los griegos y romanos hasta llegar a nuestros días.



3- Paisajes:

Tiflis es una ciudad de más de un millón de habitantes que regala un paisaje donde la montaña, el río y la zona urbana se funden. El cauce del Kurá divide a la capital en dos márgenes, izquierdo y derecho, éste último acogiendo el centro de la ciudad y su casco antiguo.


Flanqueada por montañas y colinas, un funicular y un telecabina permiten llegar a la cima y disfrutar de las magníficas vistas. De un lado, el viejo monasterio ortodoxo. Más arriba, en la cima, restaurantes y un privilegiado mirador. El telecabina nos transporta hasta el castillo que corona el monte y hasta aquella gran escultura, alegoría de la ciudad, que representa a una mujer que ofrece vino al visitante amistoso con una mano y muestra su espada con la otra para el invasor.

Vieja imagen de la ciudad en la que se puede apreciar el funicular, el monasterio y el mirador en la cima de la colina

4 – Arquitectura:

En Tiflis podemos toparnos con la arquitectura civil, la religiosa con solera además de la más vanguardista.

Desde que San Nino de Capadocia (actual Turquía) convirtiera al cristianismo en el 330 a Mirian, rey persa que gobernaba sobre Georgia, este país ha sido un fortísimo defensor del cristianismo ortodoxo. En la antigua catedral se puede ver la cruz original de San Nino y fuera de la ciudad antigua se puede visitar la segunda catedral ortodoxa más grande del mundo.



La noche da un protagonismo especial al castillo que domina la montaña.



La vanguardia llegó a Tiflis en forma de puente y sala de conciertos:




5 – Museos

Tiflis está bien nutrida de museos que custodian los tesoros, la historia y el arte pictórico de la nación:

Museo Nacional: una guía de excepción, la Sra. Lamara que habla perfectamente inglés y francés compartirá su extensísimo conocimiento sobre la historia de su patria a través de elementos de 10 mil años de antigüedad (una piedra tallada), pasando por la edad de bronce hasta llegar al exquisito y refinado tratamiento del oro, joyas y tesoros de la cultura georgiana.



El animal nacional de Georgia es el ciervo que ya en la antigüedad gozaba de un halo de divinidad

Museo de Bellas Artes: custodia los grandes tesoros de Georgia. Con piezas de épocas posteriores a las que encontraremos en el Museo Nacional, estas obras del arte sacro ortodoxo demuestran el poderío artístico de esta pequeña nación.



Museo de Arte: En el campo pictórico, Georgia roza el cénit del posimpresionismo de la mano de 3 grandes artistas del siglo XIX y principios del XX:

Firosmani:



Gudiashvili:



Gabashvili:




6 – Comida

La gastronomía Georgiana es excelente, deliciosa. Los vinos antes mencionados acompañan a platos típicos como:

khinkali



khachapuri



acharuli



7 – Baños de agua sulfurosa:

La última noche en Tiflis exige descanso y relajación en sus baños de aguas sulfurosas. No en vano, el rey que fundó la villa, Vakhtang I Gorgasali, lo hizo tras ver cómo su halcón de caza caía directo sobre ciénagas de aguas sulfurosas y calientes. Es por esto que Tbilisi significa originalmente, “aguas calientes”.

Siempre se escucha citar los baños turcos, los árabes y las saunas finlandesas… no obstante, también existe un lugar adicional a estos refugios de relajación: los baños de aguas sulfurosas georgianos.


Existen varios baños tradicionales y muchos se disputan haber acogido en sus visitas a la región al célebre poeta ruso, Alexander Pushkin. Si bien algunos ofrecen extraordinarias fachadas como la de la foto, podemos recomendar los Royal Baths. Aquí se alquilan salas de baño privadas por 40 laris más masaje y enjabonado por 20 laris más por persona. Un vestuario y finalmente una sala con una pequeña piscina, o gran bañera, según se vea. El agua sulfurosa está caliente y resulta sorprendentemente relajante. A la media hora el masajista exfoliará la piel del usuario, lo enjabonará y dará un masaje. Tras una ducha se puede uno volver a sumergir en las aguas sulfurosas. Una experiencia imprescindible.



8- Cultura:

Una de las experiencias más apasionantes de un viaje a Georgia es el choque cultural, o mejor dicho, el descubrimiento de su extensísima idiosincrasia.

Cabe destacar su idioma que no pertenece a ninguna otra familia lingüística, ni a la indoeuropea, ni a las del Altái.

Además cuentan con un alfabeto propio sólo utilizado en georgiano.



Si bien es un país de escasas dimensiones cada región ha desarrollado su propia vestimenta tradicional. Este es un ejemplo del sombrero típico georgiano.



Finalmente cabría mencionar sus llamativas danzas folclóricas:



9- Alrededores:

Tiflis es el más cómodo punto de acceso al país. Desde allí se pueden explorar ciudades costeras como Batumi, los espectaculares pico y valles del Cáucaso o pequeñas aldeas cerca de la capital como Gori, pueblo natal de Stalin… que sí, era georgiano.



Es también el puerto de entrada más recomendable para iniciar un viaje por todo el Cáucaso: Armenia y Azerbaiyán.

10- Es baratísimo

La divisa nacional, el Lari Georgiano, está a 2,34 en relación al euro. Trasladarse por la ciudad de Tiflis, comer y visitar los museos resulta increíblemente económico.



Un trayecto en taxi por el centro no debería superar los 5 Lari.
Entrada en los museos: 6 Lari.
Comer en un restaurante tradicional: 10 Lari.

Volar allí también puede ser muy barato desde Estambul, por ejemplo. Allí opera la aerolínea Pegasus que por entre 70 a 90 euros nos llevará al corazón del Cáucaso.

Los ciudadanos de países miembros de la Unión Europea no precisan visado.

¡Así que no lo dudéis y preparad vuestro viaje a Georgia!


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Escapada a Pangani, el Paraíso en Tanzania




domingo, 12 de enero de 2014

       Ya he escrito en algún post anterior que uno de los elementos distintivos de unas y otras tribus africanas son sus características culturales. Al hablar de cultura nos referimos a una inmensidad de expresiones y particularidades sociales que pueden ir desde la espiritualidad hasta el acento. Una de ellas son sus leyendas.

Una muy buena amiga keniana me enseñó algunas de estas historias. Ella pertenecía a dos tribus: los “lúo” por parte de su madre y los “kamba” por su lado paterno. Los “lúo” pertenecen a la familia de pueblos nilóticos mientras que los “kamba” son bantúes. El enfrentamiento tribal ya estaba servido. Sin embargo, esta historia de amor demostró ser más fuerte que las desaprobaciones familiares. Fue más poderosa que los mismos prejuicios que un europeo podría tener desgraciadamente hoy en día si uno de sus vástagos se empareja con un gitano, un judío o un negro. Parece todavía más sorprendente cuando estas pugnas se manifiestan en personas del mismo país, raza y religión… Pero es así.



De esta osadía nació mi amiga que, no sólo podía hablar las lenguas oficiales del país: inglés y suajili, sino que también chapurreaba algo de los idiomas lúo y kamba. Este bagaje cultural mixto le hizo conocer leyendas preciosas de sirenas y genios de la cultura suajili que salían desnudas del mar en plena noche y enamoraban a lugareños de los pueblos costeros que al día siguiente despertaban solos en sitios insospechados, sin saber cómo llegaron allí.

Pero entre mis historias favoritas están precisamente una de tradición lúo y otra kamba:

El héroe guerrero de los lúo se llama Luanda Magere. Vivía con su pueblo en la zona oriental del lago Victoria. Se trataba de un luchador grande y fuerte. Conocido por su invencibilidad. No había arma que le hiriese y en cualquier batalla salía ganador, especialmente contra sus enemigos históricos; el pueblo nandi.



Los nandi decidieron entregarle la joven más hermosa de su tribu para así descubrir su punto débil y poder derrotarlo por fin. Luanda Magere la tomó como esposa entendiendo que se trataba de un acuerdo de paz. El cuerpo de Luanda Magere era en efecto invencible, pero no así su sombra. La equivocación del gran guerrero lúo fue revelar su más valioso secreto a su mujer que pronto escapó para contárselo a su clan. Pronto los nandi iniciaron una ofensiva. La batalla había comenzado y los agresores volvían a perder como siempre… hasta que uno de sus soldados decidió seguir las exóticas instrucciones de la joven traidora y arrojó su lanza contra la sombra de Luanda Magere. El gran guerrero lúo murió inevitablemente y su cuerpo se convirtió en una roca que hoy es todavía destino de visitantes y ritos tribales.



Es llamativo ver cómo este esquema legendario se repite injustamente una y otra vez: la mujer seductora y traidora. Recuerda a Dalila infame que despojó de su fuerza a Sansón al cortarle su cabello. O a Adán y Eva con la manzana del Árbol de la Ciencia. No se nos escapa tampoco el mito del talón de Aquiles y la guerra desencadenada por Penélope.

Otra bonita leyenda procede, según me contó, de la tradición kamba. Según ella, un cazador se adentró en el bosque en busca de un elefante que cazar. Iba solo y después de varias horas de camino halló tras un árbol una espléndida piel de elefante. Pensó que sería suficiente trofeo por su día de cacería y que no requería buscar una pieza que matar. En su camino de vuelta se topó con una preciosa mujer que caminaba por el bosque totalmente desnuda. Atónito se acercó a ella y le ofreció refugio. Así la llevó consigo a casa. Se enamoraron y crearon una familia. Tuvieron varios hijos y todos ellos eran enormes y fuertes. Cerca de su cabaña había una especie de cobertizo en el que aquel cazador guardaba todo tipo de artilugios. También guardó allí la piel de elefante que había encontrado el día que conoció a su esposa. Un día pidió a su mujer que se acercara a aquella cabaña para que le trajera algo. La mujer, que jamás había entrado allí se encontró aquella preciosa piel de elefante…



El marido, harto de esperar salió de su morada y vio perplejo como un gran elefante se alejaba del poblado… su mujer volvía a casa.


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África… Esa Gran Desconocida: Una Introducción a los Pueblos de África

sábado, 26 de octubre de 2013

           A veces, cuando estamos de viaje escuchamos en la radio, por la calle o a algún grupo de música local canciones españolas o a las que siempre hemos estado acostumbrado a oír en español. La sorpresa viene al darnos cuenta de que aquellas canciones tan nuestras han traspasado fronteras y han sido versionadas en lenguas extranjeras. Suelen ser divertidas aunque en ocasiones chirrían más de la cuenta...

Aquí os dejo algunas curiosas versiones de canciones muy nuestras, de la comunidad hispanohablante: 

Y Viva España, del difunto Manolo Escobar. Tenía que ser la primera en aparecer en esta entrada. Sí, sí.... versión en inglés: 




Paquito el Chocolatero. El famoso pasodoble traspasó los Pirineos y fue traducida al francés:



Borriquito como Tú: La célebre tonada de Peret también se cantó en francés. A nuestros vecinos les gusta lo nuestro.




Amor, Amor,Amor de Lolita. Esta famosa canción española de la hija de Lola Flores ganó gran fama y reconocimiento entre nuestros vecinos del Mediterráneo: los turcos.




La Bamba. Iba medio dormido en un autobús de Myanmar (Birmania) cuando escuché una melodía que me resultaba muy familiar: La Bamba... ¡pero en birmano!




Angelitos Negros de Machín fue una gran canción de protesta antirracista. En los tiempos de la reclamación de derechos civiles en Estados Unidos también tuvo cabida su adaptación al inglés.



Una Rosa es una Rosa fue una de las grandes piezas de Mecano. Ellos mismos la interpretaron en italiano. Lo que no es tan conocido es que la cantante griega Konstantina decidió hacerse con la versión helena para su propio repertorio.


Guantamera. Hito de la música hispana cosechó éxitos y popularidad en Camboya con su versión en lengua jemer.


Sevillanas en japonés. Para acabar hay que reconocer el esfuerzo de este grupo de flamenquito que se abren al mercado nipón arrancándose a cantar sevillanas en japonés:



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Canciones de cada Hemisferio


sábado, 5 de octubre de 2013

          Quien esté libre de pecado que tire la primera piedra… yo me guardo la mía detrás de la espalda y es que, en términos generales, sabemos muy poco de África. Ese gran y majestuoso continente lleno de cultura, color, paisajes imposibles, fauna y flora pasa por delante de nosotros revestido de un inmenso manto de estereotipos y clichés que nos impide comprender y entender qué es África.

No seré yo quien pretenda, en una humilde página de un blog, poner fin a esta asignatura pendiente de Occidente, pero sí quizás picar un poco la curiosidad de quien lo lea. Y es que cuando escuchamos aquel vocablo nos vienen casi siempre las misma ideas a la cabeza: guerra, miseria, sufrimiento, corrupción, inestabilidad, violaciones de derechos humanos… y para aquellos más optimistas, animales, el Rey León, tribus de Masáis pegando brincos, cascadas, la sabana, junglas…



Intentemos poner algunas ideas básicas sobre la mesa: África no es un todo homogéneo… de hecho es terriblemente heterogéneo. No hay dos países iguales ni en cultura, historia o política. Empezando por lo más básico: El continente puede ser dividido en dos primeros grandes grupos:

Árabes en el norte y de inminente mayoría mahometana,



Y África subsahariana, o África Negra para el resto del continente. 

Dentro de este último, una siguiente división puede ser trazada basada en movimientos de población, grupos étnicos pero principalmente lingüísticos. De la misma manera que en Europa nos referimos a diversos grupos con características comunes lingüístico-étnicas como los pueblos mediterráneos o latinos, los eslavos, los escandinavos, germanos, celtas, anglosajones, bálticos… en África podemos toparnos con los siguientes:



Bantú: originarios de la zona del Congo y Gabón, se extendieron y poblaron gran parte del África Subsahariana desde Gabón hasta Tanzania alcanzando el sur África. Los idiomas bantúes tienen raíces y sistema gramatical comunes, pero que se han ido desarrollando de manera diversa (tal y como las lenguas romances en el Viejo Continente). Se suelen tratar de idiomas donde la inclusión de prefijos, infijos y sufijos se revela como elemento más característico.

Uno de los ejemplos más famosos de este grupo es la cultura y mundo Swahili (suajili). El idioma, de gramática bantú con una inmensa influencia árabe en el vocabulario, se extiende por Tanzania, Kenia, este del Congo (RDC), norte de Mozambique y sur de Somalia. Es el producto de los intercambios culturales y comerciales, la esclavitud y la hegemonía política del Sultanato de Omán en la costa oriental africana durante siglos.



Congo-nigerianos: se trata de otra gran familia lingüística que ocupa el África Occidental y Central.



Nilítico: en Kenia, Sudán del Sur y Chad son un grupo de gran relevancia. Comparten raíces lingüísticas comunes donde la gramática se presenta como una mucho más compleja que la Bantú. En muchos casos se pueden trazar rasgos étnicos y culturales similares.

Joisán: Un cúmulo de pueblos asentado en tierras con escasas salidas al mar se encuentra en la zona suroccidental del continente. Su característica más significativa es la inclusión en sus lenguas de los llamados “clics”, sonidos guturales producidos por chasquidos que les permiten comunicarse.




Austronesio: es el caso del África insular suroriental, principalmente Madagascar. Curiosamente, y tal y como se aprecia en el mapa, su origen está en el sudeste asiático.



Sigue leyendo más entradas con una introducción a África: su historia, sus estructuras sociales y su política.


Tribus de África, ¿Qué Son Realmente?


         Un concepto básico para entender África es el de tribu. En Europa no hablamos de tribus desde el Imperio Romano (aquellos pueblos prerromanos) y es que tras él, los pueblos de Europa van quedando todos poco a poco asimilados en un nuevo concepto más amplio; primero de sumisión a la autoridad y jurisdicción de un monarca dentro de una limitación territorial relativamente clara, después en una nación-estado. De este modo, cuando contemplamos los sistemas tribales no podemos evitar hacerlo con cierta arrogancia considerándolos arcaicos o poco civilizados. Lo cierto es que partimos de un concepto de estado creado por Europa, que exportamos e imponemos a otros y cuando dicha estructura no cuaja en todos los extractos sociales y regiones del mundo, aquéllos nos resultan bárbaros. Ésta es una posición que debería ser reconsiderada y cabría replantearse un concepto no occidental; el de la tribu-estado (en contraposición al de nación-estado).


Cuadro en el Museo Etnográfico de Arusha, Tanzania


      Desde el punto de vista internacional, todos los territorios del mundo han aceptado el juego occidental de fronteras y estados soberanos como mecanismo para interrelacionarse. Esto quedó consolidado en África cuando los jefes de estado y de gobierno de los nuevos estados sucesores de la colonización aceptaron las fronteras dibujadas en la Conferencia de Berlín para empezar de cero como “estados modernos”. Estas fronteras sólo han cambiado en 3 ocasiones desde la década de los 60: la independencia de Eritrea, la unión de Tanganika y Zanzíbar (creando Tanzania) y la secesión de Sudán del Sur.
Kikuyu con ropa y maquillaje tradicional

        Desde una perspectiva interna, toda estructura social está creada para asegurar un mismo fin: la paz social. Si la tribu o clan provee esta estabilidad social dentro de los límites, foros y competencias que el Estado moderno ha permitido, no tiene por qué ser, a priori, un sistema defectuoso. El problema viene cuando las estructuras tribales chocan con las estatales (por ejemplo, elección de candidatos presidenciales de una u otra tribu/etnia en Kenia: sucesos de diciembre de 2007).

Museo Masai de Arusha, Tanzania: vestimenta masculina masai según cada etapa de la vida: niñez, circuncisión, madurez, edad adulta, vejez
  
        La tribu es un colectivo que comparte sangre, lengua, dialecto, cultura, religión o historia común (todos o sólo algunos de los mencionados elementos) y que se pueden encontrar en una zona geográfica más o menos delimitada. En ocasiones las tribus han sido grupos herméticos, bien diferenciados en los que se distinguían rasgos raciales evidentes. En otros, la línea que los diferenciaba no era tan obvia y fue el colonialismo europeo el que, con sus ansias de esquematizar y simplificar toda realidad ajena, creó divisiones en poblaciones donde antes no eran en absoluto claras. También aparecen tribus emparentadas entre sí o que en un momento determinado se escinden en dos (quizás por una separación geográfica o lucha interna). También existen enfrentamientos ancestrales entre tribus que hoy en día se mantienen resultando en una simple exteriorización más de racismo. La pertenencia a una tribu puede traer consigo la suscripción a una forma de vida concreta y separada del resto del mundo moderno o, como en la mayoría de los casos, una simple sensación de identidad y pertenencia a una comunidad con la que se comparte una lengua común. Así vemos como ciertas tribus se han mantenido fuertes y han protegido su identidad cultural mientras otras no han temido en mezclarse con otros grupos y dejarlas de lado para abrazar la vida moderna en la ciudad.
     


Danza tradicional ruandesa en una boda en Kigali

      Otra cuestión es el de la delimitación territorial de la tribu. Muchos de los pueblos de África han sido nómadas y se han trasladado a lo largo y ancho del territorio en busca de una vida más cómoda, víveres y escapando de las condiciones extremas. Algunas de ellas se limitaron a trasladarse a lo largo de una zona más o menos definida desarrollando el concepto de pertenencia: aquí vivimos, de aquí somos; esto nos pertenece. Como es obvio, el colonialismo europeo no tuvo esto en cuenta por falta de interés, arrogancia pero también por la ausencia de una cartografía, datos, fronteras y conocimiento de la situación real. La independencia y creación de fronteras artificiales crea una nueva realidad: tribus numerosas se hallan separadas en dos nuevas entidades jurídicas llamadas “estados”. La separación de los mismos ha empujado a las tribus de un lado y el otro a desarrollarse y caminar a veces por sendas distintas (el caso de los Masáis de Tanzania y de Kenia).


Pueblo Masai dividido por la frontera Kenia-Tanzania

      Lo más parecido al concepto de tribu (bien entendido) que subsistente en Europa podrían ser los casos de los pueblos gitano o judío… Independientemente de que abracen una identidad más amplia como la del país del que son nacionales, en muchos casos mantienen su idiosincrasia cultural que no les supone obstáculos para llevar una vida integrada en el resto de la sociedad.


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