Se trata de una página en la que estudiantes y profesionales de diferentes sectores escriben de manera voluntaria artículos de opinión con vocación didáctica.
Hace un año uno de los miembros del equipo se puso en contacto conmigo para ofrecerme colaborar. Sin embargo, no ha sido hasta ahora que he podido involucrarme como se merecían.
En este artículo hago una reflexión sobre el legado del Tribunal Penal Internacional para Ruanda. ¡Espero que os guste!
En casi todas las sociedades las bodas son el centro
de la vida de cada persona y por ende de la comunidad convirtiéndose en el acto
social por excelencia. En cada país, con esta excusa los invitados, como si de
una obra teatral se tratara, forman parte de un escenario particular en el que
las tradiciones, la cultura y las mejores galas se sacuden el polvo.
Una de las mejores maneras de adentrarse en los entresijos
culturales de una sociedad es a través de las celebraciones de nuevas uniones
en matrimonio de sus miembros. El único problema es que hay que ser invitado…
Yo tuve la suerte de ir a una en Kigali durante mi estancia en Ruanda.
En aquella capital africana, residí durante un par
de semanas en un hostal mientras buscaba piso. Allí me hice amigo de un viajero
estadounidense. Un buen día pasó por el hostal contándonos que estaba invitado
a una boda y que tenía permiso expreso para llevar a algunos amigos. Era una
oportunidad divertidísima para conocer mejor la manera de vivir de los
ruandeses aparte de una excusa para pasárselo bien.
Una típica boda
ruandesa consta de tres fases a la que se le puede añadir una cuarta. La
ceremonia religiosa, una sesión de fotos de protagonistas e invitados (esta
podría ser prescindible), el convite y la “mudanza” de la novia (Gutwikurura).
Los contrayentes eran cristianos protestantes así
que la ceremonia religiosa tuvo lugar en la iglesia de su denominación por la
mañana. El acto no distaba demasiado de una celebración religiosa a la
occidental. Traje blanco y voluminoso para la novia. Chaqueta y corbata para el
novio y mayoría de caballeros. El código de vestimenta entre las invitadas era
más flexible: a la occidental, a la africana (estampados y tocados autóctonos)
o más concretamente, a la ruandesa, con una tela anudada sobre uno de los
hombros.
La ceremonia fue conducida en la lengua local: el
kinyarwanda. El pastor protestante fue tan amable de resumir su sermón en
inglés teniendo en cuenta que había un reducido grupo de extranjeros (nosotros)
entre los asistentes.
De allí nos trasladamos en minibuses provistos por
los contrayentes hasta unos populares jardines para hacernos las fotos de
familia para inmortalizar el día. Eran muchas las bodas que se celebraban aquel
día y todas eligieron los mismos jardines.
Posteriormente nos llevaron al lugar de la
celebración en sí. Un local amplio, muy bien acondicionado y dispuesto en forma
de escenario acogería a los invitados sentados entre “el público” por un lado, y
los novios, damas de honor y padrinos quedarían expuestos sobre aquel “escenario”
por otro. No había comida… ni alcohol… pero había refrescos. Los camareros
repartían a cada invitado una botella de Coca-Cola,
Fanta o Sprite con una pajita mientras el sonido del destapar de las chapas
se repetía rítmicamente por toda la sala.
El recinto estaba lleno. Todos permanecíamos
expectantes contemplando a los novios que presidían el evento desde lo alto. La
música comienza a sonar. Era música en directo, folclore ruandés, instrumentos
autóctonos. Las puertas traseras se abren. Entra en la sala un grupo de baile
ataviados con trajes y vestidos típicos del país separados en dos filas:
hombres en un lado y mujeres en otro. Los movimientos son pausados, rítmicos,
muy armónicos y elegantes. Los varones portan lanzas. Los contrayentes
contemplan el espectáculo de pie. El despliegue de bailarines toma la zona
delantera del recinto, diáfana y sin invitados para mostrar sus destrezas en el
campo de la danza.
Llega el momento en que el baile alcanza su postura
más famosa y estereotípica: hombres y mujeres elevan los brazos algo arqueados
y se desplazan lentamente al son de la música. Esta postura de los brazos emula
a los cuernos de las vacas ruandesas. Un animal que recibe un respeto y afecto
de la población local extraordinarios. Las vacas ruandesas, además de ser
francamente bonitas, dan una leche de alta calidad (aunque en menores dosis
diarias que las europeas). No es por nada que en Ruanda, uno de los mayores
piropos que un hombre puede regalar a una mujer es decirle que tiene “ojos de
vaca”.
La danza, que ameniza la ceremonia, va siendo interrumpida
por los momentos cumbre y a veces hasta pesados de las bodas de la región: los
discursos. Allí todo el mundo tiene turno de palabra. Padres, padrinos,
abuelos, hermanos, representantes y jefes del clan, familia, tribu; amigos,
compañeros de trabajo y juegos de la infancia… todos… Y cada discurso es largo
y en lengua local. En este momento también tienen lugar las entregas de
regalos.
Tras varias horas de celebración pasiva nos
desplazamos a una nueva ubicación: la casa del novio. Esta última fase se
podría llamar la de la “mudanza de la novia” (Gutwikurura). La tradición indica que esta celebración tenga
lugar una o dos semanas después de la boda, pero como los propios asistentes al
evento explicaban, la vida moderna impide prolongar los festejos tantos días
obligando a fusionar varias celebraciones en el mismo día.
La idea detrás de este acto es la siguiente: la
novia, después de la boda se muda a la casa del novio. Allí quedará recluida
junto con su flamante marido durante un tiempo (una o dos semanas) sin ninguna
obligación doméstica: no cuenta ni con instrumentos ni con sus pertenencias. No
puede mover un dedo. Sólo podrá descansar y pasar tiempo con su esposo que hará
lo mismo. Después de este periodo, las familias y amigos de los recién casados
se dan cita en su casa para reafirmar la aceptación de la unión (más y más
discursos), comer (sirven buffet) y traer todas las pertenencias de la novia, muchas de ellas, en
las tradicionales cestas ruandesas (símbolo del país).
Para llegar a la casa del recién estrenado marido,
compartimos coche con unos amigos de su familia. Como curiosidad diré que en
Ruanda, en 2013, las calles no estaban nombradas. Para llegar a un sitio había
que dar lugares conocidos como referencia y para indicar la celebración en una casa
concreta se ponen ramas de bananera en las esquinas de las calles que conducen
a la vivienda o local del evento.
En el jardín del contrayente había instalada una
carpa, comida y como decía antes: discursos. Durante esta ceremonia la novia lleva el vestido tradicional ruandés. Los recién casados brindaron con Fanta... y en fin, la boda había concluido. Ya eran
marido y mujer. Y aunque esperábamos algo de fiesta y bailes al final… el
evento se había alargado un poco y los invitados se fueron en lugar de comenzar
lo que nosotros entenderíamos por una fiesta a la occidental.
Una experiencia fascinante y ¡qué vivan los novios!
Quien
esté libre de pecado que tire la primera piedra… yo me guardo la mía detrás de
la espalda y es que, en términos generales, sabemos muy poco de África. Ese
gran y majestuoso continente lleno de cultura, color, paisajes imposibles,
fauna y flora pasa por delante de nosotros revestido de un inmenso manto de
estereotipos y clichés que nos impide comprender y entender qué es África.
No
seré yo quien pretenda, en una humilde página de un blog, poner fin a esta asignatura
pendiente de Occidente, pero sí quizás picar un poco la curiosidad de quien lo
lea. Y es que cuando escuchamos aquel vocablo nos vienen casi siempre las misma
ideas a la cabeza: guerra, miseria, sufrimiento, corrupción, inestabilidad,
violaciones de derechos humanos… y para aquellos más optimistas, animales, el
Rey León, tribus de Masáis pegando brincos, cascadas, la sabana, junglas…
Intentemos
poner algunas ideas básicas sobre la mesa: África no es un todo homogéneo… de
hecho es terriblemente heterogéneo. No hay dos países iguales ni en cultura,
historia o política. Empezando por lo más básico: El continente puede ser
dividido en dos primeros grandes grupos:
Árabes
en el norte y de inminente mayoría mahometana,
Y
África subsahariana, o África Negra para el resto del continente.
Dentro de este
último, una siguiente división puede ser trazada basada en movimientos de
población, grupos étnicos pero principalmente lingüísticos. De la misma manera
que en Europa nos referimos a diversos grupos con características comunes lingüístico-étnicas
como los pueblos mediterráneos o latinos, los eslavos, los escandinavos,
germanos, celtas, anglosajones, bálticos… en África podemos toparnos con los
siguientes:
Bantú:
originarios de la zona del Congo y Gabón, se extendieron y poblaron gran parte
del África Subsahariana desde Gabón hasta Tanzania alcanzando el sur África.
Los idiomas bantúes tienen raíces y sistema gramatical comunes, pero que se han
ido desarrollando de manera diversa (tal y como las lenguas romances en el
Viejo Continente). Se suelen tratar de idiomas donde la inclusión de prefijos,
infijos y sufijos se revela como elemento más característico.
Uno
de los ejemplos más famosos de este grupo es la cultura y mundo Swahili
(suajili). El idioma, de gramática bantú con una inmensa influencia árabe en el
vocabulario, se extiende por Tanzania, Kenia, este del Congo (RDC), norte de Mozambique
y sur de Somalia. Es el producto de los intercambios culturales y comerciales,
la esclavitud y la hegemonía política del Sultanato de Omán en la costa
oriental africana durante siglos.
Congo-nigerianos:
se trata de otra gran familia lingüística que ocupa el África Occidental y
Central.
Nilítico:
en Kenia, Sudán del Sur y Chad son un grupo de gran relevancia. Comparten
raíces lingüísticas comunes donde la gramática se presenta como una mucho más
compleja que la Bantú. En muchos casos se pueden trazar rasgos étnicos y
culturales similares.
Joisán:
Un cúmulo de pueblos asentado en tierras con escasas salidas al mar se encuentra
en la zona suroccidental del continente. Su característica más significativa es
la inclusión en sus lenguas de los llamados “clics”, sonidos guturales
producidos por chasquidos que les permiten comunicarse.
Austronesio:
es el caso del África insular suroriental, principalmente Madagascar. Curiosamente, y tal y como se aprecia en el mapa, su origen está en el sudeste asiático.
Sigue leyendo más entradas con una introducción a África: su historia, sus estructuras sociales y su política.
Al
hablar de historia de África nos encontramos con dos problemas: uno de fondo y
otro de forma. El más obvio es el de cómo conocer la historia de África si no
hay apenas datos, archivos o una tradición escrita amplia, fiable y que se
remonte siglos atrás como en Europa o Asia. El segundo es cómo enfocar la
historia de un territorio: cuando lo más espontáneo y obvio para un occidental
sería analizarla a través de sus estados y países, resulta que la mayoría estados africanos no tienen más de 50 años… Para hablar de la historia de África conviene fijarse
en regiones más o menos amplias y hacer un seguimiento de sus pueblos, en
muchas ocasiones nómadas. Después hacer hincapié en aquellas civilizaciones que
parecieron ser más estables.
En
muchas ocasiones nos preguntamos por qué no hay fuentes escritas o una
expresión artística arquitectónica amplia y duradera que dé testimonio de un
asentamiento organizado, estable y civilizado. La respuesta está en la
naturaleza nómada de una gran cantidad de pueblos africanos. Las fronteras
delineadas por occidente encerraron en estados modernos y artificiales a muchas
tribus que se desplazaban por la región cuando el hombre blanco llegó. Existen,
sin embargo, algunas excepciones: reinos acomodados en ciertas zonas con una
estructura más compleja y estable que fueron conquistados casi como países y
que por tanto, tras la independencia, retomaron sus fronteras ancestrales
siendo la excepción a la línea recta, escuadra y cartabón del mapa político
africano. Algunos de estos son; por ejemplo, Ruanda, Burundi, Lesoto, Suazilandia,
Etiopía o los reinos tradicionales dentro de Uganda. Eran monarquías más
consolidadas y sedentarias, acomodadas en algunas zonas que ofrecían ciertas
facilidades (como la región de los Grandes Lagos con acceso a agua, cultivo,
pesca, etc… en Ruanda, Burundi o Uganda).
Con
la excepción de Etiopía, no existe una nutrida tradición escrita en África
Subsahariana. Esto obliga a recurrir a la tradición oral, arqueología, trazado
de conexiones lingüísticas y culturales o a los testimonios de potencias
colindantes: árabes, portugueses, etíopes en una primera fase, resto de
europeos en un segundo periodo.
Parece
entonces que la historia de África ha de ser dividida en tres grandes periodos:
antes de la colonización, durante el mandato colonial y tras la independencia.
Antes
de la colonización podemos observar como los distintos grupos lingüísticos han
ido poblando todo el territorio subsahariano. En el caso de las poblaciones
bantú y níger-congoleña desde la Cuenca del Congo hacia el este y sur en un
caso, y hacia el oeste en otro.
Observamos además la aparición de ciertas
civilizaciones asentadas que dejaron restos arqueológicos de gran valor: el
Imperio de Ghana (sin contacto con el territorio del país que hoy lleva su
nombre), el Imperio de Mali, los reinos del Congo, Lunda y Luba, Zimbabue y por
supuesto, Etiopía.
Hay
que observar también sus intercambios culturales, comerciales y religiosos con
los árabes del Magreb y de Egipto en el norte o con los omaníes en el este
creando la cultura swahili.
Vamos
encontrando, de este modo, una región en la que sus pueblos están profundamente
marcados por los agentes climatológico y geográficos (pueblos pastores y
nómadas de las grande llanuras, comerciantes en la costa, y más sedentarios en
los lagos) y por sus vecinos, abrazando el islam o permaneciendo animistas.
El
contacto con los europeos vendrán en dos oleadas: una primera con los
navegantes portugueses que bordean las costas y holandeses asentados en Sudáfrica
y otra posterior en el siglo XIX con los nuevos exploradores y colonizadores.
Además conviene mencionar un fenómeno que dio la vuelta a la demografía
africana: la esclavitud.
La
esclavitud contaba con dos grandes puertos o centros neurálgicos: Ciudad del
Cabo de la mano de los portugueses y para el resto de Europa, y Zanzíbar por
cuenta del Sultanato de Omán y que suministraba al mundo árabe. Miles y miles
de autóctonos fueron trasladados de manera infrahumana durante siglos para
convertirse en meros instrumentos, posesión de dueños negreros. Este pasado
pesa en la memoria y responsabilidad de Occidente y del mundo árabe.
Cuando
los exploradores auspiciados por Europa se lanzaron a la conquista de África y
sus recursos en el siglo XIX provocaron el inciso más dramático de la historia
del continente: la colonización. Líderes de Gran Bretaña, Francia, Alemania, Bélgica y Portugal
principalmente se repartieron el continente como si de un pastel se tratara
trazando líneas rectas sobre territorios que jamás habían pisado. Cada país
estableció su propio sistema de gobierno:
En
el caso de Bélgica, atestiguamos un cambio de sentido que va de la cruenta
administración como patrimonio personal del Leopoldo II, Rey de los Belgas, a
la administración colonial de Bélgica con vocación de convertirse en modélica.
A
los franceses los juzgó la historia como uno de los peores colonizadores con
una radical franconización de la población e intentada eliminación de las
estructuras sociales autóctonas imponiendo una pronunciada centralización.
Los
británicos establecieron modelos diversos con mayor o menor autonomía en cada
zona. Así no fue lo mismo el control sobre Sudáfrica que el mandato sobre Botsuana,
el domino sobre Kenia o la administración de Tanzania adjudicada por la
Sociedad de Naciones tras la Primera Guerra Mundial. En cualquier caso, la
mayoría de las veces, se apoyó en la estructura social y jerárquica existente
en cada región para imponer su autoridad.
Por
aquel entonces sólo quedaban dos países independientes y que se mantuvieron
como tal en el continente: Liberia y Etiopía. El primero se trata del curioso
caso de un país creado bajo el patrocinio de Estados Unidos como billete de
vuelta para los antiguos esclavos afroamericanos que quisieran regresar a su
tierra de origen… en el más amplio sentido de la palabra. La historia se
muestra irónica y pesada al demostrar que aquellos antiguos esclavos ahora ataviados
de vestido y trajes de aquellos blancos sureños se impondrán arrogante y
autoritariamente a la población local liberia. El Imperio de Etiopía, por otro
lado, se mantiene como civilización milenaria que tan sólo perdió brevemente el
control sobre su soberanía en los años de guerra contra Italia.
Después
de la Segunda Guerra Mundial el hombre negro comenzó a entender que el hombre
blanco no era sólo un pueblo, sino que existía rivalidad entre países europeos
y que, aún más importante, no era invencible. Esto avivó un naciente
sentimiento de independencia en los países africanos a distintos ritmos y con
diversa fuerza. Algunos de los más significativos fueron los de Ghana y Kenia con sus rebeldes Mau Mau. Esta sensación de fin a la opresión se fue extendiendo
como la pólvora y explotó en la década de los 60. Las potencias europeas fueron siendo cada más conscientes de que el sistema de antaño era ya insostenible y
que había que ir delegando poco a poco competencias con vistas a preparar a una
clase de dirigentes y funcionarios capaces de hacerse cargo de su propio destino.
Algunos analistas e historiadores dieron fe de la arrolladora ilusión colectiva
que se percibía en aquellos años de emancipación, pero que también en algunos
casos, la vida diaria del ciudadano de a pie no siempre cambió necesariamente
para mejor. Otros tantos opinan que la independencia era necesaria y correcta,
pero quizás algo temprana y que la transición habría debido ser más paulatina
para esperar a la completa “maduración” de la incipiente clase política.
Cada
estado se adscribió entonces (en plena Guerra Fría) a una orientación política
para lanzarse a un nuevo futuro. Los tres modelos principales fueron el
Socialismo Africano, el Capitalismo y el Socialismo Científico.
El
Socialismo Africano pretendía tomar el espíritu de las enseñanzas de Marx, pero
consciente de que precisaba ser adaptado a las particularidades del continente,
el orden social y la falta de industrialización. El ejemplo más claro de este
sistema fue el impulsado por el primer presidente de Tanzania, Julius Nyerere.
El padre de la patria tanzana, recordado hoy con devoción por sus paisanos,
introdujo un sistema de granjas colectivas, impulsó la educación, la enseñanza
del swahili como lengua nacional para todas las tribus, el desarrollo de una
verdadera identidad nacional, el desplazamiento de autoridades y militares a
otras provincias distintas de las suyas, etc. Económicamente no fue demasiado
exitoso, pero creó un país unido, estable, pacífico y con una fuerte identidad
nacional.
El
Capitalismo, sin embargo, se encarnó en el país vecino de Tanzania, Kenia. En
este caso, de la mano de Jomo Kenyata. Aquí el desarrollo económico fue mucho
mayor, pero el tribalismo se ha mantenido y sigue creciendo. La última
explosión de violencia interétnica tuvo lugar en las elecciones de 2007.
El
Socialismo Científico surge como una reacción al antes mencionado Socialismo Africano.
Para aquéllos no existe más que un socialismo, el original, el verdadero, el
científico y toda adaptación a supuestas particularidades regionales era una forma
de desvirtuar la mayor. El socialismo es el camino y hay que aplicarlo como
tal. Fue el caso de Etiopía bajo el gobierno de Mengistu.
A
estos sistemas se añadían factores comunes de populismo y autoritarismo en
mayor o menos intensidad.
Desde
entonces han pasado unos 50 años y aquel soplo de aire fresco y esperanza en el
continente comenzó a teñirse de escepticismo y pesimismo al explotar una cadena
de conflictos que aún continúa: el Genocidio de Ruanda, la Primera y Segunda
Guerra de África cuyo escenario fue la República Democrática del Congo,
dictaduras sanguinarias, golpes de estado, purgas de opositores, conflictos
interreligiosos, apartheid,
hambrunas, sequías, explotación…
Pero
no todos han fracasado, ni mucho menos. Hay ejemplos de estabilidad,
convivencia pacífica, democracia y desarrollo. Algunos países que se suelen
poner de modelo son Botsuana, Gabón, Benín, Tanzania, la actual Ruanda… Son
casos que dan testimonio del potencial de África.
África
no es una sola realidad. Es un complejo puzle de estructuras sociales
superpuestas que no merece ser simplificada. África no sólo es miseria ni
safaris. Hay mucho más. Espero que estos posts animen a algunos a investigar
más. Continúa leyendo más posts sobre África, sus pueblos y su organización social:
Un concepto básico para entender África es el de tribu. En Europa no hablamos de
tribus desde el Imperio Romano (aquellos pueblos prerromanos) y es que tras él, los pueblos de Europa van
quedando todos poco a poco asimilados en un nuevo concepto más amplio; primero
de sumisión a la autoridad y jurisdicción de un monarca dentro de una
limitación territorial relativamente clara, después en una nación-estado. De este modo, cuando contemplamos los sistemas tribales no podemos evitar hacerlo
con cierta arrogancia considerándolos arcaicos o poco civilizados. Lo cierto es
que partimos de un concepto de estado creado por Europa, que exportamos e
imponemos a otros y cuando dicha estructura no cuaja en todos los extractos
sociales y regiones del mundo, aquéllos nos resultan bárbaros. Ésta es una posición que debería
ser reconsiderada y cabría replantearse un concepto no occidental; el de la
tribu-estado (en contraposición al de nación-estado).
Cuadro en el Museo Etnográfico de Arusha, Tanzania
Desde
el punto de vista internacional, todos los territorios del mundo han aceptado
el juego occidental de fronteras y estados soberanos como mecanismo para
interrelacionarse. Esto quedó consolidado en África cuando los jefes de estado
y de gobierno de los nuevos estados sucesores de la colonización aceptaron las
fronteras dibujadas en la Conferencia de Berlín para empezar de cero como
“estados modernos”. Estas fronteras sólo han cambiado en 3 ocasiones desde la
década de los 60: la independencia de Eritrea, la unión de Tanganika y Zanzíbar
(creando Tanzania) y la secesión de Sudán del Sur.
Kikuyu con ropa y maquillaje tradicional
Desde una perspectiva interna, toda
estructura social está creada para asegurar un mismo fin: la paz social. Si la
tribu o clan provee esta estabilidad social dentro de los límites, foros y
competencias que el Estado moderno ha permitido, no tiene por qué ser, a priori, un sistema defectuoso. El problema
viene cuando las estructuras tribales chocan con las estatales (por ejemplo,
elección de candidatos presidenciales de una u otra tribu/etnia en Kenia:
sucesos de diciembre de 2007).
Museo Masai de Arusha, Tanzania: vestimenta masculina masai según cada etapa de la vida: niñez, circuncisión, madurez, edad adulta, vejez
La tribu es un colectivo que
comparte sangre, lengua, dialecto, cultura, religión o historia común (todos o
sólo algunos de los mencionados elementos) y que se pueden encontrar en una
zona geográfica más o menos delimitada. En ocasiones las tribus han sido grupos
herméticos, bien diferenciados en los que se distinguían rasgos raciales
evidentes. En otros, la línea que los diferenciaba no era tan obvia y fue el
colonialismo europeo el que, con sus ansias de esquematizar y simplificar toda
realidad ajena, creó divisiones en poblaciones donde antes no eran en absoluto
claras. También aparecen tribus emparentadas entre sí o que en un momento
determinado se escinden en dos (quizás por una separación geográfica o lucha
interna). También existen enfrentamientos ancestrales entre tribus que hoy en
día se mantienen resultando en una simple exteriorización más de racismo. La
pertenencia a una tribu puede traer consigo la suscripción a una forma de vida
concreta y separada del resto del mundo moderno o, como en la mayoría de los
casos, una simple sensación de identidad y pertenencia a una comunidad con la
que se comparte una lengua común. Así vemos como ciertas tribus se han
mantenido fuertes y han protegido su identidad cultural mientras otras no han
temido en mezclarse con otros grupos y dejarlas de lado para abrazar la vida
moderna en la ciudad.
Danza tradicional ruandesa en una boda en Kigali
Otra cuestión es el de la
delimitación territorial de la tribu. Muchos de los pueblos de África han sido
nómadas y se han trasladado a lo largo y ancho del territorio en busca de una
vida más cómoda, víveres y escapando de las condiciones extremas. Algunas de
ellas se limitaron a trasladarse a lo largo de una zona más o menos definida
desarrollando el concepto de pertenencia: aquí vivimos, de aquí somos; esto nos
pertenece. Como es obvio, el colonialismo europeo no tuvo esto en cuenta por
falta de interés, arrogancia pero también por la ausencia de una cartografía,
datos, fronteras y conocimiento de la situación real. La independencia y
creación de fronteras artificiales crea una nueva realidad: tribus numerosas se
hallan separadas en dos nuevas entidades jurídicas llamadas “estados”. La
separación de los mismos ha empujado a las tribus de un lado y el otro a
desarrollarse y caminar a veces por sendas distintas (el caso de los Masáis de
Tanzania y de Kenia).
Pueblo Masai dividido por la frontera Kenia-Tanzania
Lo más parecido al concepto de tribu
(bien entendido) que subsistente en Europa podrían ser los casos de los pueblos
gitano o judío… Independientemente de que abracen una identidad más amplia como la del país del que son nacionales, en muchos casos mantienen su idiosincrasia
cultural que no les supone obstáculos para llevar una vida integrada en el resto de
la sociedad.
Continúa leyendo más post sobre África, sus pueblos, su historia y su política:
Una de las experiencias profesionales más
interesantes y enriquecedoras que jamás he vivido fue la que tuve durante mi
estancia en Kigali, capital de Ruanda, como pasante para el Monitoring Team del Tribunal Penal Internacional para Ruanda de las
Naciones Unidas (UNICTR, en sus siglas en inglés).
Después de pasar cinco meses en Arusha, Tanzania,
haciendo prácticas para la sede principal y de Primera Instancia de dicho
tribunal, me ofrecieron la oportunidad de continuar mi pasantía en el país
donde todo tuvo lugar; la escena del crimen del terrible Genocidio de Ruanda de
1994 que se llevó por delante la vida de alrededor de un millón de tutsis y
hutus moderados en tan sólo tres meses.
El Monitoring
Team fue creado en el contexto de la última etapa de un Tribunal que,
después de 17 años enjuiciando a presuntos genocidas, iba a ser disuelto. Una
lista con nombres de unas ocho personas hacía referencia a presuntos genocidas,
aún no juzgados por la corte y que serían transferidos de la jurisdicción
internacional a la jurisdicción nacional de Ruanda. Las razones pueden
resumirse en tres:
·Los
casos no revestían la suficiente entidad como para ser oídos por tan alto tribunal
(Ej. no se trataba ni de ministros ni de altos cargos militares).
·El
Tribunal encaraba su última fase en plena campaña de desprestigio basada en el retraso para la finalización de sus
trabajos o su alto coste.
·El
convencimiento de que Ruanda, después de haber enmendado algunas de sus leyes y
reconocido nuevos derechos procesales, era plenamente apta para encargarse de
estos asuntos.
Centro Penitenciario de Kigali
El Monitoring
Team fue entonces fundado por orden del tribunal para asegurarse de que los
acusados transferidos recibirían un trato basado en los derechos humanos en
línea con los merecidos derechos procesales y los estándares mínimos
internacionales.
El primer sujeto de la lista en ser transferido ya
tenía nombre: Jean Bosco Uwinkindi, un pastor protestante acusado de genocidio.
Uwinkindi con el uniforme de acusado
(los acusados militares visten de verde, el resto, de rosa, y los convictos de naranja)
Con este equipo de supervisores tuve la oportunidad
de analizar la legislación ruandesa, asistir a juicios en el Tribunal Supremo y
Tribunal Superior de Justicia, interesantes reuniones con actores relevantes en
el caso, recopilar y analizar la repercusión del caso en los medios de
comunicación, pero muy especialmente, entrevistarme en el patio de detención de
la prisión de Kigali con el presunto genocida.
La labor de alguien trabajando en el campo de los
derechos humanos es asegurarse de que esos derechos sean aplicados y estén al
alcance de todos… también para los acusados. La presunción de inocencia ha de
prevalecer siempre; también aquí. No estoy en la posición de dar a conocer los
entresijos del procedimiento ya que forman parte de mi experiencia, del secreto
profesional y de la actualidad de un caso que sigue pendiente de sentencia. No
digo más que lo que los documentos publicados prescriben. No obstante, sí que
puedo compartir que jamás olvidaré aquel día en que me fue brindada la
oportunidad de estudiar un caso de derecho internacional y derechos humanos de
la manera más práctica y tangible que pueda haber; estrechar la mano a un
presunto genocida.
Uwinkindi en una de las primeras vistas preliminares
Desde hace mucho supe que tenía una vocación internacional. Poco a poco ésta se fue materializando en proyecto profesional que aún estoy madurando: trabajar por el Estado de Derecho y los Derechos Humanos.
Persiguiendo esta meta he viajado bastante, en especial durante los últimos años, en busca de modelar un buen CV internacional. Por el camino he aprendido ciertas cosas y he experimentado alguna que otra anécdota. Este blog esta hecho para compartir esas vivencias y consejos con jóvenes profesionales que quieren trabajar en organizaciones internacionales u ONGs, con viajeros empedernidos y con aquéllos que quieren saber un poco más qué pasa en rincones del mundo de los que no escuchamos hablar demasiado...